08 Sep 2026

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Rivera y el negocio de la política: del “sacrificio por España” a vivir de las puertas giratorias
DESTACADA, POLÍTICA ESTATAL

Rivera y el negocio de la política: del “sacrificio por España” a vivir de las puertas giratorias 

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Cuando el relato épico tapa el privilegio: discursos de sacrificio para justificar carreras al servicio del mercado

Albert Rivera ha vuelto a escena el 28 de marzo con una frase que resume mejor que ningún informe el estado moral de cierta élite política: “Mi mayor sacrificio fue renunciar a mis hijas por servir a España”. No es solo una declaración desafortunada. Es una estrategia discursiva. Convertir privilegio en épica. Convertir carrera profesional en cruzada patriótica. Y hacerlo, además, desde la comodidad de quien ya no responde ante las urnas.

EL RELATO DEL SACRIFICIO COMO COARTADA

La frase de Rivera no es solo polémica por su contenido, sino por lo que revela. La apropiación del lenguaje del sacrificio para legitimar privilegios. En un país donde millones de personas enfrentan precariedad, jornadas interminables o imposibilidad de conciliar, resulta obsceno presentar una decisión personal como si fuera una gesta colectiva.

Porque el sacrificio real tiene otros nombres. Tiene que ver con quienes sostienen la sanidad pública con plantillas insuficientes. Con las y los trabajadores que encadenan contratos temporales. Con las familias que no llegan a fin de mes. No con quienes han ocupado posiciones de poder y han salido de ellas reforzados económica y socialmente.

El problema no es solo individual. Es cultural y político. Es la normalización de un relato donde las élites se presentan como víctimas de su propio éxito. Donde cualquier decisión profesional se reviste de heroísmo. Y donde la crítica se desactiva apelando a emociones patrióticas.

Pero la memoria social es tozuda. Y cada vez resulta más difícil sostener ese relato sin que se evidencien sus contradicciones. La ciudadanía ya no compra tan fácilmente la épica de quienes han hecho de la política una plataforma de lanzamiento personal.

Porque cuando el sacrificio se convierte en marketing y la política en negocio, lo que queda no es servicio público, sino una maquinaria perfectamente engrasada para transformar poder en beneficio privado.

Y lo verdaderamente obsceno no es que lo hagan, sino que todavía pretendan que aplaudamos.

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