Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El presidente de Estados Unidos abre otra cruzada irracional, esta vez contra el medicamento más común, mientras la ciencia internacional desmonta sus afirmaciones.
LA POLÍTICA COMO NEGOCIO DE MIEDO
Donald Trump ha vuelto a colocar la salud pública en el centro de su espectáculo. El día 22 anunció que el paracetamol, usado por millones de embarazadas en todo el mundo, estaría vinculado al autismo. Lo hizo en la Casa Blanca, rodeado de cámaras y acompañado por su secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., conocido por difundir teorías antivacunas.
La escena resume un modelo político: fabricar miedo y presentarse como salvador. El presidente habló de un “aumento meteórico” del autismo en las últimas dos décadas —según él, un 400%— y señaló que “ese tipo de escalada sabes que es artificial, que es algo que están tomando”. Con esa frase se permitió dar la espalda a décadas de investigación científica.
El paracetamol (acetaminofeno en Estados Unidos, comercializado como Tylenol) está entre los fármacos más prescritos del planeta. Lo recomiendan médicas y médicos porque es el único analgésico que no pone en riesgo la gestación. Fiebres no tratadas pueden provocar complicaciones graves, desde preeclampsia hasta pérdida del bebé. Sin embargo, Trump prefiere sugerir que la causa del autismo está en una pastilla cotidiana y no en los múltiples factores genéticos y ambientales que la ciencia lleva años documentando.
El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos ha tenido que salir a recordar algo elemental: el paracetamol es seguro para embarazadas. Christopher Zahn, director de práctica clínica de la institución, lo resumió: “Los trastornos del neurodesarrollo son multifactoriales y muy difíciles de asociar con una única causa”.
LA CIENCIA FRENTE AL RUIDO POLÍTICO
Las cifras desmienten a la Casa Blanca. En 2020 el autismo se diagnosticaba en 1 de cada 36 niños y en 2022 en 1 de cada 31. No porque haya una “epidemia”, sino porque se ampliaron criterios diagnósticos y mejoró la detección temprana. Lo confirma el propio CDC antes de que Kennedy despidiera en masa a sus comités científicos para sustituirlos por afines a su agenda.
Estudios internacionales también desarman la narrativa presidencial. En 2024 una investigación con 2,5 millones de niños en Suecia no halló relación entre acetaminofeno y autismo. Un metaanálisis de 2025 revisando 46 estudios previos detectó ligeras asociaciones, pero subrayó que correlación no significa causalidad y que el medicamento debe seguir prescribiéndose en dosis bajas y tiempos limitados. Otras investigaciones en Europa y Japón apuntan a factores de fondo como genética, contaminación o historial de salud familiar.
Nada de eso importa en el universo Trump. Lo que sí cuenta es el efecto económico inmediato: las acciones de Kenvue, fabricante de Tylenol, cayeron un 5,5% el mismo lunes del anuncio y ya acumulaban una pérdida del 17% desde que el Wall Street Journal filtró los planes del Gobierno. La bolsa se convierte así en altavoz y termómetro de una cruzada política disfrazada de sanitaria.
El escenario recuerda al bulo de las vacunas y el autismo impulsado hace décadas por un estudio falso y retirado. Kennedy lo resucitó para construir su carrera política y Trump ahora lo institucionaliza desde el Despacho Oval. La Casa Blanca se transforma en una máquina de propaganda que recicla teorías médicas desacreditadas para imponer miedo colectivo.
Mientras tanto, las mujeres embarazadas reciben mensajes contradictorios. Médicas y médicos insisten en que el paracetamol es la opción más segura. El Gobierno les advierte que lo eviten salvo fiebre muy alta. Y millones de personas en todo el mundo contemplan cómo el país con más recursos científicos se deja arrastrar por supersticiones políticas.
Trump no ha encontrado la causa del autismo. Lo que ha encontrado es otra manera de convertir el dolor ajeno en munición electoral. Porque al final, en su modelo de poder, no importa la salud pública ni la evidencia médica. Importa quién controla el relato. Y hoy, el relato presidencial convierte una pastilla cotidiana en enemigo público número uno.
La mentira, cuando se viste de decreto, mata más que cualquier virus.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Ayuso convierte la maternidad en trinchera ideológica con su “ley del concebido no nacido”
Isabel Díaz Ayuso ha anunciado que el próximo 2 de julio llevará a la Asamblea de Madrid un pleno extraordinario para debatir y aprobar la llamada “ley del concebido no nacido”. No es una anécdota parlamentaria. No es una medida técnica. Es una pieza más en la ofensiva reaccionaria que intenta reescribir los derechos sexuales y reproductivos con lenguaje administrativo, una carpeta institucional y una sonrisa de superioridad moral.
La propuesta reconoce al “concebido no nacido” como “miembro más de la unidad familiar”. Dicho así parece una fórmula burocrática. Pero no lo es. Es política pura. Y de la más peligrosa: la que pretende colarse por la puerta de las ayudas sociales para instalar una visión ultraconservadora de la maternidad, del cuerpo de las mujeres y de la familia. No están ampliando derechos: están moviendo el marco para que el embarazo pese jurídicamente antes que la vida material de las mujeres.
El pacto entre EE.UU. e Irán redibuja Oriente Medio y deja a Israel mirando el desastre
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán, firmado el 18 de junio por Donald Trump y Masoud Pezeshkian, ya tiene su etiqueta grandilocuente: el “gran pacto”, el “acuerdo del siglo”, la jugada histórica que supuestamente cerraría una etapa de guerra y abriría otra de negociación. La liturgia también fue cuidadosamente escogida. Trump lo formalizó en Versalles, al margen de la cumbre del G7, como si el decorado imperial pudiera maquillar lo evidente: las potencias no reconstruyen el orden internacional, lo reparten.
Es el primer pacto firmado por un presidente estadounidense y un presidente iraní desde la Revolución Islámica de 1979. No es un detalle menor. Tiene 14 puntos, prolonga el alto el fuego durante 60 días, incluye a Líbano y abre la puerta a negociar un arreglo permanente, incluido el programa nuclear iraní. Dicho así parece diplomacia. Pero la diplomacia, cuando llega después de miles de muertos, suele ser el nombre elegante del fracaso moral.
Israel rompe con Kaja Kallas porque ya no soporta que Europa pronuncie la palabra apartheid
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, anunció el 18 de junio que rompe “todo contacto” con la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. La razón, según él, es que Kallas habría comparado a Israel con la Sudáfrica del apartheid durante una visita a México el pasado mayo. No hablamos de una ruptura por una masacre, ni por la expansión colonial en Cisjordania, ni por el asedio a Gaza, ni por la normalización de un régimen de privilegio étnico, militar y territorial. Hablamos de una ruptura por una palabra.
Ahí está el asunto. Israel no rompe con quien bombardea, ocupa, desplaza, bloquea o coloniza. Rompe con quien señala.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
La ciencia siempre es la verdad, frente a la política y economía mundial.