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El cierre del Gobierno y los recortes de Trump golpean de lleno a mujeres y criaturas vulnerables en Estados Unidos
EL HAMBRE COMO ARMA POLÍTICA
El país más rico del mundo podría dejar sin comida a más de 7 millones de mujeres, niñas y niños a partir de la próxima semana. No se trata de una catástrofe natural ni de un imprevisto económico. Es la consecuencia directa del cierre del Gobierno impulsado por Donald Trump y los republicanos, que se niegan a aprobar un presupuesto que garantice la continuidad del programa WIC (Women, Infants, and Children). Este programa federal proporciona alimentos básicos como leche, fruta fresca y leche maternizada a madres gestantes, lactantes y criaturas menores de cinco años.
Según datos oficiales, el WIC beneficia a una de cada cuatro criaturas pequeñas en Estados Unidos. En Puerto Rico la cifra asciende al 76%, en California al 38% y en Nueva York al 35%. Es una red de supervivencia que sostiene a familias trabajadoras y empobrecidas en un país donde la desigualdad se mide en neveras vacías y cuentas bancarias con números rojos.
“Habrá bebés que nazcan sin apoyo para la lactancia ni acceso a leche maternizada”, denunció Nicole Flateboe, directora ejecutiva de Nutrition First, en declaraciones recogidas por Washington State Standard. “Será un desastre.” La palabra no es una exageración: lo que está en juego no es una cifra del presupuesto, sino la nutrición básica de millones de criaturas.
Mientras tanto, la congresista Ayanna Pressley ha acusado a los republicanos de “jugar con la vida de la gente”. La organización Food & Water Watch calcula que más de cinco millones de niñas y niños podrían quedarse sin alimentos en cuestión de días si el bloqueo persiste.
El cierre del Gobierno, presentado por Trump como un pulso “patriótico” para forzar concesiones demócratas, se traduce en hambre, desesperación y miseria para los sectores más vulnerables. El trumpismo vuelve a mostrar su verdadero rostro: el de un nacionalismo cruel que premia a los multimillonarios y castiga a las madres pobres.
LOS RECORTES DEL “AMÉRICA PRIMERO”
La crisis no surge de la nada. En julio, Trump firmó la llamada Ley OBBBA (One Big Beautiful Bill Act), un nombre pomposo para la legislación con los mayores recortes sociales en décadas. La norma eliminó el acceso a alimentos y atención médica para más de dos millones de personas al desmantelar los programas SNAP (antiguos cupones de alimentos) y Medicaid, desviando miles de millones hacia nuevos regalos fiscales para las grandes fortunas y corporaciones.
El trumpismo se alimenta de la pobreza ajena. Cada recorte social se disfraza de “eficiencia presupuestaria”, pero su objetivo real es consolidar un país donde las mujeres trabajadoras cargan solas con el hambre de sus criaturas. Según Food & Water Watch, el proyecto republicano de mantener los niveles actuales de financiación equivaldría a un recorte real de 600 millones de dólares, debido a la inflación.
Mientras tanto, el propio Trump asegura que usará “los ingresos arancelarios” para financiar temporalmente el WIC, una promesa imposible sin la aprobación del Congreso. El Departamento de Agricultura (USDA), que gestiona los programas de asistencia alimentaria, opera ya bajo mínimos debido a los recortes de personal y presupuesto impulsados por su propia administración. “No confiamos en que el USDA maneje esto sin caos”, admite Flateboe.
El desmantelamiento de la política pública tiene un propósito: acabar con la idea de Estado como garante de derechos. Transformar la ayuda social en caridad, y la solidaridad en delito. Como señaló la congresista Nydia Velázquez, “las familias no deberían pagar el precio del colapso moral y político del Partido Republicano.”
Hoy, en la primera potencia del planeta, se amenaza con dejar sin comida a millones de criaturas mientras los multimillonarios celebran recortes fiscales históricos. La economía de Trump no es liberal ni patriótica: es una maquinaria de exclusión que devora a sus propias gentes.
El hambre, otra vez, se convierte en ideología.
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