Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando expulsar a opresores se castiga y el genocidio queda impune
LA JUSTICIA CASTIGA A QUIEN SE REBELA, PERDONA A QUIEN MASACRA
Más de un centenar de personas llenaron ayer la entrada de la Cidade da Xustiza de Vigo para respaldar a Samir Slim, hostelero de origen libanés, investigado por un presunto delito de odio por expulsar a un grupo de turistas israelíes de su bar. El vídeo que circuló en redes se convirtió en la excusa perfecta para abrirle un procedimiento judicial. Su verdadero «delito» fue otro: atreverse a plantar cara, en su propio local, a ciudadanos de un Estado que hoy arrasa Gaza, dejando tras de sí cadáveres de niñas y niños, hambre planificada y destrucción sistemática de vidas.
Samir no gritó consignas racistas, no incitó a la violencia, no levantó la mano contra nadie. Simplemente dijo basta a quienes, según sus palabras, lo trataron mal, y que además representan a un país que lleva meses pisoteando derechos humanos ante la pasividad internacional. En un mundo justo, Samir sería un ciudadano más defendiendo su dignidad; en este, es señalado como un criminal mientras los responsables políticos y militares de un genocidio siguen paseando por las alfombras rojas de Europa.
El apoyo popular fue claro: decenas de banderas palestinas, gritos de «Palestina vencerá» y un clamor unánime contra la doble vara de medir de una justicia que parece más ágil para proteger el orgullo turístico de ciudadanos israelíes que para perseguir crímenes de guerra televisados en directo.
🇵🇸 A Samir Slim, dueño de tres restaurantes en Vigo, le pasa lo que a tantas de nosotras: «Desde que empezó esta guerra no soy la misma persona. Veo las noticias y lloro todos los días”. Y por eso cuando un grupo de turistas israelíes se sentó en uno de sus locales, no dudó en… pic.twitter.com/ZSNk8QjZTQ
— Spanish Revolution (@Spanish_Revo) July 10, 2025
UN JUICIO POLÍTICO DISFRAZADO DE DELITO DE ODIO
La comparecencia de Samir ante el Juzgado de Instrucción 4 duró más de una hora. A la salida, afirmó estar tranquilo y repitió que lo único que hizo fue contar la verdad completa, más allá de los segundos virales que marcaron su destino judicial. Lo dijo con firmeza: “Este es un país humano”. Pero, ¿qué humanidad hay en un sistema que convierte en sospechoso a quien se indigna ante el genocidio y se atreve a incomodar a quienes, con pasaporte en mano, forman parte de la maquinaria turística del apartheid?
En España, se están instalando peligrosos precedentes: mientras movimientos sociales y colectivos de derechos humanos son perseguidos bajo el pretexto de delitos de odio, quienes justifican o minimizan las matanzas en Gaza mantienen altavoces mediáticos y respaldo institucional. Los tribunales se convierten así en cómplices pasivos de una narrativa que blinda al ocupante y criminaliza al solidario.
La escena de Vigo ayer no fue solo un apoyo a un hostelero. Fue un grito colectivo contra la normalización del horror, contra la idea de que la neutralidad ante la barbarie es justicia. Samir lo resumió en una frase que debería grabarse en mármol: “Ya no se trata de Samir, sino del genocidio a un pueblo”.
Mientras tanto, los tribunales españoles guardan silencio sobre las empresas que siguen comerciando armas con Israel, sobre las administraciones que colaboran con un Estado investigado por crímenes contra la humanidad, y sobre la complicidad política de la Unión Europea en este exterminio a cámara lenta.
La foto de ayer en Vigo es un recordatorio incómodo para quienes creen que la justicia puede tapar el sol con un auto judicial. Porque lo único que hoy debería estar siendo investigado es el genocidio, no a quienes se niegan a blanquearlo sirviendo copas.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Sanidad y los médicos chocan contra un muro: huelga, reproches y cero voluntad de acuerdo
Cinco días de paros, ningún contacto oficial y un conflicto sanitario que vuelve a demostrar que la sanidad pública también se rompe por las costuras laborales.
Adelante Andalucía deja de ser una nota al pie: quién es quién en el nuevo andalucismo que incomoda a las derechas
La formación de José Ignacio García pasa de 2 a 8 escaños, supera a Por Andalucía y se convierte en la voz más reconocible de una izquierda andaluza que ha entendido algo básico: sin territorio, sin clase y sin identidad propia, no hay proyecto que aguante.
Ayuso quiere borrar las torturas franquistas para proteger la “imagen” de su Gobierno
La Audiencia Nacional paraliza la declaración de la Real Casa de Correos como Lugar de Memoria y compra el argumento más obsceno del ayusismo: que recordar a las víctimas puede dañar la marca institucional de Madrid.
Vídeo | Racismo en Reino Unido
La escena resume el nivel moral de la extrema derecha: una marcha contra personas migrantes en UK, banderas, islamofobia y un tipo usando tocino para provocar a musulmanes. Da vergüenza ajena, pero no hay que reírse demasiado. Este odio se está normalizando. Y su función es clarísima: que mires hacia abajo, nunca hacia arriba.
Vídeo | Maquinaria del terror
Un soldado israelí publicó en Instagram la persecución de dos niños palestinos con un dron armado en Gaza.
Dos menores desarmados. Corriendo para sobrevivir mientras los cazan desde el cielo.
Ese es el nivel de deshumanización: convertir la caza de niños en contenido para redes sociales.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir