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Una estrategia de gobierno basada en la confusión, la improvisación y la propaganda ultra
Donald Trump ha regresado a la Casa Blanca con una agenda clara: el caos. En su segunda semana de gobierno, el republicano ha sumido a la administración en una espiral de incertidumbre y decisiones erráticas que amenazan con paralizar el país.
El lunes, el presidente ordenó congelar las ayudas federales a programas sociales, afectando a miles de familias vulnerables. Veinticuatro horas después, una jueza detuvo la medida antes de que entrara en vigor. El miércoles, la Casa Blanca dio marcha atrás y reactivó los fondos. Mientras tanto, esa misma noche, un trágico accidente aéreo en Washington DC se cobraba la vida de 67 personas. Trump, lejos de ofrecer apoyo a las víctimas, politizó la tragedia, insinuando sin pruebas que las políticas de diversidad eran responsables del desastre.
La Casa Blanca no solo ha alimentado la incertidumbre, sino que ha desmantelado las estructuras estatales clave. La Agencia Federal de Aviación (FAA) estuvo diez días sin director después de la dimisión de Michael Whitaker, quien abandonó su puesto tras un enfrentamiento con Elon Musk, empresario convertido en la mano derecha de Trump. Musk, cuyas empresas han sido sancionadas en múltiples ocasiones por la FAA, ha maniobrado para librarse de cualquier regulador que pueda obstaculizar sus intereses. Su influencia en la Casa Blanca se traduce en decisiones que ponen en peligro la seguridad aérea y refuerzan la política del desmantelamiento institucional.
UNA GUERRA COMERCIAL QUE HUNDIRÁ LA ECONOMÍA
El viernes, la administración Trump confirmó la imposición de aranceles del 25% a productos de México y Canadá, y del 10% a importaciones chinas. Esta decisión, justificada bajo el pretexto de frenar la inmigración y el tráfico de fentanilo, no solo es económicamente inviable, sino que también pondrá en jaque a sectores clave de la economía estadounidense.
México y Canadá son los principales socios comerciales de Estados Unidos. La aplicación de estos aranceles elevará los costes de producción, encarecerá los bienes de consumo y provocará una escalada inflacionaria. Empresas como General Motors y Ikea ya han advertido que los precios de sus productos se dispararán. Paradójicamente, muchos de los votantes que apoyaron a Trump lo hicieron con la esperanza de que su política redujera el coste de la vida. La realidad es que su estrategia comercial les hará pagar más por los mismos productos.
Pero Trump no se detiene aquí. Ha convertido las sanciones comerciales en su herramienta de presión favorita. Ha amenazado con aplicar aranceles a Colombia como represalia por negarse a aceptar deportaciones masivas. Utiliza la economía como un arma política, sin medir las consecuencias a largo plazo.
Mientras tanto, la administración sigue adelante con su ofensiva ultraconservadora. La eliminación de los programas de Diversidad, Equidad e Inclusión en la FAA y la propuesta de encarcelar en Guantánamo a 30.000 migrantes sin papeles son solo ejemplos de su estrategia de polarización. Trump alimenta el miedo para desviar la atención del desastre económico que está provocando.
El mandatario de 78 años ha logrado que la confusión sea el nuevo estado permanente de la política estadounidense. Cada día lanza una nueva bomba informativa: despidos masivos en la administración, nuevas medidas discriminatorias, guerras culturales interminables. La estrategia es clara: saturar el espacio mediático con crisis artificiales para ocultar el vacío de su política económica y su absoluto desprecio por las instituciones democráticas. Estados Unidos no solo enfrenta una crisis política sin precedentes, sino que está al borde de un colapso económico provocado por la locura arancelaria de su presidente.
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Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
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Trump es el típico norteamericano, prepotente, dueño de la verdad, discriminador, e ignorante. Está destruyendo ese país
Queda claro: antes de ser elegido a cualquier cosa, a los candidatos deberían examinarles el cerebro, pueden estar corroídos por la insania y la locura.
Bueno eso deja la ultraderecha, y los libertarios, y para muestra un botón. MILEI, otro resentido ,xenófobo, y esquizofrenico!! Es un rico que le importa un bledo la gente, y un mesiánico., estados unidos tiene lo que se merecen un déspota!!!
Pues EEUU. tiene lo que se merece lo que pasa es que lo que se merece lo paga en ignorante pobre que no sabe ni lo que en realidad voto, y dentro de cuatro años aunque la barca se vaya a pique seguramente votando al que los hundió.
El burro cargado de oro, el oro lo va a llevar al desastre a los Estados Unidos fortaleciendo en un mediano plazo, a los verdaderos nativos
americanos.
El burro carhgado de oro, el oro lo va a llevar al desastre a los Estados Unidos fortaleciendo en un mediano plazo, a los verdaderos nativos
americanos.