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Musk ha convertido a la empresa más decisiva para el futuro ecológico del planeta en una marca tóxica y decadente
Tesla está cayendo. No metafóricamente. Literalmente. Sus ventas en California se desplomaron un 31 % en enero, su principal bastión en Estados Unidos desde el lanzamiento del Roadster en 2008. En Europa, la situación es aún peor: una caída del 43 % en los dos primeros meses de 2025. En China, donde Tesla cimentó su rentabilidad, las ventas se redujeron un 29 % hasta febrero. Y en bolsa, su valor ha colapsado un 34 % solo en lo que va de año.
Ya no es solo una crisis de imagen, es una debacle estructural.
El hundimiento se produce mientras las rivales chinas, en especial BYD, le toman la delantera con coches más baratos, más tecnológicos y mejor adaptados a los nuevos tiempos. Por primera vez, BYD superó a Tesla en ingresos en 2024, y todo apunta a que cerrará este año como líder mundial en ventas de vehículos eléctricos, dejando atrás a quien hasta ahora presumía de ser el futuro sobre ruedas.
Mientras tanto, Elon Musk juega a emperador romano entre cinco empresas, acumula fracasos como el de X (antes Twitter), despide a empleados públicos como si fueran bots y convierte cada aparición pública en una provocación. El resultado: protestas en tiendas de Tesla y vehículos incendiados en varios países.
EL MITO TECNOLÓGICO SE DESMORONA
Tesla ya no lidera ni en tecnología, ni en innovación, ni en estrategia industrial. BYD ha presentado una batería que se carga en cinco minutos, cuatro veces más rápida que los Superchargers de Tesla. Waymo, de Alphabet, está muy por delante en conducción autónoma, un campo en el que Musk ha apostado toda la empresa con su polémico sistema “Full Self-Driving”, que ni es completo ni autónomo.
“Muchos ya han superado a Tesla en software, autonomía y conducción inteligente”, resume Tu Le, analista de Sino Auto Insights. “Tesla parece la rezagada”.
El problema es especialmente grave en China, donde Tesla inauguró en 2019 su planta de Shanghái, la primera 100 % propiedad de una empresa extranjera. Fue un hito… y un error estratégico. Según Ross Gerber, accionista y CEO de Gerber Kawasaki, “China permitió esa planta porque quería absorber la tecnología de Tesla y mejorarla. Y eso es justo lo que han hecho”.
Con precios de partida de 10.000 dólares para su modelo Seagull y 16.000 para el Yuan Plus, BYD ofrece vehículos a menos de la mitad del precio de un Model Y, que ronda los 34.500. Mientras tanto, Musk sigue posicionando a Tesla como una marca premium, desconectada de las necesidades reales del mercado. Los compradores, simplemente, se van.
El sistema de conducción autónoma “God’s Eye” de BYD ya se incluye de serie en varios modelos, en tres versiones, incluyendo sensores Lidar, algo que Tesla aún no incorpora. Este sistema está conectado con la IA de la emergente empresa china Deepseek, que compite directamente con OpenAI.
Pero no es solo BYD. Xiaomi, XPeng, NIO, Zeekr, Geely… una legión de empresas chinas están arrasando con la complacencia occidental. Como dijo Jim Farley, CEO de Ford: “Ya no copian a Occidente, ahora lo lideran”.
MIENTRAS, EN CASA, EL CANSANCIO CRECE
En Estados Unidos, Tesla tampoco remonta. Aunque las ventas generales de coches eléctricos subieron un 14 % en enero, las de Tesla cayeron un 11 %, arrastradas sobre todo por el desplome en California. Otras marcas como Hyundai, Kia y General Motors crecieron allí un 24 % de media, según S&P Global. Tesla, la favorita de Silicon Valley, ha dejado de ser cool.
Las acciones se hunden, los analistas recortan previsiones, y los vehículos de Tesla empiezan a parecer obsoletos. El Cybertruck, que debía revolucionar la movilidad, apenas vendió 40.000 unidades en 2024. Acumula ya ocho retiradas del mercado, una de ellas por riesgo de que las planchas de acero se desprendan del chasis.
Y no hay relevo en el horizonte.
Mientras tanto, Musk vende humo en forma de promesas de robots humanoides y taxis autónomos. Asegura que la clave del futuro de Tesla será la inteligencia artificial, pero el Optimus, su robot estrella, no ha demostrado nada que no hiciera el Asimo de Honda hace una década.
Frente a las acrobacias de Boston Dynamics y los avances reales de Waymo, las promesas de Musk suenan cada vez más a charlatanería de feria.
Tesla no ha respondido a las críticas. Tampoco hace falta. Las cifras ya hablan por sí solas: menos ventas, menos credibilidad, menos futuro.
“La empresa más importante para el clima ahora es tratada como una apestada por culpa de Elon. Es una locura.”, sentencia Ross Gerber.
Pero en China, donde la política importa menos que el rendimiento, la explicación es más sencilla: la competencia ha ganado.
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