Europa frente a la ultraderecha: retrocesos puntuales, una amenaza estructural que sigue intacta
Las derrotas recientes no frenan el avance de un proyecto reaccionario que ya controla cerca de una cuarta parte del Parlamento Europeo
Las derrotas recientes no frenan el avance de un proyecto reaccionario que ya controla cerca de una cuarta parte del Parlamento Europeo
Durante más de una década, la ultraderecha ha convertido Europa en su laboratorio político. Desde la crisis de refugiadas y refugiados de 2015, el discurso del miedo se ha transformado en capital electoral. Hoy, tres grandes bloques reaccionarios concentran alrededor del 25% de los escaños en el Parlamento Europeo. No es una anomalía pasajera. Es una arquitectura política consolidada.
Y, sin embargo, algo empieza a crujir. Algunas derrotas recientes han sido interpretadas como un cambio de ciclo. Pero conviene no confundirse. No estamos ante el fin de la ultraderecha, sino ante un reajuste táctico dentro de un proyecto profundamente arraigado. El problema no es solo quién gana elecciones. Es qué ideas han logrado colonizar el debate público.
El análisis publicado por The New York Times sobre el desgaste del centrismo europeo apunta a una cuestión clave: los partidos tradicionales han perdido capacidad de ofrecer estabilidad material. Y en ese vacío, la ultraderecha ha sabido construir una narrativa simple, eficaz y profundamente regresiva.
EL AVANCE ULTRA NO ES ELECTORAL, ES CULTURAL
El crecimiento de estas fuerzas no se explica solo en las urnas. Se explica en la normalización de sus marcos. **La criminalización de las personas migrantes, el desprecio a los derechos sociales y el autoritarismo institucional ya no son marginales**. Se han convertido en lenguaje político habitual.
Ahí está el caso de Alemania. La AfD roza el 20% en algunos territorios occidentales, duplicando resultados anteriores. El llamado “cordón sanitario” que durante décadas impidió pactos con la extrema derecha empieza a mostrar grietas. No porque haya cambiado la ultraderecha, sino porque el resto se ha desplazado hacia sus posiciones.
En Hungría, Viktor Orbán lleva 16 años construyendo un modelo iliberal que ha servido de referencia global. Su receta es conocida: ataque a medios, persecución a organizaciones civiles, control judicial y nacionalismo identitario. Una estrategia que ha sido replicada, como el manual político de Orbán inspirado en Trump, en distintos países europeos.
Italia es otro ejemplo. El gobierno de Giorgia Meloni ha intentado ampliar el control del Ejecutivo sobre el poder judicial mediante reformas rechazadas recientemente en referéndum. Esa derrota puntual ha sido leída como un revés. Pero **no cambia el hecho de que el aparato institucional ya ha sido tensionado hacia posiciones autoritarias**.
Incluso en contextos donde la ultraderecha pierde, su influencia permanece. En Francia, el retroceso del Reagrupamiento Nacional en elecciones municipales no elimina su liderazgo en encuestas presidenciales. En Países Bajos, la derrota de Geert Wilders no ha impedido que su discurso marque la agenda migratoria.
Y mientras tanto, el ecosistema ultra se reorganiza. Las tensiones internas en la ultraderecha italiana muestran que no se trata de un bloque homogéneo, sino de un espacio en constante mutación, capaz de adaptarse sin perder su núcleo ideológico.
LAS RESPUESTAS PROGRESISTAS: ENTRE LA RESISTENCIA Y LA INSUFICIENCIA
Frente a este escenario, algunos gobiernos progresistas han logrado frenar el avance ultra. El caso del Estado español es paradigmático. La regularización de 500.000 personas migrantes y el rechazo a participar en conflictos internacionales han tenido impacto electoral positivo. **Demuestra que existe otra vía: políticas sociales, derechos y posicionamientos claros frente a la guerra**.
También se han producido movimientos en otros países. En Francia, el socialismo ha recuperado espacios urbanos clave. En Reino Unido, la suma de fuerzas progresistas alcanza el 50% en intención de voto. En Hungría, las encuestas anticipan una posible derrota del Fidesz.
Pero estas victorias tienen límites evidentes. **El problema no es solo ganar elecciones, sino revertir décadas de precarización y desafección política**. Mientras las condiciones materiales no mejoren, el caldo de cultivo de la ultraderecha seguirá intacto.
Además, los partidos centristas siguen cometiendo el mismo error: competir con la ultraderecha en su terreno. Endurecen políticas migratorias, asumen discursos securitarios y abandonan la inversión pública. El resultado es previsible: legitiman el marco reaccionario y refuerzan a quienes dicen combatir.
El contexto internacional tampoco ayuda. La influencia de Donald Trump y su agenda ha tensionado las alianzas europeas. Su apoyo explícito a líderes como Orbán ha generado rechazo social, pero también ha reforzado una red transnacional de extrema derecha que comparte estrategias, financiación y relato.
**Europa no está derrotando a la ultraderecha. Está aprendiendo a convivir con ella**. Y esa convivencia no es neutral. Supone aceptar recortes de derechos, normalizar el racismo institucional y desplazar el eje político hacia posiciones cada vez más autoritarias.
La cuestión no es si la ultraderecha gana o pierde unas elecciones. La cuestión es cuánto de su programa ya ha sido asumido por el sistema. Y la respuesta, a estas alturas, resulta incómodamente evidente.
Porque cuando el marco lo fija la extrema derecha, incluso las victorias progresistas llegan tarde y saben a derrota.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
STARSHIELD: la GUERRA PRIVADA (con dinero público) de MUSK #ReportajeSR
¿Es Elon Musk más poderoso que un Estado? Analizamos cómo SpaceX ha dejado de ser una empresa de cohetes para convertirse en el «sistema nervioso» de la guerra moderna. Desde el uso…
HANOVER INSTITUTE: cómo ISRAEL está HACKEANDO ChatGPT para engañarte #ReportajeSR
En este nuevo reportaje de SpanishRevolution, Patricia Salvador desvela una de las operaciones de desinformación más sofisticadas hasta la fecha: la creación del falso «Hanover Institute». ¿Cómo es posible publicar más de…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Me gustaría saber a qué fuerzas se refiere el 50% de intención de voto?