Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando una residencia privada se convierte en centro de mando ideológico, la política deja de fingir pudor.
La mansión de Donald Trump en Palm Beach vuelve a funcionar como nodo del trumpismo internacional. El 10 de febrero, Mar-a-Lago acoge la Hispanic Prosperity Gala, una cena de alto standing organizada por Latino Wall Street con un cartel que resume la deriva: Javier Negre como anfitrión, Isabel Díaz Ayuso como ponente por videoconferencia, y una constelación de referentes MAGA como telón de fondo.
No es una anécdota social. Es una arquitectura de poder. Mar-a-Lago no actúa como sala de fiestas, sino como espacio de alineamiento entre élites económicas, agitadores mediáticos y responsables políticos. Que una presidenta autonómica española participe, aunque sea a distancia, normaliza una diplomacia paralela que esquiva controles institucionales y se apoya en redes privadas de financiación e influencia. La proyección internacional de Ayuso se inscribe así en una estrategia transatlántica donde la foto vale más que el mandato y la ideología pesa más que la rendición de cuentas.
El elitismo no se oculta. Las entradas oscilan entre los 15.000 y los 250.000 dólares, según categoría. Oro y diamante prometen acceso preferente a invitados de honor y áreas privadas del club. La política convertida en club de inversión, con barreras económicas que excluyen a la inmensa mayoría de la comunidad hispana a la que dicen representar. El mensaje es nítido: quien paga, decide; quien no, observa.
EL DINERO COMO LENGUA FRANCA
El programa anunciado exhibe nombres conocidos del universo MAGA. Michael Flynn y Roger Stone encarnan la normalización del extremismo tras años de polémicas y operaciones de desinformación. A su alrededor, celebridades y comentaristas mediáticos aportan ruido cultural a una narrativa que mezcla ultraliberalismo económico, fe como coartada política y nacionalismo identitario.
La presencia de Jorge Masvidal y otros perfiles de alto impacto mediático cumple una función precisa: traducir la ideología en espectáculo. El objetivo no es debatir políticas públicas, sino construir comunidad de marca alrededor de la “prosperidad” entendida como acumulación privada sin límites. El capitalismo como moral, la exclusión como método.
En ese escaparate aparece también Agatha Ruiz de la Prada. Su inclusión, ajena al núcleo ideológico, opera como barniz cultural para disfrazar de transversalidad un encuentro cerrado y sesgado. La diversidad como decorado, no como principio.
La figura de Negre es central. No es solo anfitrión. Es mediador entre capital, política y altavoces digitales, una pieza clave en la internacionalización de la ultraderecha mediática. Cuando los medios dejan de informar y pasan a organizar, la frontera entre periodismo y lobby se evapora. La agenda se cocina a puerta cerrada y se sirve como opinión pública.
LA INTERNACIONAL ULTRA SE ORDENA
La nómina incluye al presidente argentino Javier Milei, cuya afinidad con el trumpismo no es retórica, sino programática. Desregulación extrema, recorte de derechos y confrontación permanente como estilo de gobierno. La alianza se exhibe para proyectar un eje ideológico que conecta Estados Unidos, América Latina y sectores de la derecha europea. Una red que se reconoce, se financia y se legitima mutuamente.
Desde la organización se insiste en educación financiera y empoderamiento económico. El contraste es brutal. Las mismas redes que celebran la “prosperidad” sostienen políticas migratorias punitivas, precarización laboral y externalización de la pobreza. El discurso inclusivo choca con prácticas excluyentes. La retórica se abre; la realidad se cierra.
La participación de Ayuso plantea preguntas democráticas de fondo. ¿Quién representa a quién cuando una dirigente pública se integra en foros privados de ideología extrema. ¿Dónde queda la responsabilidad institucional cuando la política se negocia en cenas de seis cifras. La diplomacia no oficial, sin control parlamentario ni transparencia, erosiona la frontera entre lo público y lo privado.
No es una gala inocente. Es un punto de encuentro para coordinar agendas, alinear mensajes y captar recursos. La paz no figura en el menú, los derechos tampoco. La guerra cultural sí, el mercado manda, la desigualdad se normaliza. Mar-a-Lago vuelve a hablar el idioma del dinero, y quien no lo entiende queda fuera del salón.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir