El testimonio de detenidos liberados revela una estrategia represiva basada en el castigo físico y psicológico, al margen del derecho internacional
Mohammad Abu Tawileh, mecánico palestino de 36 años, no olvida el olor de su propia piel quemada. Según relató a la BBC, soldados israelíes lo interrogaron durante días en una base militar, le sumergieron la cabeza en productos químicos y lo rociaron con ácido. Luego, le prendieron fuego con un ambientador y un mechero, y lo golpearon mientras intentaba apagar las llamas. Esta no es una historia aislada, sino parte de un patrón de abusos que otros detenidos relataron tras su liberación.
Cinco hombres palestinos, arrestados en Gaza y luego devueltos en virtud del acuerdo de alto el fuego firmado en 2025, describieron haber sido torturados, desnudados, golpeados, sometidos a descargas eléctricas, privados de comida y agua, atacados con perros y vejados sexualmente. Algunos presenciaron la muerte de otros presos bajo custodia israelí. Todos coincidieron en que los abusos comenzaron en el momento de su detención y continuaron hasta el instante de su liberación.
Las detenciones se realizaron al amparo de la controvertida «Ley de Combatientes Ilegales», una legislación que permite mantener a personas recluidas indefinidamente sin cargos ni juicio, siempre que se las considere una amenaza para la seguridad. Bajo esta normativa, cientos de palestinas y palestinos han sido secuestrados de facto, sin garantías judiciales y sometidos a condiciones que incumplen las Convenciones de Ginebra.
El abogado británico Lawrence Hill-Cawthorne, experto en derecho internacional humanitario, declaró a la BBC que los métodos descritos por los exdetenidos —uso de productos químicos, descargas, golpes, privación del sueño, abuso sexual— «superan claramente el umbral de la tortura» y contradicen tanto la legislación internacional como las propias leyes israelíes.
La ONU ya había alertado en marzo de 2025 del uso sistemático de estas prácticas. En su informe, documentaron violaciones, amenazas sexuales y técnicas de tortura física y psicológica aplicadas como norma operativa en centros de detención israelíes. Puedes leerlo aquí. Israel negó los hechos, pero no ha permitido acceso independiente ni a la ONU ni al Comité Internacional de la Cruz Roja desde octubre de 2023, como confirmó este último al medio británico.
DETENCIÓN ARBITRARIA, IMPUNIDAD Y CASTIGO COLECTIVO
El caso de Sde Teiman, una base militar reconvertida en campo de concentración, resume el horror institucionalizado. Allí fueron trasladados la mayoría de los entrevistados. Algunos fueron atados desnudos a camas, otros encadenados y obligados a usar pañales. Varios relataron palizas en la cabeza, fracturas costales, mutilaciones genitales y vejaciones sexuales entre detenidos, obligadas por los propios guardias. En la prisión de Ketziot, uno de los entrevistados afirmó haber presenciado cómo forzaban a jóvenes palestinos a realizar actos sexuales unos con otros bajo amenazas.
Abdul Karim Mushtaha, obrero avícola de 33 años, fue detenido cuando seguía las órdenes de evacuación israelíes con su familia. Afirmó haber sido golpeado con brutalidad, arrastrado esposado, desnudado y privado de agua durante días. El día de su liberación, recibió amenazas directas: “Si vuelves a tener relación con Hamás, te lanzaremos un misil”.
Los abusos no se limitan al ámbito físico. Según los testimonios recogidos por la BBC, la humillación, el aislamiento sensorial, la privación del sueño y las amenazas constantes eran habituales, así como el uso de música israelí a alto volumen durante horas. Estas prácticas violan abiertamente el derecho internacional humanitario, que obliga a tratar a las personas detenidas con humanidad, sin distinción por su estatus ni nacionalidad.
La Sociedad de Prisioneros Palestinos informó a la BBC que al menos 63 detenidos palestinos han muerto bajo custodia israelí desde octubre de 2023, 40 de ellos procedentes de Gaza. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirman que todos los casos han sido investigados, pero no han presentado pruebas ni facilitado acceso a observadores internacionales.
Uno de los adolescentes entrevistados, Ahmed Abu Seif, fue detenido el día de su cumpleaños número 17. Dijo haber sido gaseado, electrocutado, golpeado, arrancado de sus uñas del pie y privado de atención médica. Tras su liberación, mostró a los periodistas cicatrices evidentes en pies y manos. Un informe médico en Gaza confirmó las lesiones y la presencia de sarna, una enfermedad que, como la desnutrición extrema, era común entre los prisioneros liberados.
Israel no permite a la prensa internacional el acceso libre a Gaza, lo que impide la verificación independiente sobre el terreno. Las entrevistas fueron realizadas por periodistas locales contratados por la BBC y validadas por médicos y abogados independientes.
El Comité contra la Tortura de Naciones Unidas ya exigió en 2009 a Israel que cerrara el centro de detención de Ketziot por violaciones sistemáticas. Han pasado más de 15 años y la maquinaria sigue intacta, más sofisticada y salvaje, con total impunidad.
Ninguna democracia puede sostenerse sobre cuerpos quemados, adolescentes torturados y niños devueltos con uñas arrancadas. Ninguna razón de Estado justifica un régimen de detención donde el terror, la humillación y el sadismo se han convertido en herramientas de guerra.
«Deseábamos la muerte, pero no la encontramos», dijo Ahmed, de 17 años. Esa es la pedagogía del horror.
También te puede interesar
INTERNACIONAL
Assange vuelve: dos palabras después de años intentando silenciarlo
18 septiembre 2026
Callar ya no sale gratis: el precio de la neutralidad ante Palestina
17 septiembre 2026
De Ormuz a Bab al Mandeb: la guerra amenaza con cerrar dos arterias del petróleo mundial
17 septiembre 2026
Música que incomoda: los artistas que están pagando un precio por no callarse
16 septiembre 2026Related posts
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
El OSCURO NEGOCIO de LOGRAR que te ENAMORES de una IA | #ReportajeSR
Durante años nos hablaron de la economía de la atención. Ahora, las grandes empresas tecnológicas han dado un paso más allá para monetizar algo mucho más íntimo: nuestro apego emocional. Desde dispositivos…
PAYPAL MAFIA: INFORME DEFINITIVO sobre los DUEÑOS del PODER #ReportajeSR
Durante las últimas semanas hemos ido desgranando las figuras que convirtieron a la «PayPal Mafia» en una de las redes de poder e influencia más determinantes del planeta a través de los…