Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El presidente estadounidense sube la apuesta en la guerra comercial y plantea absorber Canadá como el estado 51
Donald Trump ha vuelto a desatar el caos en la política internacional con una amenaza directa a la soberanía de Canadá. El presidente estadounidense ha anunciado una subida del 50% en los aranceles al acero y al aluminio procedente de Canadá, en respuesta a la decisión de Ontario de imponer un recargo del 25% sobre la electricidad que vende a Estados Unidos. Pero la escalada ha ido mucho más allá de lo comercial: Trump ha sugerido que Canadá debería dejar de existir como nación independiente y convertirse en el estado 51 de Estados Unidos.
“Lo único que tiene sentido es que os convirtáis en nuestro amado estado 51”, tuiteó Trump, dejando claro que sus intenciones van más allá de un simple conflicto comercial. La amenaza de anexionar Canadá ha generado una ola de indignación internacional, pero en Washington ha sido recibida con el habitual silencio cómplice de los republicanos.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha tratado de rebajar la tensión al afirmar que Trump “se está pensando” si finalmente impondrá el arancel del 50% al acero y al aluminio canadiense. Sin embargo, el daño ya está hecho: las relaciones diplomáticas entre Canadá y Estados Unidos han entrado en un terreno desconocido desde la Guerra de 1812.
El problema de fondo es que las amenazas de Trump no solo afectan al comercio. La industria del automóvil de Canadá y Estados Unidos está altamente interconectada, y un arancel del 50% a los coches canadienses tendría un efecto devastador en ambos lados de la frontera. Pero Trump ha insistido en que está dispuesto a “destruir la industria del automóvil canadiense de forma permanente” si Canadá no cede a sus exigencias.
El primer ministro de Ontario, Doug Ford, ha anunciado que detendrá el recargo eléctrico del 25% y ha acordado reunirse con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, para tratar de rebajar las tensiones. Pero Trump ha dejado claro que no se conformará con una negociación comercial: ha vinculado la eliminación de los aranceles a la sumisión política de Canadá.
“Canadá paga muy poco por su seguridad nacional”, ha afirmado Trump, acusando al gobierno canadiense de aprovecharse del paraguas militar estadounidense. Según Trump, Estados Unidos subsidia la defensa de Canadá con 200.000 millones de dólares al año, una cifra que no ha sido verificada por ninguna fuente independiente.
DE LO COMERCIAL A LO GEOPOLÍTICO: ANEXIÓN EN LA MESA
La escalada de Trump no es solo económica, sino geopolítica. El presidente ha insistido en que la frontera entre Estados Unidos y Canadá es “una línea artificial que parece hecha con regla” y ha sugerido que la unión de ambos países convertiría a Estados Unidos en “la mejor y más poderosa nación del mundo”.
El modelo expansionista de Trump recuerda a las políticas imperialistas del siglo XIX, cuando Estados Unidos anexionó territorios como Texas, Hawái o Puerto Rico. Pero en el contexto actual, la propuesta es todavía más radical: Canadá es una nación soberana, miembro del G7, con una economía fuerte y unas instituciones democráticas sólidas.
El intento de chantaje territorial de Trump también tiene una dimensión cultural. Ha ofrecido a Canadá mantener su himno nacional, O Canada, como símbolo del nuevo “estado 51”, e incluso ha sugerido que el gobierno canadiense podría conservar parte de su autonomía local bajo el paraguas de Estados Unidos. Es decir, una anexión bajo un disfraz de «alianza».
El mensaje de Trump es claro: o aceptáis las condiciones comerciales de Estados Unidos, o dejáis de ser un país independiente.
El trasfondo de este conflicto es el desequilibrio comercial y político entre ambos países. Canadá ha mantenido históricamente unos aranceles muy bajos (un promedio del 2,35% en 2021), mientras que Estados Unidos, bajo Trump, ha adoptado una política comercial agresiva, centrada en imponer tasas a las importaciones para proteger su industria nacional. El recargo eléctrico de Ontario fue una respuesta a esa política agresiva, pero Trump ha llevado la reacción al extremo.
El peligro real es que este conflicto no se quede en lo económico. Si Trump cumple su amenaza de imponer un arancel del 50% a los coches canadienses, la industria del automóvil en Detroit y Ontario podría colapsar, afectando a decenas de miles de empleos en ambos países. La dependencia mutua en el sector automovilístico hace que un movimiento de este tipo tenga consecuencias desastrosas para la economía norteamericana en su conjunto.
Pero Trump no parece preocupado por las consecuencias económicas. Su objetivo va más allá de la balanza comercial: quiere someter políticamente a Canadá. La anexión de Canadá como el estado 51 convertiría a Estados Unidos en una superpotencia económica y militar aún mayor, pero también destruiría el orden geopolítico de América del Norte.
Lo que queda claro es que Trump ha pasado de la guerra comercial al intento de expansión territorial. Y si Canadá cede, el siguiente objetivo podría ser cualquier otro país que intente desafiar el poder económico y político de Estados Unidos.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Otro como el adolfito…