Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La medida fue como un rayo en cielo despejado: aumentar el salario mínimo de los 735 euros a los 1.080. Un trueno de protestas retumbó desde los escaños de la derecha, pronosticando tormentas económicas y desastres laborales. Pero, contra todo augurio, el barco no solo no zozobró, sino que además ha izado velas hacia aguas más prósperas. La tasa de paro ha bajado a números que no veíamos desde 2007 y los afiliados a la seguridad social han florecido, alcanzando cifras récord. La realidad, esa narradora implacable, ha desmentido a los agoreros: incluso la patronal, tradicional aliada de la cautela conservadora, ahora aboga por subir el SMI.
Aquí nos encontramos, observando cómo la derecha se queda varada en la orilla de un río que sigue fluyendo sin ella. Su soledad es el silencio de un argumento fallido, la quietud de quien se ha quedado sin palabras porque los hechos han hablado con una voz más poderosa. Este cambio de paradigma ha expuesto una desconexión palpable entre la teoría económica conservadora y la práctica que vive y respira en las calles, en las fábricas, en los negocios pequeños que son el pulso real de la economía.

Es irónico, casi cómico, si no fuera por las graves implicaciones que tal aislamiento ideológico supone. La derecha, con su mantra de la contención salarial como dogma de fe económica, se encuentra ahora en un vacío de relevancia, murmurando a un auditorio que ha abandonado la sala. El trabajo digno y bien remunerado no parece ser ya su lucha, si es que alguna vez lo fue. Pero ¿qué sucede cuando incluso los más reacios empresarios comienzan a ver el valor de un salario justo? ¿Cuál es el siguiente acto para un actor que ha olvidado su guion en el drama de la política?
La soledad de la derecha es un síntoma, una señal de que quizás sea tiempo de revaluar y entender que la economía no solo se mide en tasas y porcentajes, sino en el bienestar tangible de la gente. Los números en alza de empleo y afiliación no son solo estadísticas; son comidas en la mesa, son estudios financiados, son vidas con menos angustia al final del mes. La derecha, en su insistencia en mantenerse fiel a una ideología que los hechos han desacreditado, ha elegido la soledad sobre la adaptación, la doctrina sobre el diálogo.
Este es el momento de reconocer que las políticas económicas progresistas no son la tempestad que hundirá el barco, sino quizás el viento necesario para navegar hacia horizontes más justos. La derecha, si quiere volver a encontrar compañía, tendrá que aprender a navegar con este viento, y no contra él. La economía es dinámica, siempre en movimiento, y quienes no se adaptan, se quedan atrás, solos, debatiendo con ecos de un pasado que ya no existe.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Taty Almeida no muere: deja una acusación eterna contra los verdugos y sus herederos
Taty Almeida murió el 14 de junio, a los 95 años, pero la noticia no puede escribirse como una necrológica amable. Sería casi una falta de respeto. Taty no fue una señora buena que “buscó a su hijo”. Fue una acusación viviente. Una mujer que convirtió el dolor en expediente político, la ausencia en pancarta y la maternidad en una forma de resistencia contra el Estado asesino, sus cómplices civiles y sus herederos ideológicos.
Su hijo, Alejandro Almeida, fue secuestrado y desaparecido el 17 de junio de 1975 por la Triple A, antes incluso del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Tenía 20 años. Era estudiante de Medicina, militante, poeta. Un joven al que le arrebataron la vida, el cuerpo, la historia y hasta el derecho elemental de tener una tumba. Ese fue el método. No bastaba con matar. Había que borrar. Borrar nombres, borrar pruebas, borrar vínculos, borrar madres. Y ahí fallaron.
Porque aparecieron ellas.
Begoña Gómez y el jurado popular: cuando la justicia se entrega a nueve ciudadanos sin herramientas suficientes
La causa contra Begoña Gómez ha dejado de ser solo una causa judicial. Hace tiempo que es otra cosa. Una pieza más en esa trituradora política, mediática y judicial donde la presunción de inocencia se convierte en estorbo, el procedimiento en espectáculo y la toga en decorado. El 15 de junio, la esposa del presidente del Gobierno compareció ante el juez Juan Carlos Peinado en una audiencia previa de carácter protocolario. Sobre la mesa, el posible juicio contra ella, contra su asesora Cristina Álvarez y contra el empresario Juan Carlos Barrabés por presuntos delitos de corrupción en los negocios, malversación, tráfico de influencias y apropiación indebida.
La fase de instrucción queda ya encaminada hacia la Audiencia Provincial de Madrid. Y ahí aparece la bomba procesal: un juicio con jurado popular. Es decir, nueve personas elegidas entre la ciudadanía podrían acabar decidiendo sobre un asunto contaminado desde hace meses por tertulias, titulares, filtraciones, bronca parlamentaria y esa mezcla tan española de ruido judicial y cálculo partidista. Qué podía salir mal.
Netanyahu sabotea el acuerdo mientras Israel sigue bombardeando Líbano
El acuerdo anunciado entre Estados Unidos e Irán tenía que abrir una rendija. No una paz justa, no una solución profunda, no el fin de la maquinaria de guerra que lleva décadas triturando Oriente Medio, pero al menos una pausa. Un freno. Algo parecido a respirar. Sin embargo, Benjamin Netanyahu ha decidido recordar al mundo quién manda cuando el militarismo se siente impune: Israel ha seguido atacando Líbano incluso después del anuncio del pacto.
Vídeo | Estrenamos reportaje contra la guerra cultural de la ultraderecha
Spanish Revolution estrena la primera parte del reportaje “¿Puede la ULTRADERECHA ganar la BATALLA CULTURAL?”, presentado por Patricia Salvador. Y la pregunta no es menor. Tampoco es una provocación para redes. Es una advertencia política en mitad de una época en la que la extrema derecha ya no necesita presentarse siempre con el uniforme completo. A veces le basta con hablar de “libertad”, “familia”, “patria”, “seguridad” o “sentido común” mientras va vaciando esas palabras de contenido democrático.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir