15 Jun 2026

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Booking vende como escapada ideal una tierra robada en Cisjordania
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Booking vende como escapada ideal una tierra robada en Cisjordania 

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Una parcela palestina confiscada aparece ahora convertida en reclamo turístico dentro de un asentamiento israelí ilegal

Mohammed al-Sbeih recuerda aquella ladera al sur de Belén como se recuerdan las cosas que una familia no debería tener que defender ante soldados, tribunales ni plataformas digitales. Era una pequeña granja en las colinas de Cisjordania. Tres generaciones cultivaron allí trigo y cebada. No era un decorado. No era una postal. No era una oportunidad de negocio para turistas con ganas de “aire fresco”. Era tierra trabajada, heredada, vivida.

Ahora esa misma parcela forma parte del asentamiento israelí de Neve Daniel. Y una vivienda situada allí se anuncia en Booking.com como alojamiento con jardín, terraza, zona de pícnic y un entorno “ideal” para encuentros al aire libre. El capitalismo turístico ha encontrado una fórmula obscena: convertir el despojo en experiencia rural. Lo que para una familia palestina fue pérdida, humillación y expulsión, para una plataforma global aparece empaquetado como descanso, paisaje y escapada.

La historia, publicada por elDiario.es a partir del trabajo de Julian Borger, no habla solo de una casa. Habla de un mecanismo. Un informe de Ekō identifica 41 alojamientos anunciados en Booking.com situados en 14 asentamientos israelíes ilegales de la Cisjordania ocupada. Están concentrados en dos zonas: el valle del Jordán, incluido el mar Muerto, y el cinturón de asentamientos construido alrededor de Jerusalén Este. Dos propiedades están dentro de la ciudad vieja de Jerusalén, territorio ocupado por Israel en 1967 y anexionado en 1980.

EL NEGOCIO DE DORMIR SOBRE TIERRA OCUPADA

Los asentamientos no son una controversia inmobiliaria. Son colonización. Implican trasladar población civil de la potencia ocupante a territorio ocupado, algo prohibido por el IV Convenio de Ginebra y recogido por el Estatuto de Roma, tratado fundacional de la Corte Penal Internacional, como crimen de guerra. Dicho claro: no estamos ante una discusión turística, sino ante beneficios privados generados sobre una estructura de ocupación.

Booking.com intenta envolverlo todo en una neutralidad comercial bastante cómoda. En 2022 introdujo una etiqueta para algunos asentamientos recomendando a las y los huéspedes consultar advertencias oficiales antes de reservar en una zona que “puede considerarse afectada por el conflicto”. La advertencia aparece en letra pequeña. No está en la descripción atractiva de la vivienda. No estropea la fantasía de jardín, terraza y vistas. Sale cuando se busca el nombre del asentamiento. La ocupación queda así reducida a nota al pie.

La empresa afirma que su misión es facilitar que todo el mundo pueda descubrir el mundo y que no le corresponde decidir dónde pueden viajar las personas usuarias. Es una frase perfecta para lavarse las manos con jabón corporativo. Porque aquí no se trata de impedir viajes. Se trata de no monetizar asentamientos ilegales. Se trata de no vender como alojamiento turístico lo que existe porque antes hubo confiscación, expulsión, restricciones militares y tribunales coloniales.

La Corte Internacional de Justicia emitió en julio de 2024 un dictamen consultivo a petición de la Asamblea General de la ONU. Confirmó la ilegalidad de los asentamientos y afirmó que los Estados y las organizaciones tienen la obligación de no reconocer como legal la situación creada por Israel en los territorios palestinos ocupados. No es una opinión militante. No es una consigna. Es derecho internacional.

Aun así, el negocio sigue. Airbnb también ofrece propiedades en asentamientos. En febrero de 2025, una investigación de The Guardian localizó 760 habitaciones entre hoteles, apartamentos y casas anunciadas por Booking.com y Airbnb. Airbnb había anunciado en 2018 que retiraría alojamientos en asentamientos israelíes, pero dio marcha atrás meses después por presión legal de anfitriones, posibles anfitriones y huéspedes. Primero la ética, luego la amenaza judicial, después la caja registradora.

La principal filial operativa de Booking.com está en Países Bajos. Allí, la fiscalía neerlandesa estudia una denuncia penal presentada por el European Legal Support Center. La denuncia sostiene que las reservas en asentamientos podrían constituir blanqueo de capitales bajo la legislación neerlandesa, porque la actividad comercial subyacente estaría vinculada a asentamientos ilegales. No es poca cosa. Es la pregunta central: ¿qué ocurre cuando una plataforma cobra comisiones por alojamientos levantados sobre tierra ocupada?

LA PARCELA DE SBEIH Y LA IMPUNIDAD CON WIFI

La familia de Mohammed al-Sbeih perdió cinco hectáreas de tierra agrícola en 1982. Presentaron escrituras de propiedad. Presentaron documentación. Presentaron un certificado de una persona experta agrícola que acreditaba que el terreno estaba en uso. Según Sbeih, la otra parte no presentó “ni un solo documento”. El tribunal mantuvo la confiscación alegando seguridad nacional. La fórmula de siempre. Seguridad para justificar el robo. Ley para maquillar la violencia.

Después, la ladera permaneció vacía durante unos 20 años. No se usó. No era tan urgente. No parecía tan vital para la seguridad. Pero cada vez que la familia intentaba acercarse desde Al Jader, a las afueras de Belén, los militares les obligaban a retroceder. Más tarde, la parcela quedó absorbida por Neve Daniel. El mapa hizo lo que hacen tantos mapas bajo ocupación: borrar nombres palestinos, borrar memoria, borrar continuidad familiar.

Sbeih llevaba a sus hijos y nietos a un mirador para enseñarles las tierras que habían pertenecido a la familia. Desde la guerra de Gaza iniciada en octubre de 2023, ni eso puede hacer por las restricciones de movimiento. Incluso mirar lo robado se vuelve un privilegio administrado por quien lo robó. Es difícil encontrar una imagen más clara de la ocupación: una familia palestina apartada de su tierra mientras otras personas pueden reservar una estancia allí con tarjeta bancaria.

Cuando investigadores de Ekō le mostraron el mapa de la vivienda anunciada en Booking.com el mes pasado, Sbeih lloró. Pensó en sus hijos. En sus nietos. En lo que debía haber sido suyo. Su frase es sencilla y brutal: robar 10 dólares es como robar un millón de dólares, y debe juzgarse igual. Tiene razón. La escala no cambia la naturaleza del acto. Solo cambia la capacidad de los poderosos para pagarse abogados, informes de derechos humanos y departamentos de comunicación.

Ekō lo resume con una dureza necesaria en su informe Booking.com: vive la ocupación ilegal israelí: cada día que la empresa sigue sin actuar es otro día en que obtiene beneficios del despojo de tierras palestinas y sostiene a un gobierno implicado en crímenes atroces. Booking.com dice que vigila la situación. La vigila, sí. La vigila mientras cobra.

Este es el turismo de la ocupación: dormir tranquilo sobre una tierra que a otra familia le fue arrancada.

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