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El secuestro de Saif Abukeshek y Thiago Ávila exige algo más que comunicados: exige cortar relaciones con un Estado que actúa fuera de la legalidad internacional.
NO BASTA CON PEDIR EXPLICACIONES
José Manuel Albares comparece este jueves en el Congreso para hablar del secuestro del activista español-palestino Saif Abukeshek, retenido por Israel junto al brasileño Thiago Ávila desde el pasado jueves. Ambos viajaban en la Flotilla Global Sumud, una misión pacífica y humanitaria rumbo a Gaza. Israel la asaltó en aguas internacionales. Otra vez. Y España, mientras tanto, sigue manteniendo relaciones diplomáticas con el Estado que ha secuestrado a un ciudadano español.
La comparecencia fue impulsada por Sumar, ERC, EH Bildu, Podemos, BNG y Compromís, y aprobada el martes por vía urgente. El ministro deberá explicar qué medidas piensa adoptar Exteriores. Pero la pregunta real es otra: cuántas violaciones del derecho internacional hacen falta para que el Gobierno deje de actuar como si bastara con llamar por teléfono, pedir informes y esperar buena voluntad de quien bombardea, bloquea, secuestra y tortura.
Albares sostiene que España trabaja por la “liberación inmediata” de Abukeshek. Bien. Es lo mínimo. Pero lo mínimo no puede venderse como firmeza. **Un Estado que secuestra activistas en aguas internacionales no merece normalidad diplomática, ni trato preferente, ni embajadas funcionando como si nada ocurriera.** Merece aislamiento político, ruptura de relaciones y embargo total.
ISRAEL SECUESTRA, TORTURA Y ESPAÑA SIGUE MIDIENDO LAS PALABRAS
Israel ha prorrogado seis días más la detención de Abukeshek y Ávila. El tribunal de Ascalón ha fijado una nueva vista para el próximo domingo. Les imputa cinco delitos, entre ellos colaboración con Hamás, pertenencia a organización terrorista, contacto con agente extranjero, colaboración con el enemigo en tiempos de guerra y transferencia de bienes a una organización terrorista. El manual es viejo: criminalizar la solidaridad para tapar el crimen de Estado.
Albares afirmó este martes que “no hay ninguna prueba ni ninguna relación” que sostenga esas acusaciones. También dijo haber trasladado a Israel que, según los informes disponibles, “nada de eso es cierto”. Perfecto. Entonces la conclusión debería ser inmediata: si Israel miente para justificar el secuestro de un ciudadano español, España no puede seguir tratándolo como un socio incómodo. **Debe romper relaciones diplomáticas ya.**
Abukeshek y Ávila están en huelga de hambre. La abogada Hadeel Abu Salih, de la ONG israelí Adalah, denunció que ambos fueron esposados y vendados durante dos días en alta mar. Thiago Ávila habría sido arrastrado boca abajo por el suelo hasta desmayarse dos veces. Después llegaron los interrogatorios durante el Shabat y las amenazas: cárcel durante “1000 años” o ejecución.
Esto no es un exceso administrativo. No es una detención confusa. No es un malentendido judicial. **Es violencia de Estado contra personas que intentaban llevar ayuda humanitaria a una población sometida al hambre, al bloqueo y al exterminio.** Y cada día que España mantiene relaciones normales con Israel, esa normalidad se convierte en complicidad.
El asalto se produjo frente a la costa griega de Creta, a miles de kilómetros de aguas israelíes. Las embarcaciones no suponían amenaza militar. Israel invoca una supuesta zona de exclusión de unas 150 millas náuticas alrededor de Gaza, pero actúa mucho antes, donde le da la gana, porque sabe que demasiados gobiernos protestan de día y comercian de noche.
Desde el pasado verano, varias misiones de la Flotilla han terminado igual: abordajes, detenciones, deportaciones y denuncias de maltrato. En septiembre, una misión en la que también viajaban Ávila y Abukeshek fue atacada con bombas incendiarias mientras estaba atracada en Túnez. En aquella flotilla participaron Ada Colau y una veintena de activistas españoles, secuestrados casi un mes después. A su regreso denunciaron torturas y malos tratos.
Este martes, Colau elevó a la Audiencia Nacional su denuncia contra Israel por delitos contra la comunidad internacional, crímenes de lesa humanidad, torturas y detención ilegal. También está el precedente de Reyes Rigo, retenida cinco días más que sus compañeras y compañeros, y liberada tras pagar una multa de 2.600 euros. La maquinaria es siempre la misma: secuestro, acusación fabricada, presión, castigo ejemplarizante.
El Gobierno español ya no puede esconderse detrás de la prudencia diplomática. La prudencia, cuando se usa para no molestar al agresor, tiene otro nombre. **Israel ha cruzado todas las líneas imaginables: genocidio en Gaza, bloqueo humanitario, ataques a flotillas, secuestros en aguas internacionales y denuncias de tortura.** Lo que toca no es una nota de protesta. Lo que toca es romper relaciones.
Porque si secuestrar a un ciudadano español en una misión humanitaria no basta para romper con Israel, entonces el problema ya no está solo en Tel Aviv.
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