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Violaciones en grupo y esclavitud sexual: una emergencia humanitaria ignorada
Combatientes de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y milicias aliadas han llevado a cabo violaciones y esclavitud sexual en el estado de Kordofán del Sur, Sudán, desde septiembre de 2023. Lo que podría describirse como actos aislados forma parte, en realidad, de una estrategia sistemática de terror contra la población civil, especialmente dirigida a mujeres y niñas. Los relatos documentados por Human Rights Watch son, en palabras frías y burocráticas, crímenes de guerra y posiblemente crímenes de lesa humanidad. Pero en la realidad de los cuerpos y las vidas destruidas, es una barbarie organizada que desgarra comunidades enteras.
Hania, una joven de 18 años, fue arrancada de su hogar en Fayu, cuando tenía tres meses de embarazo. Permaneció durante tres meses en una base militar de las RSF, donde fue violada repetidamente. El testimonio de Hania no es un caso aislado. Como ella, al menos 79 mujeres y niñas de entre 7 y 50 años han sido violadas desde diciembre de 2023, muchas de ellas en grupo, en sus propios hogares, en presencia de sus familias o bajo condiciones de esclavitud sexual. La narrativa repetida de cuerpos invadidos mientras el resto del mundo guarda silencio es un folio de la barbarie contemporánea que nadie quiere leer, pero que no se puede ignorar.
En palabras de Belkis Wille, directora adjunta de Crisis y Conflictos en Human Rights Watch: «Los Estados miembros de la ONU y la Unión Africana deben actuar con urgencia para asistir a las sobrevivientes, proteger a otras mujeres y garantizar justicia».
Un patrón de terror y silencio en el Sur Global
Los testimonios recogidos por Human Rights Watch revelan una violencia metódica. Una mujer Nuba de 35 años relató que seis combatientes de las RSF la violaron en grupo tras asesinar a su esposo y a su hijo. «Tú, Nuba, hoy es tu día», le dijeron antes de destruir su vida para siempre. Otras mujeres narraron cómo las RSF las llevaron a bases militares junto con decenas de otras cautivas. Durante meses, fueron encadenadas, violadas y golpeadas en un infierno de impunidad absoluta.
Estos crímenes, lejos de ser un daño colateral del conflicto, forman parte de una estrategia militar y política. La violencia sexual, usada aquí como arma de guerra, busca no solo someter a las mujeres, sino destruir las comunidades que las sostienen. En Kordofán del Sur, la población nuba ha sido particularmente objetivo de estas atrocidades. Su resistencia histórica y su identidad cultural son vistas como una amenaza por las RSF, que, con brutalidad metódica, intentan aniquilar cualquier oposición a su control.
En paralelo, la comunidad internacional ha mirado hacia otro lado. Las Naciones Unidas y la Unión Africana han emitido informes y recomendaciones, pero la realidad es que las mujeres y niñas sudanesas siguen siendo abandonadas. Los crímenes se cometen a plena luz del día, en aldeas conocidas y en bases militares, sin que ningún agresor rinda cuentas. Como una de las sobrevivientes declaró: «Nadie puede hacer nada. Solo puedo denunciarlo ante Dios».
Esclavitud sexual y la banalización del horror
Las cifras y los testimonios coinciden con hallazgos previos de la ONU y de otras organizaciones de derechos humanos. Lo que ocurre en Sudán no es un fenómeno nuevo: las RSF ya cometieron atrocidades similares en Darfur en 2023, y la violencia sexual generalizada ha sido documentada también en Jartum y otras ciudades desde el estallido del conflicto en abril de ese año. Sin embargo, cada nuevo informe reafirma lo que no debería ser normalizado: la esclavitud sexual es una práctica sistemática que debe ser tratada como un crimen de lesa humanidad.
En los testimonios recogidos, las sobrevivientes narran no solo el horror físico de las violaciones, sino también las condiciones de esclavitud a las que fueron sometidas. Fueron encadenadas, golpeadas y utilizadas como botín de guerra. Sus cuerpos no solo fueron invadidos, sino despojados de su humanidad. La comunidad internacional debe dejar de utilizar términos suaves y enfrentar la realidad: las mujeres y niñas sudanesas son esclavizadas y torturadas por actores armados que gozan de absoluta impunidad.
Una llamada urgente a la acción internacional
La ONU y la Unión Africana tienen el deber de actuar. No basta con documentar crímenes o emitir declaraciones condenatorias. Es urgente desplegar misiones de protección con recursos y mandatos claros para prevenir más violencia sexual, brindar atención integral a las sobrevivientes y garantizar que los perpetradores rindan cuentas.
Human Rights Watch ha pedido el apoyo de los Estados miembros de la ONU a la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos, pero hasta el momento, la justicia sigue siendo una quimera. La falta de acción no solo perpetúa la violencia, sino que también envía un mensaje devastador: los cuerpos de las mujeres en Sudán son territorio de guerra y nadie vendrá en su ayuda.
Como bien señaló Belkis Wille: «Las víctimas sudanesas apenas han tenido acceso a servicios, y mucho menos a reparación o esfuerzos concretos para detener estos horrendos crímenes». Mientras tanto, las mujeres de Kordofán del Sur continúan siendo abandonadas, con sus cuerpos y vidas convertidos en folios de una barbarie que nadie quiere leer. La justicia no puede seguir siendo solo un concepto para las mujeres de Sudán.
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