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El Partido Popular manifiesta descontento y sorpresa por el discurso en euskera ofrecido por Borja Sémper en el Congreso. Las reacciones varían desde considerarlo un «ridículo espantoso» hasta una intervención «impropia».
El Partido Popular, aquella formación que durante años ha pretendido proyectar una imagen de solidez y unanimidad, parece tambalearse en su propia esencia: la intervención de Borja Sémper en el Congreso con párrafos en euskera ha destapado la caja de Pandora. El eco de sus palabras, lejos de unificar opiniones, ha fracturado la cohesión que se espera de un partido del calibre del PP.
¿Un lenguaje para unificar o dividir? Se suponía que el hemiciclo era un escenario de encuentro y discusión, pero la elección de Sémper de utilizar fragmentos en euskera ha sido una revelación. Las y los miembros del ala dura del partido lo describen con un término que resonará durante mucho tiempo: «el ridículo espantoso». Mientras tanto, las voces más templadas, tal vez buscando evitar la confrontación directa, lo consideran una intervención «impropia».
Es irónico que una lengua, un vehículo de comunicación y unión, se haya convertido en la espoleta de disenso dentro del partido. Pero más allá de las palabras, lo que refleja este episodio es la falta de coordinación y cohesión. Si el partido no puede ponerse de acuerdo en la lengua a utilizar, ¿cómo puede esperarse que aborde cuestiones más complejas con una sola voz?
EL SILENCIO DE LAS REACCIONES
Un aplauso en el Congreso es mucho más que un gesto de cortesía. Es una señal de apoyo, una muestra de solidaridad. Sin embargo, las manos de Cayetana Álvarez Toledo permanecieron quietas, reflejando un profundo malestar. No fue la única. Miembros de la dirección nacional, quienes debían ser el baluarte del apoyo a Sémper, manifestaron en privado su sorpresa, y hubo quienes lo calificaron como «un error incomprensible» que pone al partido en «una posición incoherente».
Este silencio y estas reacciones tienen un peso significativo. En un momento en que el partido debería estar unido frente a los desafíos políticos, las divisiones internas han salido a la luz de manera evidente.
El debate sobre el uso de las lenguas cooficiales en España no es nuevo. Sin embargo, en este episodio concreto, la situación alcanzó un nuevo nivel de complejidad. Justo antes de la intervención de Sémper, Cuca Gamarra, con argumentos reglamentarios, solicitó que la sesión se desarrollara íntegramente en castellano. Dijo que la entrada en vigor del nuevo reglamento que permite el uso de distintas lenguas no estaba aún en vigor. Pero Sémper decidió actuar por su cuenta, o al menos eso parece, y utilizó el euskera para dirigirse específicamente al PNV y Bildu. «Si estamos aquí para reformar el Reglamento, no puede entrar en vigor esa ley en tanto no haya sido tomada en consideración, debatida, aprobada y publicada», expresaba Gamarra.
La posición oficial del partido, tratando de salvar la situación, respaldó a Sémper, afirmando que su intención al usar euskera buscaba reivindicar el reglamento anterior que permite pequeñas menciones en otra lengua. Pero las voces internas cuentan otra historia. Parece que el PP enfrenta un reto interno que supera el simple uso del euskera. Es una lucha por la identidad y la dirección del partido.
FUENTE: Cadena SER
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