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El ministro ultraderechista exhibe a centenares de activistas maniatados como trofeos de guerra mientras Europa empieza, tímidamente, a reaccionar ante la impunidad del Estado sionista de Israel
El Estado sionista de Israel lleva meses destruyendo Gaza ante los ojos del mundo. Hambre. Bombas. Hospitales arrasados. Niñas y niños mutilados. Periodistas asesinados. Y ahora también exhibiciones públicas de humillación contra activistas internacionales detenidos en aguas internacionales. Porque ya ni siquiera esconden nada. Lo graban. Lo editan. Lo publican orgullosos.
El 20 de mayo, el ministro de Seguridad Nacional israelí, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, difundió un vídeo desde el puerto de Ashdod en el que aparecían decenas de activistas de la Flotilla Global Sumud maniatados, arrodillados y hacinados bajo el sol mientras sonaba el himno israelí por megafonía. Ben Gvir sonreía. Agitaba una bandera. “Bienvenidos a Israel”, decía entre burlas.
Far-right National Security Minister Itamar Ben-Gvir released a video showing detained participants of the intercepted Gaza-bound flotilla being bound and dragged in Israel's Ashdod Port, writing, "That's how we welcome the terror supporters. Welcome to Israel."
— Haaretz.com (@haaretzcom) May 20, 2026
Read more here:… pic.twitter.com/Uuc9AXONsi
No es una escena aislada. Es una declaración política.
La flotilla intentaba romper el bloqueo marítimo que Israel impone sobre Gaza desde 2007 y entregar ayuda humanitaria a una población que Naciones Unidas lleva meses describiendo como sometida a una catástrofe humanitaria sin precedentes recientes. La respuesta israelí fue interceptar los barcos en aguas internacionales, detener a unas 430 personas y convertir su captura en propaganda ultranacionalista.
EL SADISMO POLÍTICO COMO MENSAJE DE ESTADO
Lo más inquietante no es solo la violencia. Es la naturalidad. Las imágenes muestran a policías israelíes arrastrando a activistas agarrados por el cuello, obligándoles a permanecer esposados boca abajo y empujando al suelo a una mujer que gritaba “Palestina libre”.
Y mientras tanto, Ben Gvir hablando de “partidarios del terrorismo”. Otra vez la misma coartada. Todo vale si se pronuncia la palabra Hamás. Da igual que sean cooperantes, médicas y médicos, activistas pacifistas o parlamentarios. El Estado sionista de Israel ha convertido la acusación de terrorismo en una licencia política para justificar cualquier abuso. Incluso secuestrar civiles en alta mar.
La organización Adalah, encargada de la defensa legal de parte de las personas detenidas, denunció una “política criminal de abuso y humillación”. También recordó que no es la primera vez que ocurre y que Israel jamás ha rendido cuentas por episodios similares.
Eso es lo importante. La impunidad.
Porque Ben Gvir no aparece de la nada. Es ministro. Tiene poder institucional. Controla la Policía israelí. Lleva años defendiendo medidas brutales contra la población palestina y contra las personas detenidas. Desde recortes de agua y comida en cárceles hasta la defensa abierta de la pena de muerte.
Y aun así Occidente sigue tratando a Israel como una democracia homologable.
Una democracia donde un ministro exhibe seres humanos esposados como si fueran animales derrotados. Una democracia donde se interceptan barcos civiles en aguas internacionales. Una democracia donde la ayuda humanitaria es presentada como amenaza militar. Una democracia donde la extrema derecha racista forma parte estructural del Gobierno.
Luego llegan los matices diplomáticos. Netanyahu calificó el vídeo de Ben Gvir como algo que “no se ajusta a los valores y normas de Israel”. El ministro de Exteriores, Gideon Saar, habló de “vergonzosa actuación”.
Pero nadie cuestionó el fondo. Nadie criticó el secuestro de la flotilla. Nadie habló de levantar el bloqueo sobre Gaza. Solo discuten sobre la puesta en escena. Sobre si convenía grabarlo.
Es la diferencia entre la violencia y las relaciones públicas.
EUROPA EMPIEZA A INCOMODARSE ANTE LO QUE YA NO PUEDE ESCONDERSE
La difusión del vídeo provocó protestas diplomáticas de España, Italia y Francia. El Gobierno español convocó nuevamente a la representante diplomática israelí y calificó el trato a los activistas de “monstruoso, indigno e inhumano”.
José Manuel Albares recordó que entre las personas detenidas había 44 españoles y subrayó algo evidente: la interceptación se produjo en aguas internacionales, donde Israel “no tiene ningún derecho a tocar a ningún español”.
Parece una obviedad. Pero llevamos meses viendo cómo las obviedades más básicas desaparecen cuando se habla de Israel.
Italia también exigió explicaciones. Francia convocó al embajador israelí y calificó el trato de “inadmisible”. Incluso dentro del propio Gobierno israelí hubo voces preocupadas por el daño internacional que estaba causando Ben Gvir.
Daño internacional. Otra vez eso.
No el sufrimiento de Gaza. No las personas detenidas. No la legalidad internacional. El problema aparece cuando las imágenes empiezan a ser demasiado obscenas incluso para los aliados.
El activista hispanopalestino Saif Abukeshek, deportado tras diez días detenido, desmontó rápidamente la narrativa del “caso aislado”. Dijo que Ben Gvir “representa al Gobierno” y que el Ejército israelí no intercepta barcos en mitad del mar sin órdenes políticas.
Y tiene razón.
Porque esto no es una desviación del sistema israelí. Es el sistema funcionando exactamente como fue diseñado: ocupación, castigo colectivo, propaganda y deshumanización.
Lo más peligroso quizá no sea Ben Gvir. Lo más peligroso es que, después de meses de genocidio retransmitido en directo, todavía haya gobiernos europeos fingiendo sorpresa cada vez que el Estado sionista de Israel vuelve a enseñar al mundo quién es realmente.
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