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«Acoger a refugiados supone mucho más que ceder un espacio: estás colaborando en su integración como ciudadano y ayudándole a dar el primer paso en su nueva vida», señalan desde Refugees Welcome
César Heredero, que se describe como una persona muy individualista a la que le gusta la soledad, es un jubilado de 76 años que, en su tiempo libre, se dedica a escribir novelas en las que subyace la lucha contra el gran capital.
Heredero, tras criar a siete hijos se encontró con una casa casi vacía y siendo consecuente con el tema sobre el que le gusta escribir, decidió que podía destinarse a ayudar a quién no tiene nada. Se puso en contacto con una organización que trata de encontrar lugares donde poder vivir para personas sin hogar.
Gracias a la asociación Refugees Welcome, César acabó alojando a Rabee, un joven sirio que había huido de la guerra civil de su país, y a Kim, un senegalés de más de 40 años que estaba peleando por el estatus de refugiado en España y que había vivido dos meses en la calle.
En una entrevista en El Confidencial en 2018 ya señalaba Heredero que le llamaba la atención que la gente se sorprendiese porque «yo soy el que sale beneficiado, porque me ayudan a que mi vida sea más fácil”. “Lo que no puede ser es que siga habiendo familias sin casa y ancianos como yo con habitaciones vacías”.
Dos años después y una pandemia de por medio, la decisión de Cesar sigue
Dos años después, en medio de una terrible pandemia que ha sacado lo mejor y lo peor de la sociedad, Cesar sigue manteniendo su decisión de ayudar a quien lo necesite. “Mañana vienen los de Refugees Welcome con una refugiada para ver si encaja en casa a partir de enero”, señala. Se trata de una mujer que tuvo que dejar a sus hijos en su país. “Yo ya estoy pensando en cómo traer los chiquillos a España”, señala, y afirma que “en mi casa, tendrían hueco”.
Para César, la convivencia con ambos durante la pandemia le ha facilitado la vida. Ayudaban haciendo la compra, la comida o limpiaban la casa. “Ellos son conscientes de que me cuesta moverme y siempre han hecho todo lo posible por ayudarme”, destaca el jubilado.
“Ayudar a la gente es como una droga, te enganchas y no puedes parar», afirma César. «A mí me quedan dos telediarios, pero mientras tenga hueco en casa, voy a seguir acogiendo a refugiados porque quiero quitarle al dinero posibilidades, no quiero que se meta en mi vida”, sentencia.

Refugees Welcome y las 100 convivencias
Refugees Welcome señalan al medio que ya han alcanzado las 100 convivencias y que para ellos no es ninguna sorpresa que César quiera repetir: “Como en el caso de César, después de que la persona con la que conviven logra la autonomía, las personas que ofrecen su casa vuelven a contactarnos para repetir la experiencia, por lo positivo para ambas partes de la misma”.
«Abrir tu hogar a una persona que ha tenido que coger la mochila y dejar su país es una experiencia profunda de intercambio y un enorme ejercicio de solidaridad», señalan en su página web. «En un momento de su viaje, los solicitantes de asilo se topan con obstáculos a la hora de encontrar un hogar. Estas dificultades complican y retrasan su desarrollo personal. Sin embargo, reciben la asistencia de muchas personas y organizaciones dispuestas a ayudarles», continúan.
«Acoger a una persona solicitante de asilo supone mucho más que ceder un espacio: estás colaborando en su integración como ciudadano y ayudándole a dar el primer paso en su nueva vida», finalizan.
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