Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El nuevo capitalismo ya no vende productos: te vende a ti. Y lo hace con tu consentimiento fabricado.
Hay algo profundamente enfermizo en descubrir que una empresa conoce tu nombre, tu dirección, tu teléfono, tus hábitos y hasta tus intereses políticos sin que recuerdes haberle dado nunca permiso. Más aún cuando intentas borrar esos datos y descubres que es casi imposible. Correos sin respuesta. Teléfonos mudos. Formularios diseñados para desesperarte. Silencio.
Eso es exactamente lo que muestra el último episodio de Se nos ha ido de las manos, el programa de Carles Tamayo emitido el 26 de mayo en RTVE. Un trabajo incómodo. Mucho. Porque obliga a mirar de frente uno de los negocios más turbios y rentables del capitalismo digital contemporáneo: el tráfico masivo de datos personales.
Durante semanas, Tamayo recibe llamadas comerciales de empresas que saben demasiado sobre él. No solo su número. También dónde vive, cómo contactar con él y otra información privada que jamás recuerda haber compartido. Tirar del hilo lleva hasta un nombre concreto: Egentic, una empresa alemana dedicada al negocio del data brokering. Es decir, comprar, cruzar y vender perfiles detallados de personas como quien comercia con soja o petróleo.
Y ahí empieza el absurdo. En su propia web, Egentic asegura que cualquier ciudadano tiene derecho a retirar el consentimiento sobre el uso de sus datos personales. Lo dice el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea. Muy bonito sobre el papel. La realidad es otra cosa. Carles intenta contactar con la empresa por correo electrónico, teléfono e incluso fax. Nada. Viajan hasta Alemania para buscar respuestas en persona. Otra vez nada. Un muro. Uno más.
Porque el problema no es solo que recojan datos. El problema es que han construido un sistema diseñado para que nunca puedas recuperar el control sobre ellos.
El periodista y experto en derechos digitales Ingo Dachwitz lo resume de forma demoledora durante el programa: “Ellos no quieren que sepas cómo funciona”. Y probablemente esa sea la frase más importante de toda la investigación. Porque el negocio depende precisamente de eso. De que no entiendas. De que aceptes cookies sin leer. De que pulses “aceptar” agotado. De que regales información a cambio de una app gratuita, un descuento absurdo o cinco céntimos acumulados en una tarjeta de puntos.
LA DEMOCRACIA DEL ALGORITMO: CUANDO LAS EMPRESAS YA NO QUIEREN VENDERTE COSAS, SINO MANIPULARTE
La parte más inquietante llega cuando Tamayo decide infiltrarse en el sistema. Convertir temporalmente su inmobiliaria ficticia, Voltor & Voltor, en un data broker. Y lo consigue con una facilidad insultante.
Montan una campaña sencilla: ofrecer 50 euros en gasolina a cambio de rellenar formularios. Parece inocente. Un regalo rápido. Una promoción más. Pero detrás de esas preguntas se esconde una maquinaria de extracción brutal. Datos personales, gustos, emociones, habilidades, experiencias vitales. Todo empaquetado y clasificado.
Y funciona.
Con esa información, sumada a técnicas habituales como cookies, rastreo online, compra de datos filtrados en la dark web y segmentación de perfiles, consiguen construir una base de datos valorada en más de 20.000 euros. Veinte mil euros obtenidos comerciando con vidas ajenas. Con personas convertidas en mercancía digital.
Lo más perverso ni siquiera es el dinero. Es el objetivo final.
Porque ya no hablamos solo de venderte unas zapatillas o un seguro médico. Hablamos de modificar comportamientos. De moldear opiniones políticas. De alterar percepciones sociales sin que la gente sea plenamente consciente. Y ahí el documental pega donde duele.
Tamayo logra contactar con una consultora política haciéndose pasar por un grupo de presión interesado en influir en unas elecciones. La respuesta que recibe es escalofriante por lo natural que suena. “Lo podemos hacer sin hablar directamente de votar”. Sin necesidad de propaganda explícita. Sin mítines. Sin debates públicos. Solo trabajando “la percepción”.
Esa es la palabra clave del capitalismo digital contemporáneo: percepción.
