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Una persona ha atropellado diversas personas que participaban en una protesta del Black Lives Matter en Estados Unidos.
En Nueva York se llevaba a cabo una manifestación del Black Lives Matter, cuando, de repente, un coche ha atropellado diversos manifestantes.
Según la policía de Nueva York de la ciudad hay diversos heridos, pero ninguna víctima mortal. Los medios norteamericanos informan al respecto que seis personas han sido ingresadas en hospitales con diversas heridas, algunos graves.
El atropello sucedió ayer, viernes, poco después de las cuatro de la tarde, hora de Nueva York, Estados Unidos, en la esquina entre la Calle 39 y la Tercera Avenida, donde se encontraban unas cincuenta personas realizando una manifestación antiracista organizada por Black Lives Matter.

En las imágenes del incidente puede verse como el coche acelera justo delante de la manifestación.
Poco después la conductora sería detenida por la policía.
La manifestación se llevaba a cabo en apoyo al grupo de inmigrantes que hace 28 días declararon una huelga de hambre en el centro de detención de Bergen, Estados Unidos. Estos denuncian las malas condiciones de la cárcel, donde afirman que hay ratas y que no reciben asistencia medica.
¿Qué explica la violencia racista extrema en Estados Unidos?
En las últimas semanas estamos viviendo diversos altercados racistas en Estados Unidos que están conmocionando a la población mundial (o deberían hacerlo), generando un amplio número de espacios de reflexión en diferentes ámbitos.
Son muchos los estudios que se han dedicado a explicar estos casos en los que existe un exceso de autoridad y de poder, a veces hasta extremos completamente inauditos y totalmente injustificables, con conductas de una alta carga discriminatoria, en múltiples escenarios, como en la escuela o el instituto, en el ámbito laboral e institucional y a veces, paradójicamente, como veíamos, en el de los cuerpos de seguridad.
Emociones, creencias y discriminación
La conducta discriminatoria en Estados Unidos se acompaña de un pensamiento y unas emociones acordes a la misma. Estos tres conceptos son dimensiones de la actitud, según la teoría tricomponental: el primero tiene que ver con las emociones (el prejuicio, que es el componente afectivo); el siguiente, con las creencias (los estereotipos, que conforman el componente cognitivo) y el último, con la discriminación (que es el componente conductual). Los tres componentes están profundamente interrelacionados.
Veámoslo con un ejemplo: si una persona que es seleccionador de un equipo deportivo piensa que las personas negras son deportistas de élite por naturaleza (estereotipo, componente cognitivo), sentirá admiración hacia ellas (componente afectivo) e intentará contratarlas para su equipo (componente conductural).
En el otro polo existirían personas que piensen, por ejemplo, que los individuos negros son agresivos y que suelen generar problemas y, por lo tanto, sentirían rechazo y/o miedo hacia ellos y se comportarían evitándolos o, si tuvieran más poder, sometiéndoles a un castigo.
En este caso, la actitud desfavorable hacia las personas negras se denomina racismo. Seguramente creamos que el racismo se circunscribe solo a algunos casos extremos y en algunos ambientes pero, desgraciadamente, nada más lejos de la realidad. Esto ocurre porque existen mecanismos automáticos que dificultan que actuemos siempre con total consciencia de nuestros actos.
Mecanismos conscientes versus mecanismos automáticos
El interés social en ser igualitarios es algo bastante reciente en la historia. De hecho, es en los años 60 cuando el prejuicio y la discriminación empiezan a estudiarse desde una perspectiva social en vez de desde un origen individual.
A finales de los años 80, los investigadores en Psicología Social empiezan a tener claro que existe una tendencia social a ser igualitario o, al menos, a parecerlo, por deseabilidad social (es decir, el deseo de ser aprobado socialmente).
A partir de entonces, comienzan a surgir modelos o teorías (racismo moderno, racismo sutil, simbólico o aversivo) que presentan una ambivalencia en las personas, con actitudes positivas y negativas hacia diversos grupos sociales (entre ellos, personas negras y mujeres): el deseo de ser igualitarios (derivado de los valores de justicia y equidad) y la tendencia proveniente de la socialización tradicional que categoriza a los grupos dependiendo de su estatus histórico.
Actualmente, estas teorías siguen estando vigentes, pues como podemos observar en el panorama actual, la sociedad sigue presentando comportamientos discriminatorios que siguen necesitando profundas explicaciones.
A estas teorías que presentan la lucha que vive en cada persona entre la tendencia discriminatoria y la intención de ser igualitarios se suman, casi al principio de los 90, los conceptos de la automaticidad y control sobre la activación de los estereotipos que presenta Patricia Devine.
Ella explicaba que la socialización es tan fuerte que se instaura de manera automática y solo dejará de expresarse en nuestra conducta con un alto control de ésta, que solo puede provenir de nuestra motivación por ser justos e igualitarios.
Así, cuando tengamos suficiente motivación y recursos cognitivos (sin cansancio, pudiendo realizar una sola tarea, etc.) podremos impedir la aplicación de los estereotipos tradicionales y controlar nuestro comportamiento. Una importante cantidad de estudios demuestran que, en cuanto la persona tiene demasiada carga cognitiva, es difícil suprimir la aplicación de los estereotipos tradicionales, de manera que la persona se comporta discriminatoriamente.
La violencia extrema de los policías
Ya sabemos por qué podemos comportarnos de manera discriminatoria, incluso sin desearlo. Pero ¿qué es lo que explica la violencia extrema y, especialmente, de las fuerzas que deberían proteger a la ciudadanía?
Aunque hay muchas investigaciones en psicología social sobre el tema, para comprenderlo vamos a explicar un trabajo de investigación realizado estos últimos meses que alude a la creencia de las personas sobre lo que ellas mismas merecen y cómo reaccionan si ellas y otras no son favorecidas.
Según este estudio, los individuos que creen tener ciertos privilegios no saben gestionar el hecho no tener suerte en cualquier cuestión aleatoria en la que pierdan o salgan desfavorecidos.
Así, los autores establecieron dos grupos, personas con altos y con bajos niveles de creencias sobre sus derechos, y los enfrentaron a una situación en la que el azar decidía si debían realizar una tarea divertida o aburrida.
Cuantos más derechos, más ira
Los resultados mostraron que las personas que creían ser tener más derechos reaccionaron con ira al ver que dichos privilegios no eran reconocidos. Esta emoción se mantenía cuando, en vez de propiciar una situación determinada, se les pedía que recordaran una situación en la que habían sido tratadas injustamente. Cuántos más derechos creía tener la persona, más ira experimentaba.
Pero, ¿qué ocurría si el recuerdo se centraba en la injusticia cometida sobre otra persona? En este caso, se encontraron dos diferencias clave: la primera es que la reacción ya no era de ira, sino de lástima por la otra persona; y la segunda era que solo cuando el nivel de creencia sobre sus propios derechos era bajo se sentía lástima hacia las personas que habían sido tratadas injustamente. O, lo que es lo mismo, las personas que creen merecérselo todo no sienten lástima ante la desgracia de los demás.
A veces la realidad pone de manifiesto que algunas personas que se creen con más derechos y autoridad que otras hacen abuso de poder sin miramientos.
Los últimos apartados pertenecen a Beatriz Montes Berges para The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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