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La purga de sus fundadores y líderes deja claro que el partido de hoy es una máquina política mucho más radical centralizada en una única figura: Abascal
La salida de Rocío Monasterio no es un hecho aislado. La caída de los líderes históricos de Vox, aquellos que cimentaron el crecimiento del partido desde sus orígenes, refleja una purga interna que viene gestándose desde hace años. La desaparición progresiva de figuras como Ortega Smith, Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros y otros, deja claro que el Vox de hoy es muy distinto al que irrumpió en el panorama político español. Y en el centro de esta transformación, se encuentra Jorge Buxadé, el nuevo rostro del poder en el partido, quien ha consolidado su dominio desplazando a sus antiguos aliados.
LA PURGA DE LOS FUNDADORES: ORTEGA SMITH, OLONA Y ESPINOSA DE LOS MONTEROS
Uno de los primeros en caer fue Javier Ortega Smith. En octubre de 2022, el que fuera secretario general y rostro visible de la formación durante los momentos de mayor expansión fue apartado de la cúpula. Su salida simbolizó el inicio del declive del sector más combativo y ortodoxo de Vox. Ortega Smith representaba la facción más dura del partido, pero fue sustituido por un perfil más cercano a Buxadé, que ha sabido maniobrar para hacerse con el control absoluto.
Otro golpe significativo fue la salida de Macarena Olona. Carismática y brillante en los debates, Olona era una de las políticas más populares de Vox. Su éxito en las elecciones andaluzas de 2022 no fue suficiente para evitar el deterioro de su relación con la cúpula, lo que la llevó a abandonar el partido alegando motivos de salud. Sin embargo, sus posteriores críticas a la dirección evidenciaron el profundo malestar que generó su salida. Su marcha abrió una grieta que aún no se ha cerrado.
El caso de Iván Espinosa de los Monteros es el más reciente. Fundador del partido junto a su esposa, Rocío Monasterio, Espinosa era una figura central en el Congreso y en la estructura de poder. Pero tras las elecciones generales de 2023, decidió abandonar la política, desencantado con el rumbo que había tomado la formación. El ascenso de Buxadé y la marginación de los fundadores más moderados fue la gota que colmó el vaso. Su retirada marcó el fin de una era dentro del partido.
EL ASCENSO DE JORGE BUXADÉ: UN NUEVO VOX, MÁS RÍGIDO Y RADICAL
Jorge Buxadé ha emergido como el nuevo gran líder de Vox, un hombre de perfil ultracatólico y vinculado al Opus Dei que ha sabido hacerse con el poder interno a costa de sus predecesores. Su estrategia ha sido clara: purgar a los fundadores y rodearse de una nueva élite afín a sus ideales más radicales. Bajo su liderazgo, figuras como Ignacio Garriga han ganado protagonismo, mientras que las voces más moderadas han sido silenciadas o apartadas.
El desplazamiento de Rocío Monasterio, una de las fundadoras que aún resistía en el liderazgo de Vox en Madrid, fue un paso más en esta consolidación de poder. Su destitución en octubre de 2024 no sorprendió a muchos, ya que su influencia se había visto debilitada desde la salida de su marido y los malos resultados en las elecciones autonómicas de mayo de 2023. El liderazgo de Monasterio fue erosionado por las tensiones internas, hasta que finalmente fue apartada por el nuevo núcleo dirigente.
Vox ha dejado atrás a sus figuras más mediáticas y populares, para apostar por un liderazgo más rígido, ideologizado y controlado. La caída de Monasterio, Ortega Smith, Espinosa de los Monteros y Olona es el síntoma de una reestructuración interna que busca moldear un Vox más monolítico y menos abierto a la discrepancia.
En este contexto, otros nombres también han desaparecido de la primera línea política. Víctor Sánchez del Real, uno de los fundadores de la formación, abandonó tras las elecciones de 2023, harto del rumbo que tomaba el partido. Su salida fue otro clavo en el ataúd del sector liberal de Vox, que ha sido reemplazado por la facción más dura. Asimismo, Hermann Tertsch, aunque aún sigue en el Parlamento Europeo, ha sido objeto de tensiones internas, lo que refleja que la purga no ha terminado.
Vox está inmerso en un proceso de renovación que va más allá de simples cambios de nombres. La purga de sus fundadores y líderes más emblemáticos deja claro que el partido de hoy es una máquina política mucho más radical y centralizada. No hay lugar para la disidencia, y quienes alguna vez llevaron al partido a la cima, hoy están siendo reemplazados por un nuevo orden más cercano a la ortodoxia de Buxadé. Este Vox no busca consenso, busca obediencia.
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