Ya no necesitan censurarte. Ya no hace falta prohibir periódicos o cerrar televisiones. Basta con inundarte de estímulos diseñados para llevarte exactamente hacia donde otros quieren. Un vídeo aquí. Una noticia sugerida allá. Una campaña emocional. Un anuncio personalizado. Un miedo concreto amplificado en el momento adecuado.
Y mientras tanto seguimos creyendo que internet es gratis.
No lo es. Nunca lo fue.
Pagamos con nuestros datos. Con nuestros patrones de consumo. Con nuestras relaciones personales. Con nuestras inseguridades. Incluso con nuestras emociones. Cada clic deja un rastro. Cada búsqueda alimenta una maquinaria gigantesca que genera miles de millones mientras la ciudadanía apenas entiende qué está entregando realmente.
Las aplicaciones gratuitas, las tarjetas de fidelización de supermercados, los sorteos absurdos en redes sociales, las encuestas disfrazadas de entretenimiento, los permisos infinitos que aceptamos sin leer. Todo responde a la misma lógica extractiva. Una minería contemporánea donde el recurso natural ya no es el petróleo. Eres tú.
Y lo más inquietante es que este sistema ya no opera en los márgenes. Está completamente integrado en la vida cotidiana. Normalizado. Invisibilizado. Convertido en rutina.
El capitalismo descubrió hace tiempo que la mercancía más rentable del planeta no era el oro ni el petróleo. Era la intimidad humana.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Trumpismo teocrático: los republicanos de Carolina del Norte ya plantean legalizar asesinatos para impedir abortos
Quieren que parezca una “defensa de la vida”. Pero lo que están escribiendo en Carolina del Norte es otra cosa: una puerta legal para justificar violencia contra mujeres, personal sanitario y cualquiera que ayude a abortar.
Sí. Legisladores republicanos han presentado una propuesta que podría amparar el uso de fuerza letal para impedir abortos. No es una exageración. Está en el texto.
El trumpismo ya no discute derechos reproductivos. Está construyendo un proyecto teocrático donde el cuerpo de las mujeres deja de pertenecerles y el fanatismo religioso empieza a infiltrarse en las leyes. Primero fueron las prohibiciones. Luego los anticonceptivos. Ahora esto.
Y lo peor es que estas barbaridades nunca aparecen de golpe. Primero parecen imposibles. Después “debatibles”. Luego llegan las víctimas.
Trump amenaza a Omán mientras hace negocios millonarios en el Golfo: la diplomacia mafiosa de “o obedecéis o os bombardeamos”
Trump amenaza con “volar por los aires” a Omán mientras hace negocios millonarios allí. Sí. El mismo Trump que prometía acabar con las guerras eternas. El mismo que vende el personaje de presidente pacifista mientras convierte Oriente Medio en una mezcla de casino, petróleo y amenazas militares.
Y lo peor no es solo la frase. Es la normalidad con la que ya se acepta que un presidente de Estados Unidos amenace públicamente a un aliado histórico porque intenta negociar con Irán el control del estrecho de Ormuz. Diplomacia mafiosa. O haces lo que digo o te destruyo.
Mientras tanto, su empresa levanta un resort de lujo de 500 millones de dólares en Omán. Bombas arriba. Campos de golf abajo. El capitalismo convertido en chantaje geopolítico televisado.
Lo contamos en este artículo. Sin maquillaje. Sin la propaganda del “presidente anti guerras”.
El Rocío vuelve a convertirse en una romería de muerte animal mientras las instituciones miran hacia otro lado
¿Cuántos animales tienen que morir para que alguien diga basta en El Rocío?
Este año ya van 18. Caballos desplomados. Mulas abrasadas en un camión. Bueyes atados al sol sin agua. Y mientras tanto, las instituciones maquillando cifras y hablando de “cólicos” para no llamar a las cosas por su nombre.
No es tradición si el sufrimiento forma parte del espectáculo. No es cultura si nadie responde por los animales que revientan en mitad del camino. Y no, no son “casos aislados”. Llevamos años viendo lo mismo. Año tras año. Cadáver tras cadáver.
Hemos contado todo lo que no aparece en los comunicados oficiales. Las cifras. La opacidad. Las inspecciones sin explicación. El negocio que se esconde detrás de una romería convertida en postal intocable.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir