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A pesar de los intentos de algunos medios y periodistas de vendernos un país dominado por la derecha, los resultados de las elecciones del 23J muestran una realidad mucho más compleja y diversa
«España no se vende a la extrema derecha», debería ser el titular que emane de las elecciones generales de este 23J. A pesar del cacareado empuje de la derecha y de las voces que vaticinaban una gran victoria del PP, lo cierto es que el panorama político español sigue demostrando una notable resistencia a la simplificación y a la polarización. Las encuestas, otrora las brújulas que nos guiaban en el maremágnum de la política, han vuelto a fallar estrepitosamente. Nuevamente, nos encontramos ante un escenario postelectoral que desafía las predicciones y se burla de los análisis precipitados.
Los resultados reflejan un país que, aunque dividido, no está dispuesto a dar un cheque en blanco a los ultras. A pesar de las retóricas populistas, las proclamas del miedo y las predicciones alarmistas, España sigue resistiendo ante lo que significaría entregarse a la extrema derecha.
El PP, el partido que según las encuestas iba a arrasar en estas elecciones, se encuentra ahora mismo en un empate técnico con el PSOE. De los supuestos 150 escaños que iban a obtener según las encuestas, los populares se encuentran ahora luchando con uñas y dientes para mantener los 136 que lograron. ¿Dónde está el triunfo aplastante que prometían? ¿Dónde quedaron esas mayorías absolutas que se daban por descontado?
El PSOE, por otro lado, mantiene una solidez digna de nota. Los socialistas, lejos de ser arrastrados por la supuesta oleada conservadora, se mantienen firmes en la segunda plaza con 122 escaños, demostrando que sus propuestas siguen teniendo un apoyo considerable entre la ciudadanía.
Pero quizás la noticia más significativa sea la caída de Vox. La extrema derecha, que según algunos medios iba a ser la fuerza decisiva de estas elecciones, se ha quedado en un modesto tercer puesto con 33 escaños. Este resultado, lejos de confirmar su avance, apunta más bien a un estancamiento e incluso a un retroceso, con una caída notoria respecto a 2019.
Por su parte, Sumar también ha resistido a pesar de los pronósticos. Con 31 escaños, se mantiene como una fuerza política relevante, a pesar de los intentos de algunos medios de comunicación y analistas de relegarla a un papel secundario.
Una vez más, las urnas han desmentido a las encuestas. Las voces que apuntaban a una España entregada a la extrema derecha se han quedado en eso, voces. A pesar de los intentos de algunos medios y periodistas de vendernos un país dominado por la derecha, los resultados de las elecciones del 23J muestran una realidad mucho más compleja y diversa. España no se vende, ni a la extrema derecha ni a los profetas del apocalipsis político. Porque, en última instancia, la democracia siempre tiene la última palabra.
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