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El catedrático se valió de su posición de poder sobre la tesis doctoral de la víctima para perpetuar el acoso sexual
El catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Àlvar Sánchez, ha sido condenado por acoso sexual a una de sus estudiantes de doctorado, quien fue víctima de tocamientos, chantaje emocional y preguntas incómodas. “¿No tienes ganas de ducharte conmigo?”. “¿Tienes ganas de estar desnuda conmigo?”, eran algunas de las insinuaciones que le hacía a la doctoranda.
Tal y como recoge ElDiario.es, la sentencia le ha impuesto una pena de un año y medio de cárcel, nueve años de inhabilitación y una prohibición de acercarse o comunicarse con la víctima. El profesor ha continuado asistiendo a su puesto de trabajo en la UAB, pero la universidad ha decidido suspenderlo cautelarmente después de conocer la condena a través de un reportaje periodístico.
El catedrático se valió de su posición de poder sobre la tesis doctoral de la víctima para perpetuar el acoso sexual durante dos años. La joven investigadora finalmente denunció los hechos en septiembre de 2018 y llevó el caso a la justicia. Durante el juicio, otra doctoranda testificó haber pasado por una situación similar con el mismo catedrático.
Chantaje emocional
El fallo confirma que el catedrático realizó tocamientos a su alumna por dentro del sujetador, en el culo y en los muslos. Además, le pedía que le enseñara las bragas y le daba besos sin pedir permiso. El acusado también usaba el chantaje emocional para lograr que la víctima aceptara su comportamiento. Cada vez que ella se mostraba distante y ponía límites, el catedrático se ponía a llorar y le decía que se sentía muy mal por la pérdida de su hijo y por la frialdad que ella mostraba hacia él.
El acusado se aprovechó de la timidez de la víctima y de su incapacidad para mantenerse firme e impedir que estos hechos ocurrieran. La joven investigadora tenía como único objetivo terminar su tesis lo antes posible para que acabara la relación y permitía estos tocamientos. La sentencia subraya que el acusado usó su ascendencia académica y poder para continuar el acoso sexual.
El reportaje periodístico que desveló la situación llevó a la universidad a suspender al catedrático cautelarmente y a anunciar la evaluación de las medidas que se deben aplicar en proporción a la gravedad de los hechos. Aunque la universidad no confirmó ni negó si el catedrático seguía siendo parte del personal, aseguró que no tenía conocimiento previo de la sentencia.
La sentencia confirma que la violencia sexual no solo se presenta en entornos alejados de la academia, sino también en ámbitos académicos y de poder. Este caso es solo uno de los muchos en los que las víctimas se sienten atrapadas en situaciones de poder y sin poder hablar sobre el acoso. Es fundamental que las instituciones educativas tomen medidas claras y efectivas para prevenir y tratar los casos de acoso sexual en la academia, y que se sigan llevando a cabo juicios y sanciones que puedan disuadir a otros de cometer actos similares.
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