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– Concentrar el poder financiero no es modernizar la economía, es dinamitar la competencia
– El Gobierno da luz verde a la OPA de BBVA sobre Sabadell con condiciones cosméticas mientras avanza la concentración bancaria que arrasa empleo, servicios y soberanía.
HISTORIA DE UN BANCO DEVORANDO A OTRO: OPA, FUSIONES Y EUFEMISMOS
La OPA lanzada por BBVA para quedarse con Banco Sabadell no es un episodio aislado. Es solo el último movimiento de un proceso silencioso pero brutal: la concentración del poder financiero en cada vez menos manos. Lo que se presenta como una operación de “interés general” encubre la misma lógica de siempre: acumular beneficios en un oligopolio privado a costa de empleo, servicios públicos y competencia real.
En apenas dos décadas, el mapa bancario español ha pasado de estar compuesto por más de 45 entidades a solo cinco gigantes que se reparten el 70% del negocio. Esta reducción se ha producido con el beneplácito de todos los gobiernos y la complicidad de los reguladores. La crisis de 2008 sirvió de coartada perfecta: “fusiones necesarias”, decían. Rescates con dinero público, despidos masivos, desaparición de las cajas y “eficiencia” como mantra neoliberal. Pero la eficiencia no es repartir dividendos mientras se cierran 20.000 sucursales y se destruyen más de 120.000 empleos, como recuerda este informe del Banco de España.
La operación BBVA-Sabadell sigue ese mismo patrón. Aunque el Consejo de Ministros ha aprobado la OPA con condiciones que retrasan la fusión formal al menos tres años, todo el marco está diseñado para que, tarde o temprano, se consolide una entidad aún más grande, más poderosa y más difícil de controlar. Porque eso es lo que buscan: crecer hasta ser “demasiado grandes para caer”.
El Ejecutivo ha justificado su decisión en “criterios de interés general”. Pero ¿de qué interés hablan cuando los propios reguladores europeos han dejado claro que su prioridad es proteger el “mercado único” y el tamaño de los bancos para competir globalmente? Como si la competencia se midiera por número de millones gestionados y no por cuántas y cuántos ciudadanos acceden a una oficina o a un crédito justo.
BENEFICIOS CONCENTRADOS, COSTES SOCIALIZADOS: EL PRECIO INVISIBLE DE LA CONCENTRACIÓN
Mientras se habla de digitalización y eficiencia, lo que se impone es el desmantelamiento del servicio bancario como derecho básico. Lo que pierde la ciudadanía en esta operación no se cuenta en acciones, sino en pueblos sin sucursal, mayores sin atención presencial y barrios obreros convertidos en desiertos financieros. Según el informe del Banco de España de marzo de 2023, más de 1.400 municipios españoles ya no tienen oficina bancaria. Y eso antes de que se ejecute esta nueva fusión.
El Gobierno ha impuesto —en teoría— condiciones para evitar cierres indiscriminados y ERE asociados a la operación. Pero quien crea que un banco como BBVA acepta esas condiciones sin tener ya diseñada su hoja de ruta está pecando de ingenuidad o de complicidad. En tres años, cuando se acabe el veto temporal, vendrán los ajustes, las “sinergias”, los recortes “racionales”. Como siempre.
Se ha anunciado que cada entidad mantendrá autonomía de gestión, pero la realidad es que el capital manda. Si BBVA se hace con el 49% de Sabadell, como pretende, podrá designar a su antojo a los consejeros. ¿Qué clase de independencia es esa? ¿Cómo se asegura que Sabadell seguirá priorizando a las pymes y no será reconvertido en una filial absorbida?
No hay garantía alguna de que esta operación no acabe en otro proceso de vaciamiento. Porque ya ha pasado. En cada fusión anterior —Bankia y CaixaBank, Santander y Popular, etc.— se prometió mantener empleo y servicios. Y lo que siguió fueron despidos masivos, bonus millonarios y un modelo bancario aún más excluyente. No hay razón para pensar que esta vez será diferente.
Por si fuera poco, Bruselas ya ha advertido que vigilará que las condiciones impuestas por el Gobierno español no violen la “libertad del mercado”. Lo que viene a significar que si un Estado intenta proteger su soberanía financiera, la Comisión Europea se lo puede tumbar con el manual neoliberal en la mano. Así de clara está la jerarquía: primero los bancos, luego los Estados, al final las personas.
Mientras tanto, el BBVA insiste en que nadie puede impedirle comprar lo que quiera. Ya ha amenazado con llevar a los tribunales las condiciones impuestas por el Gobierno. Es decir, un banco que fue rescatado con dinero público en 2008 ahora se permite desafiar al Estado si este intenta ponerle límites. Y lo hace con el respaldo de Bruselas.
Este no es un caso aislado. Es el modelo. El mismo que ha convertido la banca en una máquina de desposesión silenciosa, con sonrisa digital y corazón de recorte.
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