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Tres escoltas declaran ante la jueza que el expresident renunció a su protección y llegó al Palau a las 19:50, contradiciendo meses de relato oficial
El 29 de octubre de 2024, mientras la dana avanzaba sobre la Comunitat Valenciana y terminaría dejando 230 personas fallecidas, el entonces president de la Generalitat, Carlos Mazón, comía en el restaurante El Ventorro junto a Maribel Vilaplana. Lo que durante meses fue un relato impreciso y cambiante ha quedado ahora seriamente cuestionado por las declaraciones de tres escoltas ante la jueza que investiga la gestión de aquella jornada.
Según el acta judicial del 9 de febrero de 2026, los agentes confirmaron que Mazón renunció voluntariamente a su escolta poco antes de llegar al restaurante y pidió que lo acompañaran “a bastante distancia” durante el trayecto. La frase exacta, reconstruida por uno de los policías, fue clara: “Iros ya, que es muy tarde, no os preocupéis”.
LA RENUNCIA A LA ESCOLTA EN PLENA ALERTA ROJA
El episodio se produjo alrededor de las 14:45 horas, cuando el dispositivo de seguridad ya lo había acompañado prácticamente hasta la entrada del local, situado en la calle Bonaire. En ese momento, el president les indicó que podían marcharse. Los escoltas insistieron —“presidente, que no pasa nada, da igual la hora”—, pero él mantuvo la decisión.
Los agentes comunicaron la renuncia al subinspector jefe del equipo y regresaron al Palau siguiendo el protocolo. Tal como explicaron ante la magistrada, las “personalidades” tienen la potestad de prescindir de la protección en determinados momentos. No obstante, esa potestad adquiere otra dimensión cuando se ejerce durante una alerta roja meteorológica que acabaría derivando en una de las mayores tragedias recientes en la región.
La comida no constaba en la agenda institucional. Según declararon los escoltas, ellos reciben la agenda oficial el día anterior. Aquella cita privada no figuraba en ella. Habitualmente, el dispositivo realiza inspecciones previas de seguridad tanto en actos oficiales como en el domicilio del president. En este caso, la renuncia impidió cualquier supervisión adicional.
El detalle más llamativo es que no era la primera vez que Mazón prescindía de la escolta antes de acudir a ese restaurante. La práctica, según uno de los testigos, ya se había producido en ocasiones anteriores.
LAS HORAS QUE DESMONTAN EL RELATO
El elemento más comprometedor no es la comida en sí, sino la cronología posterior. Durante meses, Mazón ofreció distintas versiones sobre sus movimientos aquella tarde y sobre su incorporación al centro de coordinación de emergencias.
Sin embargo, los tres escoltas coincidieron ante la jueza en un dato preciso: el president llegó al Palau de la Generalitat entre las 19:45 y las 19:50. Tras una breve estancia en su despacho, el vehículo oficial partió hacia la reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi) en l’Eliana “un poquito antes de las ocho”.
Esa secuencia temporal resulta clave porque contradice la versión sostenida públicamente durante meses, en la que se minimizaba la duración de la sobremesa y se proyectaba una imagen de rápida incorporación a la gestión de la crisis.
En términos políticos y judiciales, la cuestión ya no es solo si Mazón tenía derecho a una comida privada, sino si mintió para ocultar la duración de esa sobremesa en el día más trágico de la legislatura. La declaración de los escoltas aporta un elemento objetivo: una franja horaria concreta que sitúa su regreso casi cinco horas después de haber prescindido del dispositivo de seguridad.
El caso avanza ahora en sede judicial, donde se analiza no solo la cadena de decisiones adoptadas durante la dana, sino también la veracidad de las explicaciones ofrecidas posteriormente. La renuncia a la escolta, la ausencia en la agenda oficial y la hora exacta de llegada al Palau se han convertido en piezas de un rompecabezas que compromete el relato político construido tras la catástrofe.
Porque cuando 230 personas mueren en una jornada marcada por la alerta roja, cada minuto cuenta. Y cada versión también.
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