Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La fuga de cargos abre una grieta interna mientras la dirección es cuestionada sin matices
La fractura ya no es un rumor. Es visible. Y, según quienes han estado dentro, apenas acaba de empezar. A 15 de abril, solo un día después de la dimisión de la diputada Virginia Martínez, el exlíder de Vox en la Región de Murcia, José Ángel Antelo, ha dejado caer algo que suena más a advertencia que a hipótesis: puede haber más salidas. No una. Varias. “Tanto de concejales como de diputados”, dijo ante los medios.
El contexto no es menor. La salida de Martínez al Grupo Mixto —donde ya están representantes de Podemos Izquierda Unida-Verdes— deja a los ex de Vox con dos escaños. Dos voces fuera de la disciplina del partido. Dos grietas en una estructura que hasta hace poco parecía férrea.
Lo que está pasando en Murcia no es un episodio aislado. Es parte de una dinámica más amplia que ya se percibe en otras comunidades. Una organización que creció rápido, con un discurso muy definido, empieza a mostrar tensiones internas difíciles de ocultar. De hecho, el conflicto en la región se suma a lo que ya se ha descrito como una crisis abierta dentro del partido en Murcia con dimisiones en bloque, en la que las lealtades han dejado de ser automáticas.
Un equilibrio inestable en la Asamblea
Ahora mismo, la situación es tan ajustada que cualquier movimiento puede alterar el tablero. Antelo lo resumió sin rodeos: hay empate dentro del Grupo Mixto y será la Mesa de la Asamblea quien tenga que decidir cómo se articula ese equilibrio.
No es solo una cuestión de números. Es poder. Es capacidad de influencia. “Voy a velar por mis intereses y los de Virginia”, dijo, dejando claro que la estrategia ya no pasa por sostener al partido, sino por posicionarse fuera de él.
Y añadió algo más. Algo que apunta directamente al futuro inmediato: “Ahora somos cuatro, pero puede que en el futuro seamos más”. La frase, breve, pero cargada, deja entrever que hay conversaciones abiertas, malestar acumulado y quizá decisiones aún no anunciadas.
El propio relato sobre Virginia Martínez refleja esa lógica interna. Antelo la describió como una de las parlamentarias más duras en materia de inmigración irregular, alguien a quien él mismo convenció para abandonar un trabajo bien remunerado en Londres y entrar en política. La historia que cuenta no es solo personal. Es también política: perfiles fichados, expectativas altas y una sensación de ruptura con el proyecto inicial.
Una dirección cuestionada desde dentro
Las críticas no se quedan en lo organizativo. Van al núcleo. Antelo definió la cúpula del partido como “absolutamente denostada”. Una expresión poco habitual en política institucional. Directa. Sin matices.
Y fue más allá. Describió a Vox como “una S.L. más que un partido”. La frase no es casual. Apunta a una percepción de gestión interna orientada al beneficio propio, lejos del discurso de cambio que el partido defendía en campaña.
En ese mismo bloque de críticas, señaló prácticas que contradicen la idea de meritocracia que Vox ha utilizado como bandera. Habló de colocaciones familiares en distintos ayuntamientos: novias, nueras, asesores vinculados. No es un detalle menor. Es un ataque directo al relato fundacional del partido.
La conclusión implícita es clara: si no hay autocrítica, habrá más rupturas. “Puede haber personas que quieran impulsar otro proyecto”, deslizó. No confirmó su participación, pero tampoco la descartó completamente. Lo dejó en el aire. Lo suficiente para que pese.
Este tipo de tensiones encajan con un fenómeno que ya se viene señalando desde hace tiempo: el desgaste interno de la organización. Un proceso en el que, como recoge el análisis sobre el partido que empieza a devorarse a sí mismo, las contradicciones internas acaban erosionando la cohesión.
El PP, beneficiario indirecto
Mientras Vox se reorganiza —o se descompone— el Partido Popular observa. Y, en cierta medida, aprovecha. Antelo lo reconoció sin rodeos: al PP le resultará más sencillo negociar con Vox que con quienes han salido del partido.
No es una declaración menor. Implica que la nueva configuración parlamentaria puede favorecer acuerdos más previsibles entre PP y Vox, incluso en medio de la crisis interna de estos últimos. Una especie de estabilidad construida sobre la debilidad ajena.
El propio Antelo marcó distancia en cuestiones concretas, como el debate sobre menores extranjeros. Criticó acuerdos recientes y defendió posiciones más duras, insistiendo en que su grupo no ha venido “a engañar a nadie”. El tono, otra vez, es significativo. No hay intento de moderación. Hay reafirmación.
Aun así, dejó una puerta abierta a apoyar iniciativas del PP si considera que benefician a la Región de Murcia. Una posición pragmática, aunque condicionada por su situación: suspendido cautelarmente, pero todavía con capacidad de voto.
Un partido en plena deriva
El diagnóstico final de Antelo es, probablemente, lo más contundente de toda su intervención. Habló de un partido “desmantelado” en la única región donde, según él, Vox tenía opciones reales de ganar elecciones hace apenas un par de meses.
La caída no es solo electoral. Es interna. Organizativa. De liderazgo. Lo que ocurre en Murcia funciona como síntoma de algo más amplio. Un modelo que empieza a mostrar fisuras cuando se somete a presión institucional.
Y lo que viene no parece precisamente tranquilo. Porque cuando quienes se van avisan de que no serán los últimos, el problema ya no es una dimisión. Es la posibilidad de que el proyecto entero empiece a deshacerse desde dentro.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir