Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Limitar al 35% la publicidad institucional es una tibieza que mantiene intacta la dependencia estructural de los medios respecto al poder político
El Gobierno ha anunciado que aprobará en Consejo de Ministros un anteproyecto de ley que limitará al 35% el porcentaje máximo de ingresos que un medio de comunicación podrá recibir en forma de publicidad institucional. La norma, impulsada por el Ministerio de Transformación Digital que dirige Óscar López, obligará además a hacer pública la propiedad de los medios.
Sobre el papel, suena razonable. Transparencia y límites al dinero público. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿por qué el límite es el 35% y no el 0%? ¿Por qué seguir permitiendo que más de un tercio de los ingresos de un medio provenga directamente de gobiernos a los que luego debe fiscalizar?
El Ejecutivo justifica la medida en el espíritu del European Media Freedom Act, aprobado por socialistas, populares y liberales en la Unión Europea, que exige transparencia en la propiedad y controles sobre la publicidad institucional. También sostiene que ningún “medio relevante” supera ese umbral del 35%, aunque reconoce que algunos de los que el presidente ha llamado “pseudomedios” llegan a recibir más del 50% de sus ingresos de las administraciones.
El argumento oficial es que se pretende evitar que gobiernos autonómicos o locales sostengan artificialmente medios sin viabilidad económica para convertirlos en altavoces dóciles. Es cierto que eso ocurre. Y no es patrimonio exclusivo de un color político. La publicidad institucional ha sido durante décadas una herramienta de disciplina editorial: quien incomoda, pierde campañas; quien aplaude, las gana.
Pero si el problema es la dependencia económica del poder político, fijar el techo en el 35% no rompe la lógica, la normaliza.
REGULAR SIN TOCAR EL MODELO
La obligación de publicar la propiedad de los medios es un paso necesario. Saber quién financia, quién participa en el accionariado y qué intereses cruzan una cabecera es básico para que lectoras y lectores puedan interpretar la información con contexto. En un ecosistema atravesado por fondos de inversión, constructoras, bancos y grupos energéticos, la opacidad ha sido un escudo demasiado cómodo.
Sin embargo, el debate no puede quedarse ahí. Porque la dependencia de la publicidad institucional no es una anomalía aislada, sino la consecuencia de un modelo mediático mercantilizado. Mientras la supervivencia de los medios dependa de la publicidad (pública o privada), la autonomía será siempre frágil.
El Gobierno afirma que la limitación no afectará a los grandes medios. Precisamente ahí reside la paradoja. Si ninguno de los actores dominantes supera el 35%, la medida no altera el equilibrio de poder real. Solo marca una línea roja para casos extremos. Y aun así, deja margen a lo que el propio texto reconoce: subterfugios a través de empresas públicas, entes semipúblicos o fórmulas indirectas.
Regular tarde y con techo alto no transforma la estructura. La publicidad institucional seguirá siendo una palanca de influencia política, solo que con porcentaje tasado.
ENTRE LA CENSURA Y EL CLIENTELISMO
La derecha ya ha reaccionado. El PP y Vox hablan de “censura” y se presentan como defensores de la libertad de prensa, mientras apadrinan a agitadores profesionales y blanquean plataformas que viven de la confrontación permanente. Pero conviene no caer en esa trampa discursiva. Limitar el dinero público no es censura. Lo que sí es problemático es decidir qué modelo de financiación pública queremos para garantizar el derecho a la información.
Porque el debate de fondo no es si un medio puede recibir el 35%, el 30% o el 50% de sus ingresos del Estado. El debate es si el derecho a la información debe depender del mercado y de su lógica de rentabilidad.
En La Moncloa sostienen que el ecosistema informativo está “inclinado” hacia la desinformación y que regular es imprescindible para contrarrestar bulos, deepfakes y campañas coordinadas. Y es cierto que el deterioro del espacio público es evidente. Pero regular la publicidad institucional sin cuestionar el modelo empresarial de los medios es intentar apagar un incendio con un vaso de agua.
Un sistema en el que la viabilidad depende de anunciantes, clics y subvenciones es un sistema donde la independencia siempre tiene precio. Y ese precio lo pagan las redacciones precarizadas, las periodistas autónomas, las trabajadoras y trabajadores que ven cómo la línea editorial oscila al ritmo de las campañas.
El Gobierno defiende que, si la ley no prospera por falta de apoyos parlamentarios, al menos quedará el gesto político. Un gesto que, de aprobarse, “dejaría en evidencia” a quienes critican lo público mientras viven de él.
Pero el problema no es la incoherencia de algunos medios que se declaran liberales y sobreviven gracias al dinero institucional. El problema es que la arquitectura mediática sigue diseñada para que el poder económico y el poder político sean los grandes financiadores de la conversación pública.
Si de verdad se quiere blindar la independencia, el debate debería ir mucho más lejos: financiación pública transparente, estable y desligada de gobiernos concretos; apoyo a medios comunitarios y cooperativos; y una ruptura real con el modelo publicitario como columna vertebral del periodismo.
Porque permitir hasta un 35% de dependencia no es una revolución democrática. Es una concesión calculada. Y mientras el periodismo siga atado a quien paga la factura, la libertad seguirá siendo condicional.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir