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Aznar le exige a Feijóo no frustrar a la derecha mientras el Senado certifica su naufragio político
El expresidente reaparece en plena crisis del PP para lanzar su mensaje más claro: no provocar “frustración” con una moción de censura fallida y asumir que, sin “materiales”, solo queda esperar a las urnas. Feijóo escucha en silencio cómo su viejo jefe le corrige el rumbo y le recuerda que los liderazgos “auténticos” no se improvisan ni se imitan. Mientras tanto, Pedro Sánchez sale indemne del Senado y devuelve al PP la imagen de un partido que ya no sabe ni contra quién pelea.
EL MENTOR QUE DESCONFÍA DE SU DISCÍPULO
Aznar regresó a escena con un libro titulado Orden y libertad (La Esfera de los Libros, 2025) y un auditorio lleno de rostros del pasado: Acebes, Mayor Oreja, Soria. Una foto de familia que resume bien la situación del PP actual: más pendiente de su herencia que de su futuro.
En la primera fila, Feijóo escuchaba mientras el expresidente advertía: “Si no hay materiales para una moción de censura, habrá que esperar a las elecciones”. Un golpe directo al líder del PP, que hace solo unos días intentó derribar al Gobierno desde el Senado con una comparecencia que se convirtió en bochorno.
Aznar también aprovechó para marcar distancias con Vox, al que acusó de querer “acabar con el PP”, y de paso lanzar su diagnóstico habitual: el “retraso intelectual de la izquierda”. Pero el fondo del mensaje era otro: “Que el que pueda hacer, lo haga”, su nuevo mantra, una forma de recordar a los suyos que el poder no se recupera con lamentos ni con discursos huecos.
El expresidente se mostró sorprendentemente moderado en materia migratoria —“la migración es necesaria”, dijo— y hasta calificó de “populista” el discurso de las deportaciones masivas. Lo hizo mientras reivindicaba una inmigración “legal y vinculada a las tradiciones españolas”, expresión que suena más a nostalgia colonial que a política social.
También culpó a las mujeres de la futura caída demográfica mundial: “La mayoría ha decidido no tener hijos”, aseguró, conectando así natalidad y migración en una misma ecuación moralista.
En su libro, Aznar evita mencionar a Feijóo, pero le deja deberes: un PP “reconocible”, con “liderazgos fuertes” y “proyecto auténtico”. La omisión duele más que cualquier crítica directa. Feijóo fue, en esa sala, el alumno sin nombre del maestro cansado de los mediocres.
EL SENADO COMO ESPEJO DEL DESGASTE
Mientras Aznar buscaba su tribuna literaria, Feijóo intentaba sobrevivir a su propio invento: la “comisión de investigación” del Senado. Lo que debía ser un golpe maestro contra Sánchez acabó en un espectáculo vergonzoso. Cinco horas de preguntas mal planteadas, silencios incómodos y un presidente del Gobierno que salió reforzado.
Las fuentes de Moncloa lo resumieron sin euforia, pero con alivio: “Muy satisfechos”. En el PP, en cambio, hubo silencio y confusión. El interrogador estrella, Alejo Miranda —discípulo político de Ayuso—, perdió los nervios en varias ocasiones y llegó a “renunciar a todas las preguntas” tras los zascas del presidente. El objetivo de obtener “un corte televisivo” que hundiera a Sánchez se convirtió en otra bala disparada al aire.
Desde el Gobierno lo vieron claro: “Ha quedado demostrado que la comisión es un circo y que el PP no tiene caso”. La bancada socialista aplaudió cuando Sánchez recordó que “solo hay un Gürtel, y su sede está en Génova 13, pagada con dinero corrupto”. La frase corrió por redes, mientras Félix Bolaños denunciaba el “bochorno para la democracia” y Óscar Puente ironizaba con las nuevas gafas del presidente.
En Génova intentaron maquillar el fiasco con cinismo: “El objetivo está conseguido”. Pero hasta en su propio entorno reconocen que no lograron nada. “No hay material para una querella por falso testimonio”, admitieron fuentes del PP.
Feijóo quemó su cartucho estrella y lo hizo justo antes de escuchar a Aznar pedirle paciencia. Dos bofetadas el mismo día: una del presente, otra del pasado.
ENTRE EL AYER Y LA NADA
El contraste no puede ser más elocuente. Mientras Sánchez sale del Senado con el relato a su favor, el PP se consume entre fantasmas. Feijóo intenta imitar la retórica de Vox, Aznar le advierte de no hacerlo, y los votantes asisten al espectáculo con creciente indiferencia.
El exmandatario habla de “liderazgos fuertes” y de un “proyecto reconocible”, pero lo que se vio en el Senado fue una oposición que confunde ruido con estrategia.
Feijóo quiso ser inquisidor y acabó acusado de incompetencia. Aznar quiso ser guía moral y terminó confirmando que su partido sigue perdido.
El PP de hoy es un espejo roto donde cada facción ve su propio reflejo deformado. Uno en el que el pasado ya no inspira y el presente solo repite consignas.
El gran fiasco no fue el de una sesión en el Senado. Fue el de un partido que ha olvidado para qué quería volver al poder.
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