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Silicon Valley prepara un asalto político para impedir que los estados regulen la inteligencia artificial y concentrar aún más poder en Washington y en sus propios consejos de administración.
La democracia estadounidense vuelve a ponerse en venta. Esta vez el producto no es petróleo ni armas, sino algoritmos. Un super PAC llamado Leading the Future ha anunciado que invertirá al menos 100 millones de dólares en las elecciones de mitad de mandato de 2026 para garantizar que el próximo Congreso sea aún más dócil con la industria de la inteligencia artificial.
La cifra, confirmada por CNN el 11 de febrero, no es un simple gesto de influencia. Es una declaración de guerra regulatoria. El objetivo explícito del comité es elegir congresistas que aprueben una legislación federal única sobre IA que anule cualquier normativa estatal. Traducido: impedir que los estados puedan proteger a su ciudadanía frente a abusos tecnológicos si Washington decide mirar hacia otro lado.
DINERO PRIVADO PARA IMPONER UNA SOLA REGLA: LA SUYA
Detrás del super PAC están pesos pesados de Silicon Valley como Andreessen Horowitz y Joe Lonsdale, cofundador de Palantir. No se trata de filántropos preocupados por el bien común. Son inversores y ejecutivos cuyo modelo de negocio depende de expandir centros de datos, recolectar información masiva y operar con la menor fricción normativa posible.
La jugada no es nueva. En 2025, el senador republicano Ted Cruz intentó incluir en el gran paquete presupuestario del Partido Republicano una cláusula que bloqueara las regulaciones estatales sobre IA. La resistencia bipartidista logró retirarla. Pero el mensaje quedó claro: la industria quiere un cheque regulatorio en blanco.
El presidente Donald Trump firmó después una orden ejecutiva instruyendo al Departamento de Justicia a crear un grupo de trabajo para demandar a los estados que impongan regulaciones “excesivas”. Sin embargo, una orden ejecutiva puede revertirse con otra firma presidencial. Por eso ahora buscan algo más sólido: una mayoría legislativa comprada a golpe de talonario.
El investigador Matthew Stoller, del American Economic Liberties Project, lo resumió sin eufemismos: “esto es lo que parece una oligarquía”. Y lo es. Cuando un sector económico destina 100 millones de dólares a moldear el Congreso según sus intereses regulatorios, la línea entre democracia representativa y gobierno corporativo se difumina hasta desaparecer.
LA REPUTACIÓN TÓXICA Y LA GUERRA SUCIA
El movimiento llega en un momento de creciente desconfianza social hacia la IA. No solo en sectores progresistas. El gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, ha respaldado una “Carta de Derechos del Ciudadano frente a la IA” que incluiría garantías de privacidad y límites a los centros de datos. Desde la otra orilla, el senador Bernie Sanders ha pedido una moratoria total en la construcción de nuevos centros de datos.
La fractura es transversal. Y la industria lo sabe. Por eso Leading the Future no solo financia candidaturas afines. También lanza campañas negativas. Según Fast Company, el super PAC ha difundido anuncios contra el candidato demócrata por Nueva York Alex Bores resaltando su pasado laboral en Palantir, empresa criticada por suministrar tecnología a ICE para deportaciones masivas.
La ironía es obscena. Ex empleados de Palantir han señalado que el anuncio es engañoso y que durante la etapa de Bores la integración con ICE no era tan profunda como ahora. Quienes tienen intereses directos en la expansión de Palantir financian anuncios para castigar a quien pueda cuestionar ese mismo modelo. Es la tormenta perfecta de desinformación, dinero corporativo y manipulación electoral.
En 2026 no se decidirá solo qué partido controla la Cámara o el Senado. Se decidirá si los estados pueden legislar para proteger derechos laborales frente a la automatización, si pueden imponer estándares medioambientales a los centros de datos que consumen cantidades descomunales de energía y agua y si pueden establecer límites a la vigilancia algorítmica.
La promesa de una regulación federal uniforme se presenta como eficiencia. Pero en realidad es centralización del poder en manos de quienes tienen capacidad para capturar Washington. Las enfermeras y enfermeros, las trabajadoras y trabajadores de almacenes automatizados, las y los estudiantes cuyas tareas son procesadas por algoritmos opacos no han prometido 100 millones de dólares para influir en el Congreso. Las firmas de capital riesgo sí.
La inteligencia artificial se vende como el futuro inevitable. Lo que se oculta es que ese futuro se está diseñando en despachos donde el voto no cuenta y el dinero sí. Cuando la ley se escribe al dictado de quienes financian campañas, la democracia deja de ser un sistema de representación y se convierte en una subcontrata del capital tecnológico.
Esto no es innovación. Es concentración de poder con nombre y apellido. Y tiene un precio exacto: 100 millones de dólares.
Fuentes:
https://edition.cnn.com/2026/02/11/politics/palantir-midterms-artificial-intelligence-ai
https://www.commondreams.org/news/ai-super-pac-midterms
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