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Valeriano Weyler y Nicolau fue un militar y político español que intentó zanjar los intentos independentistas de Cuba el primer campo de concentración para el pueblo.
Un 27 de enero, pero de 1945, las tropas del Ejército Rojo pisaban el campo de concentración de Auschwitz, cuando la mayor parte de sus guardias alemanes habían ya escapado y habían dejado atrás a miles de prisioneros enfermos y desnutridos, cadáveres sin enterrar, 370.000 trajes de hombre, 837.000 vestidos de mujer, 44.000 pares de zapatos y 7,7 toneladas de cabello humano, lo que correspondería a 140.000 personas. Además de cuantiosos restos humanos en los crematorios.
El soldado V. Letnikov decribió a su mujer el campo de concentración de Auschwitz como «un campo de exterminio para 120.000 prisioneros. Postes de dos metros de alto con alambrada electrificada encierran al campo. Además, los alemanes pusieron minas en todos lados. Hay torres de vigilancia con guardias armados y ametralladoras cada 50 metros. No muy lejos de las barracas hay un crematorio”.
Sin embargo, la barbarie alemana de los campos de concentración no fue una idea suya, sino de un español. Una oscura historia del pasado de este país que quedará para siempre sellada en los libros que narran la represión del pueblo cubano.
Weyler y Cuba
Valeriano Weyler y Nicolau fue un militar y político español. Fue nombrado capitán general de Cuba en febrero de 1896 por Cánovas del Castillo, sustituyendo al general Martínez-Campos, con órdenes de zanjar los intentos independentistas.
En el breve período que ocupó esta capitanía general intentó frenar la lucha del pueblo cubano por su independencia. Los «mambises» cubanos se mostraron fuertes en el oriente de la isla, donde las largas campañas de verano destruyeron las fuerzas españolas al son de las enfermedades y las tácticas de cargas al machete del general Máximo Gómez, jefe militar máximo de los independentistas.
Para entonces Weyler ordenó la concentración de la población rural del occidente cubano en núcleos urbanos que se convirtieron en campos de concentración, hecho conocido en la historia como la Reconcentración de Weyler, siendo pionero en esta brutal forma de represión.
Los primeros campos de concentración
La proclama que daba inicio a la reconcentración decía:
1. Todos los habitantes de las zonas rurales o de las áreas exteriores a la línea de ciudades fortificadas, serán concentrados dentro de las ciudades ocupadas por las tropas en el plazo de ocho días. Todo aquel que desobedezca esta orden o que sea encontrado fuera de las zonas prescritas, será considerado rebelde y juzgado como tal.
2. Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes.
3. Se ordena a los propietarios de cabezas de ganado que las conduzcan a las ciudades o sus alrededores, donde pueden recibir la protección adecuada.
Los continuos ataques de los libertadores cubanos a las fuerzas coloniales y la incapacidad manifiesta de estas de solo poder defender las grandes ciudades, Weyler lanzó esta infame Reconcentración en campos de concentración para quitar apoyo al Ejército Libertador.
El 10 % de Cuba en campos de concentración
Para diciembre de 1896 unos cuatrocientos mil cubanos no combatientes se catalogaban como reconcentrados en lugares escogidos. Al no poder suministrar alimentos a estas poblaciones con graves condiciones de insalubridad, experimentaron hambrunas y epidemias. Se calcula que se dejó morir a muchos miles de cubanos en dichos campos de concentración.
Los investigadores no se han puesto de acuerdo sobre el número de bajas civiles, que oscila entre 60.000 y 500.000. Los estudios más recientes parten de unas 170.000 víctimas civiles, un 10 por ciento de la población de la isla.
Esta medida acabó hacia marzo de 1898 de mano del general Ramón Blanco y Erenas e impuesta por las circunstancias. Sobre los campos cubanos desolados por la reconcentración ordenada por Valeriano Weyler se había llevado a cabo una lucha que agotó los recursos españoles, quienes a su vez dominaron todos los centros urbanos fundamentales, hasta la rendición de Santiago de Cuba.
La guerra se alargaba, paro no se exponía el triunfo cubano al resultado de una sola batalla contra un ejército cuyos jefes estaban formados en las modernas técnicas militares prusianas. El tiempo estaba a favor de la causa cubana.
La prensa norteamericana de Hearst y Pulitzer reclamaba la intervención en Cuba, presuntamente para acabar con la «matanza de civiles» aunque en verdad solo pretendían apoderarse de la isla, ignorando la lucha de los independentistas cubanos. El resto es historia.
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