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Una jornada pensada para provocar, desmontada por una juventud que ya no compra el teatrillo ultra
La escena se repite y, sin embargo, cada vez tiene menos efecto. Un agitador que se autoproclama portavoz de la juventud española llega a una de las mayores universidades públicas del país y encuentra más rechazo que apoyo, más argumentos que consignas, más estudiantes organizadas y organizados que ultras buscando espectáculo. El miércoles, en el campus de Somosaguas, Vito Quiles volvió a naufragar. Convocó un acto sin permiso, rodeado de personas que gritaron “arriba España”, “cara al sol” y lemas abiertamente racistas, y terminó marchándose en coche oficial, nervioso y sin un solo logro que vender. Ni charla, ni masas, ni épica.
EL NEGOCIO POLÍTICO DE LA PROVOCACIÓN
Quiles anunció su visita sin permiso el mismo 12 de noviembre, a las 17:00, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. El mensaje era claro y calculado: presentarse como víctima de una supuesta censura ideológica y provocar una reacción estudiantil que le alimentara el relato. La dirección de la UCM lo desmintió de inmediato. No existía solicitud alguna. No había autorización. No existía más acto que su voluntad de generar conflicto.
Quiles ya había cancelado una charla en la Universidad de Navarra el 3 de noviembre, cuando su gira ultra España combativa dejó un rastro de incidentes y un periodista agredido. Pero la estrategia no cambia. Avisar tarde, no pedir permiso, aparecer escoltado por ultras vinculados a grupos neonazis y luego fingir persecución. Un manual importado de Estados Unidos, donde figuras como Ben Shapiro o Charlie Kirk han convertido las universidades en su parque temático personal (como señala el profesor Guillermo Fernández Vázquez). No buscan debate, buscan eco. No buscan ideas, buscan titulares.
Y aun así, este miércoles no hubo espectáculo. Solo un pinchazo.
A las 17:15, Quiles llegó a Somosaguas separado de ambos grupos por un cordón policial y rodeado de un centenar de seguidores. Sus adversarios, varios cientos de estudiantes, estaban dentro del campus con una pancarta clara y pacífica: “Fuera fascistas de la universidad”. La diferencia de número y energía era evidente, y ese contraste desmontó cualquier intento de mostrar apoyo masivo.
Mientras el agitador hablaba de “feudo de Podemos”, “foco de infecciones comunistas” y acusaba falsamente a la rectora (que no lo es: el rector es Joaquín Goyache) de regalar cátedras, su audiencia lanzaba insultos a la multiculturalidad y cánticos directamente racistas. “Moros no, España no es un zoo”, gritaban quienes minutos antes se declaraban “gente pacífica”. La violencia simbólica estaba de su lado, no del estudiantado que respondía con un lema de otra naturaleza: “Pase lo que pase, unidad de clase”.
A las 18:00 ya no quedaba nada. Solo el eco de la prensa buscando declaraciones y un coche oficial llevándose a Quiles con la misma rapidez con la que llegó.
UNIVERSIDADES EN EL PUNTO DE MIRA DE LA EXTREMA DERECHA GLOBAL
La Complutense rechazó el acto por escrito. Lo hizo recordando que cualquier actividad en sus instalaciones debe ser autorizada por seguridad, convivencia y normalidad académica. Nada de eso le interesa a un agitador profesional.
El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, fue claro: la convocatoria era una “provocación” más. Lo que Quiles quiere no es hablar de libertad. Es suplantar la libertad académica con su marketing ideológico.
Los expertos consultados por elDiario.es lo explican sin ambages:
Ignacia Perugorría, socióloga:
“El conflicto, no la charla, es el verdadero evento.”
Generar altercados para reforzar la narrativa de que el pensamiento crítico es censura y la universidad es un territorio enemigo.
Jesús Casquete Vadallo, historiador del pensamiento:
“Las universidades son un objetivo porque son el lugar del conocimiento experto: cambio climático, género, democracia.”
La extrema derecha quiere destruir aquello que la contradice. Por eso elige la universidad.
Guillermo Fernández Vázquez, politólogo:
“No es casual. Es una estrategia compartida de toda la extrema derecha nacional-populista.”
La Complutense, además, tiene un componente simbólico: fue espacio de formación de Iglesias, Errejón, Monedero o Bescansa, pero también de dirigentes del PP como Ignacio Dancausa. El relato de que existe un “feudo de Podemos” es falso, pero útil para quienes viven de crear enemigos internos.
No es casualidad que los mismos grupos que reparten papeletas electorales a favor del actual rector acusen al personal docente de “adoctrinar”. Cuando avisan a la policía, Dancausa responde con amenazas de agresión. La neutralidad no existe cuando la extrema derecha decide colonizar un espacio: lo que busca es dominio, no pluralidad.
La juventud respondió de otra manera. Organizada, pacífica, consciente de que defender la universidad pública es defender su propio futuro. Estudiantes y docentes, mujeres y hombres, levantando la voz contra el odio y recordando algo básico: la universidad no es un plató de propaganda, ni un púlpito ultraderechista, ni un parque de atracciones para influencers reaccionarios. Es un lugar para pensar. Y pensar es lo que más teme el fascismo.
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