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LA COARTADA DEL “TERRORISMO INCENDIARIO”
Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, lleva semanas repitiendo que el 80% de los incendios en España son “intencionados”. Ha hablado incluso de “terrorismo incendiario”. Ha pedido a la ciudadanía que vigile matrículas sospechosas en la madrugada como si cada fuego fuese parte de una conspiración criminal contra la patria.
El problema es que los datos oficiales lo desmienten de forma abrumadora. Según el último anuario del Ministerio del Interior, en 2023 se conocieron 2.944 incendios y conatos. De ellos, solo 225 fueron “intencionados”, lo que supone un 7,64% del total. Y de esos, únicamente 17 fueron obra de incendiarios en sentido estricto: un 0,57%. El resto obedeció a conflictos ganaderos, venganzas personales, vandalismo, pirómanos o disputas agrícolas. Muy lejos del 80% que repite el líder del PP.
La Fiscalía General del Estado, que investiga los fuegos con posible trascendencia penal, tampoco respalda su tesis. Entre 2019 y 2024, el porcentaje de incendios dolosos osciló entre el 19% y el 26%, siempre a años luz del 80%. Y los estudios históricos del Ministerio de Agricultura, que en 2015 cifraban en un 52,7% los fuegos “intencionados”, incluían quemas agrícolas y ganaderas que poco tienen que ver con una trama terrorista.
La realidad es clara: la mayoría de los incendios ni son intencionados ni responden a terrorismo alguno. Muchos siguen en el limbo estadístico de las causas “desconocidas” (más del 67% en 2023), otros derivan de negligencias, accidentes eléctricos o rayos (responsables de más del 85% de los fuegos naturales).
Feijóo lo sabe. Pero necesita un enemigo interno que tape la incapacidad de los gobiernos que ha presidido para invertir en prevención, reforzar brigadas y dotar de medios a las y los trabajadores forestales. En Galicia despidió a 436 brigadistas en plena ola de incendios en 2017, y aún así construye hoy su relato sobre el humo de la mentira.
ESTADÍSTICAS FRENTE A PROPAGANDA
El discurso del PP busca culpables imaginarios mientras las cifras apuntan a otra parte. El propio Miteco contabilizó en lo que va de 2025 más de 5.000 siniestros y 139.000 hectáreas arrasadas, pero Interior insiste: todavía no hay estadísticas sobre el origen de los fuegos de este verano. Pese a ello, Feijóo no duda en lanzar su número mágico del 80%.
Los medios afines ayudan. Citan titulares como “el 90% de los incendios están provocados por la mano del hombre” o “el 80% corresponde a causas humanas”. Lo que no cuentan es que esos porcentajes engloban negligencias, accidentes y descuidos. No intencionalidad, sino descuido, abandono y falta de políticas de gestión forestal.
El relato se completa con la palabra fetiche: terrorismo. Feijóo ya intentó, siendo presidente de la Xunta, equiparar a un pastor que prende fuego para regenerar pasto con un terrorista. Quiso reformar el Código Penal para meter esos casos en el mismo saco que atentados de ETA o Al Qaeda. Fue desmentido entonces por fiscales ambientales, que nunca encontraron pruebas de ninguna trama organizada. El actual fiscal general, Álvaro García Ortiz, lo dijo en 2018: “No tenemos evidencias de la existencia de ninguna trama”.
Mientras tanto, el fuego real avanza con la sequía, el cambio climático y la falta de medios, mientras los discursos oficiales buscan responsables en fantasmas conspirativos. Hablar de terrorismo incendiario desvía la atención de los verdaderos factores: recortes, precariedad en el operativo, desprotección del monte y abandono rural.
El humo de las estadísticas falsas no apaga ni un incendio, pero sí tapa las responsabilidades políticas.
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