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PP y Vox infringieron temerariamente el marco legal europeo y el sentido común
En el antiguo reino de Castilla y León, donde un día el sol parecía besar con reverencia los pastizales donde pastaban vacas, algo oscurece el semblante de los custodios de su salud, los veterinarios. La tierra que dio a luz a tantos sabios y conquistadores ha sido testigo de una pugna contemporánea entre las sagaces alas de la prudencia y las espadas apresuradas de la temeraria legislación.
EL DESVÍO DE LA PRUDENCIA: NAVEGANDO HACIA UNA TEMPESTAD LEGISLATIVA
Cuando la Junta de Castilla y León, bajo el liderazgo del presidente Alfonso Fernández Mañueco y el vicepresidente Juan García Gallardo, promulgó una nueva legislación relativa al control de la tuberculosis en el ganado, seguramente no esperaban la furia helénica que se desataría. Al pretender aligerar las restricciones sanitarias, infringieron temerariamente el marco legal europeo y el sentido común. En respuesta, el Colegio de Veterinarios de Salamanca (ColVetSa) no tardó en alzar su estandarte de repudio y preocupación, apostrofando la ley como «disparatada e irresponsable».
Pero aquí no termina la tragicómica escaramuza, Gerardo Dueñas, consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, en una cruzada quijotesca, vocifera desafiantemente que mantendrá su pugna con el Ministerio de Agricultura, abrazando a una legislación desahuciada. Es un despliegue teatral, carente de una férrea lógica que hubiera desviado este embrollo legislativo.
Profundamente preocupados
«Muchos funcionarios nos sentimos profundamente preocupados y afectados por la grave situación en la que se encuentra el sector ganadero de Castilla y León», publican desde el ColVetSa. «Desgraciadamente se nos ha considerado los culpables de una situación que nunca debió suceder, y es que los políticos, en un acto de la máxima irresponsabilidad, publicaron una ley que hasta el más ignorante sabía que no podía salir adelante», expresan.
«No se puede, de forma unilateral y por la fuerza, saltarse normativas que nos conciernen a todos, porque el resultado desgraciadamente no se ha hecho esperar. Por mucho que los políticos de Castilla y León pretendan ciegamente continuar con el disparate, la legislación hay que cumplirla y tenemos sobre nosotros todas las miradas, tanto del resto del país como de la Comunidad Europea. Y el cierre de nuestros intercambios comerciales ha sido la primera y catastrófica consecuencia», sostienen.
«Lamentablemente este gobierno de Castilla y León ha perdido una magnífica oportunidad para apoyar al campo, como decían que iban a hacer. Y es que desde la Consejería de Agricultura se estaban dando pasos para permitir más facilidades a los ganaderos, y en ese camino se estaban dirigiendo muchas actuaciones, dentro de unos límites ordenados y sin levantar alarmas innecesarias. Y sin poner el peligro un prestigio que tanto nos ha costado conseguir», lamentan desde el ColVetSa.
«Pero sin dar tiempo a que esas medidas fueran desarrollándose, repentinamente sacan una normativa que lo pone todo patas arriba. No sólo por lo mal hecha que está, que da vergüenza leerla, sino porque nos deja en una situación de absoluta incertidumbre e indefensión porque no se sabe lo que hay que hacer y de lo que parece que sí que hay que hacer resulta que va en contra de toda la legislación nacional y comunitaria», denuncian.
UN PULSO FRENÉTICO: LA INDUSTRIA GANADERA BAJO ASALTO
La Junta se ha aventurado en un maremágnum legislativo, con repercusiones que se ramifican como raíces venenosas por todo el sector ganadero. Los veterinarios y los funcionarios, custodios de la salud y la seguridad, se hallan ante un dilema creado por la imprudencia de aquellos que deberían guiar con sabiduría.
El Ministerio de Agricultura, en un acto de salvaguarda de la cordura, ha paralizado la legislación, temiendo una crisis sanitaria. El confinamiento de las vacas, como un espejismo de lo que vivimos los humanos en pandemias, es un claro reflejo de las medidas desesperadas para contrarrestar la legislación desbocada.
Sin embargo, es menester entender que las consecuencias no se limitan a la paralización momentánea. El sector ganadero, el cual debería estar respaldado por políticas sólidas y coherentes, se enfrenta a una incertidumbre abrumadora. Aquí, los costos se miden no solo en términos financieros, sino en la erosión de la confianza, en la devaluación de un prestigio arduamente ganado, y en la mutilación de la moral de aquellos que luchan incansablemente por el bienestar de la comunidad agrícola.
La Junta tenía en sus manos una oportunidad dorada para erigirse como un baluarte de apoyo al campo. Se hablaba de facilitar la vida de los ganaderos, de pavimentar un camino hacia un futuro próspero. Pero en un golpe de teatro, dejaron caer el telón sobre estas esperanzas al promulgar una legislación que, como un elefante en una cacharrería, destrozó cualquier atisbo de progreso ordenado.
Se desató una cacofonía de incertidumbre y desesperación. Los ganaderos, que deberían ser los beneficiarios de una política bien orquestada, son ahora rehenes de una sinfonía desafinada. Y los veterinarios, en su lugar, son víctimas de un fuego cruzado, siendo malamente señalados como adversarios, cuando su verdadero mandato es servir de centinelas y guardianes de la salud animal y, por extensión, humana.
Al final, ¿qué tenemos? Una danza macabra de legislación mal concebida, un coro de voces angustiadas, y un tejido social y económico que amenaza con desgarrarse bajo el peso de la imprudencia.
Es imperativo que la Junta y todas las partes interesadas hagan una pausa reflexiva y reevalúen su rumbo. Las leyes deben ser forjadas en el crisol de la sensatez, la prudencia y la responsabilidad. Es una cuestión de respeto a los ciudadanos y de fidelidad a los principios que sustentan una sociedad civilizada.
Las miradas de España y de Europa están fijas en Castilla y León. La balanza pende entre la redención a través de la rectificación y el ostracismo por aferrarse a la imprudencia. Que la sabiduría guíe a los líderes hacia un camino de conciliación y progreso, y que la comunidad ganadera encuentre en los veterinarios y las autoridades aliados en su causa, y no enemigos en un campo de batalla innecesario.
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