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Cuando solo los «buenos de la historia» tienen derecho a espiar a los ciudadanos
Si hubiera unos Premios Contra la Privacidad, pasaría un poco lo mismo que con la Lotería de Navidad: «ha caído muy repartido». Facebook (alias Meta), Google, Amazon, Apple, Microsoft… Las Big Tech han consolidado su poder con la informática de consumo. Cedemos nuestra información a tientas, nuestros correos, mensajes, toda nuestra información bajo su solemne promesa de que no harán mal uso de ellos. Claro que no.
Encuentro particularmente gracioso que la sociedad ha pasado del miedo a que alguien le instalase un micrófono secreto para enterarse de todo lo que dice, a comprarse el nuevo Asistente Por Voz Bluster Master 5200 [espacio disponible para su publicidad] al que le puedes pedir que te diga la hora, que te recuerde sacar los macarrones de la nevera, y te proponga una felicitación personal para el cumpleaños del perro de tu sobrino. O que llevemos todos el último modelo de Smart Phone Plus Pro Plus 5G Pro Max [espacio disponible para su publicidad], que te puede recomendar los mejores bares que hay por tu pueblo para ir a tomar una cerveza y te aconseja gratis que tomes un desvío para ir a la oficina. ¡A cambio de nada! Porque ¿qué más da si te ha dado por hablar de televisores y cuando te metes en El Gran Buscador De Internet de pronto te salen 238 anuncios de televisores muy baratos? ¿O qué nos importa si después de comprarte una nueva máquina para cortarte los pelos de la nariz estás dos meses recibiendo publicidad de máquinas que son mejores y más baratas que la tuya?
«Dale acceso completo, no sea que se quede corta. Y el teclado, déjale que aprenda tus mejores chistes. ¿Qué puede haber de malo en que se recopile que quieres organizar una manifestación?»
Esas Big Tech no se entrometen en tu privacidad, hombre. Te ayudan, claro que sí, te lo facilitan todo. Qué buenas son. Cómo se nota que están todas en los Estados Unidos de América. Cuna de la Libertad, del Respeto, de los Derechos Humanos, de la Paz y la Concordia. Claro que es mucho trabajo para ellas, así que permiten que otras empresas también les ayuden, publicando sus aplicaciones en las tiendas de sus plataformas para seguirnos ayudando. ¿Que no tiene sentido que un emulador de Atari pueda acceder a tu cámara y a tus contactos? Bueno, tampoco sobra, ¿verdad? Dale acceso completo, no sea que se quede corta. Y el teclado, déjale que aprenda tus mejores chistes. ¿Qué puede haber de malo en que se recopile que quieres organizar una manifestación? Nadie usaría eso para perjudicarte. Son tus amigas.
Pero ¡ayayay, que vienen los rojos! Cuando estábamos todos tan contentos, aparece de pronto un juguete chino. TikTok. Espera, ¿qué está pasando? ¿Que la gente lo está usando mucho? ¿Que también se está llevando la información que yo estoy recopilando de la gente? ¿Que se atreve a tener tanto éxito como las empresas que yo tengo montadas en el capitalismo que Dios me regaló montado en un unicornio? ¡Jamás! ¡Esto es Estados Unidos y no vamos a permitir que vengan a hacernos la competencia nadie!
Porque solo compitiendo contra uno mismo sabes que tienes todas las posibilidades de ganar.
Estados Unidos vuelve a demostrar que solo le interesa un mercado que funcione para ellos. Los «problemas» con la privacidad de los usuarios nunca han sido tal cosa. De vez en cuando se paga una multa por una cantidad irrisoria, y la rueda sigue girando. Pero a pesar de sus intentos constantes de normalizar su país al resto del mundo (todas las series y películas que exportan unos modos de vida que, pese a todo, siguen pareciéndonos mas ajenos que cercanos), se les sigue atragantando cuando su país rival mete una pieza en su bien estudiada estrategia, y operando en misma forma, obteniendo algo que ellos consideran propiedad. Privilegio.
Estos párrafos son de ironía y obviedades. A Estados Unidos les preocupa un carajo la privacidad de sus habitantes. Lo que les preocupa es que haya gente que no sean ellos poseyendo esa información. Pero han decidido acogerse a esa idea con la intención de prohibir la app de TikTok en sus fronteras. Y esto lo escribe uno de los mayores detractores de TikTok que os podéis encontrar: me parece una puta mierda sorbesesos de aplicación que no es ni siquiera divertida. La parte que me toca los cojones de todo este asunto es la de siempre: que a poco que las ramas del arbusto sobresalgan un poco, el Podador vendrá con las tijeras y le cortará la cabeza. Y eso cuando no decida eliminar el arbusto entero para no tener que preocuparse de que vuelva a crecer.
La libertad del mercado es una de las mentiras más grandes de los tiempos capitalistas. Y nosotros deberiamos valorar mucho más nuestra privacidad de lo que lo hacemos.
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