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Esta red clientelista también incluyó a delegados que enchufaron a sus propios familiares como peones, socorristas o pintores de instalaciones municipales
La Audiencia Provincial de Cádiz será el escenario de un nuevo juicio donde se enfrentarán a la justicia el exalcalde de Arcos de la Frontera, José Luis Núñez (PP), y hasta once concejales de su equipo de Gobierno. Durante cuatro años, la administración municipal funcionó como una estructura que favorecía presuntamente la colocación de familiares, compañeros de partido y afines políticos. La lista es interminable: carpinteros, socorristas, administrativos y hasta operarios de plantas de reciclaje con lazos directos con los dirigentes.
Desde 2011 hasta 2015, más de cien contratos a dedo evidenciaron la quiebra del principio de igualdad que debería regir en la contratación pública. No se respetaron los requisitos de mérito ni capacidad. La Fiscalía Anticorrupción acusa al equipo de Gobierno de prevaricación continuada, destacando que el propio interventor municipal, en su papel cómplice, consintió con un silencio administrativo que permitió el mantenimiento de estas irregularidades.
Entre los beneficiados se encontraban el cuñado del exalcalde, contratado reiteradamente como oficial de carpintería, y familiares de otros concejales en puestos de confianza. Por ejemplo, el hermano del edil de Turismo y la sobrina de la delegada de Asuntos Sociales accedieron a plazas de conserjes y limpiadoras sin pasar por procesos de selección. La maquinaria de favoritismos alcanzó incluso a los militantes de AiPro que participaron en las candidaturas municipales, convertidos en destinatarios privilegiados de contratos públicos.
UN SISTEMA ORGANIZADO Y UNA OMISIÓN DELIBERADA
El documento de acusación detalla cómo José Luis Núñez delegó la potestad de contratación al concejal de Personal, lo que permitió a los delegados de área proponer a «sus candidatos» sin supervisión alguna. Los informes de reparo emitidos por el interventor accidental entre 2013 y 2015 calificaban estas contrataciones como «arbitrarias, desproporcionadas y no justificadas», alertando además sobre las consecuencias financieras para un Ayuntamiento ya lastrado por deudas.
El caso de Sebastián Ruiz, exsenador del PP y condenado anteriormente por hechos similares, ejemplifica la corrupción sistemática: propuso repetidamente al cuñado del alcalde para distintos contratos en el área de Cultura. Esta red clientelista también incluyó a delegados que enchufaron a sus propios familiares como peones, socorristas o pintores de instalaciones municipales, mientras la ciudad se hundía en problemas económicos y servicios públicos precarizados.
Manuel Erdozain, delegado de Urbanismo y socio de coalición de Núñez, fue acusado de proponer a once personas para diferentes puestos, entre ellas militantes de AiPro y compañeros de lista electoral. La situación alcanzó extremos absurdos: la empresa municipal de reciclaje contrató como peones a dos tíos del responsable de Medio Ambiente, un descaro que según la Fiscalía pone de manifiesto la “connivencia generalizada”.
LAS ALERTAS IGNORADAS: ENTRE LA COMPLICIDAD Y LA PASIVIDAD
Los informes de reparo eran claros en sus advertencias, señalando que las contrataciones eran un abuso del erario y un golpe a los principios de transparencia. Sin embargo, el interventor titular evitó actuar y autorizó los pagos de las nóminas sin objeción alguna. Para la Fiscalía, este silencio institucional constituye una pieza clave en el engranaje de ilegalidades.
Este escándalo no es un caso aislado, sino un reflejo de un modelo corrupto de gestión pública que sigue vigente en muchas administraciones locales. El Ayuntamiento de Arcos se convirtió en una plataforma de poder y clientelismo mientras la ciudadanía veía cómo sus necesidades reales quedaban relegadas.
En 2014, la querella presentada por el edil socialista Joaquín Macías reveló que los contratos irregulares se ordenaban directamente o a través del responsable de Hacienda y Personal. Desde entonces, el caso ha arrastrado más de una década de proceso judicial, evidenciando la lentitud de la justicia cuando los acusados ostentan poder político.
La Fiscalía solicita penas de inhabilitación de seis a doce años para las y los concejales implicados y hasta veinte años para José Luis Núñez. Las consecuencias de estos pactos de favores y nepotismo están lejos de ser solo jurídicas: son un ataque directo a la democracia y a la igualdad de oportunidades.
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