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Ante la llegada del Primero de Mayo, día en el que se conmemora la lucha de la población trabajadora para tener una vida digna, revisamos qué ha ocurrido en el mercado de trabajo español este último año.
Tras la pandemia y el inicio de la guerra en Ucrania, el Estado, los agentes sociales y las instituciones laborales han tenido que activar nuevos mecanismos de ajuste del mercado laboral. Gracias al dialogo social, se logró poner en marcha, a lo largo de 2022, una nueva reforma laboral y seguir con las actualizaciones del salario mínimo interprofesional (SMI).
Con estas mejoras, las mujeres se han visto especialmente beneficiadas: la reforma aprobada a finales de 2021 ha servido para luchar contra la precariedad y favorecer la estabilidad laboral y la mejora del SMI ha subido los salarios más bajos, donde la proporción de mujeres es notablemente mayor que la de los hombres.
La brecha de género persiste
Con la reforma laboral ha mejorado cuantitativa y cualitativamente la contratación en España. Sin embargo, se observan diferencias que mantienen abierta la brecha de género en el empleo (y sus consecuencias en las ganancias salariales medias mensuales y anuales). Hay diversos hechos que lo explican.
Por un lado, el volumen de empleo femenino ha crecido, pero la tasa de ocupación media de las mujeres está todavía unos 10 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres, diferencia creciente con la edad, poniendo de manifiesto que las trayectorias laborales femeninas continúan siendo diferentes, y peores, que las masculinas.
Además, las diferencias entre mujeres y hombres son importantes cualitativamente porque, a pesar de que la reciente reforma laboral ha reducido notablemente la temporalidad al dar entrada a nuevos tipos de contratación de mayor calidad, las mujeres mantienen un grado de temporalidad mayor que los hombres, sobre todo en el sector público, impidiendo que se reduzca la enorme brecha de género existente en dicho sector.
Así mismo, ha aumentado el peso del tiempo parcial entre los contratos de carácter indefinido firmados por mujeres. No obstante, el empleo registrado con contratos indefinidos fijos-discontinuos ha aumentado, permitiendo el acceso a una contratación estable a un buen grupo de personas que probablemente seguirían accediendo al empleo a través de un contrato temporal.
Estas diferencias pueden explicar que las mujeres tengan ingresos mensuales o anuales más bajos que los hombres: tienen más contratos temporales y a tiempo parcial que ellos. Por eso la brecha salarial de género continúa existiendo. La buena noticia es que, a lo largo de los últimos años, se aprecia una reducción que, sin duda, se debe a la mejoría de la posición de las mujeres en el mercado de trabajo y también al aumento del salario mínimo, que ha crecido un 47 por ciento desde 2019.
Las subidas recientes del SMI han favorecido la reducción de la pobreza salarial porque un elevado porcentaje de personas asalariadas ha logrado tener ingresos por encima del umbral del 60 por ciento de la mediana salarial. Al mismo tiempo, la desigualdad salarial se ha reducido como consecuencia de los efectos marginales positivos del aumento del SMI entre quienes son más sensibles a dicho incremento, como es el caso de las mujeres. Al haber más mujeres que hombres en empleos mal pagados, el aumento del salario mínimo es especialmente beneficioso para ellas.
Sin embargo, que ellas tengan más empleos con jornadas reducidas, dando lugar a que acumulen menos horas de trabajo y, por tanto, menos ingresos anuales, puede generar que se beneficien más los hombres de estas mejoras y que la brecha salarial, a pesar de que el aumento del salario mínimo ayuda a reducirla, siga manteniéndose.
Celebración y lucha
Porque todavía las mujeres están en desventaja frente a los hombres. Porque todavía existe segregación laboral y las mujeres siguen ocupando empleos en sectores con peores salarios. Porque ellas siguen sufriendo las consecuencias de los estereotipos de género y los sesgos que generan, desde el suelo pegajoso, que les impiden desarrollarse en el mundo laboral o en la esfera de lo público, hasta el techo de cristal.
Por la brecha de género en el empleo y en los ingresos y porque no se puede olvidar que las diferencias entre mujeres y hombres no sólo tienen un impacto inmediato sobre la población trabajadora, sino que condicionan su acceso al sistema de prestaciones por desempleo y al sistema de pensiones por jubilación, y deja a las mujeres en clara desventaja. Celebremos las mejoras alcanzadas y sigamos luchando por la igualdad laboral entre mujeres y hombres.
Inmaculada Cebrián López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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