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El derecho a una muerte digna va a seguir siendo una dura y triste batalla con un país cada vez más retraído y conservador ante la presencia de la ultraderecha en las instituciones.
Una mujer de casi setenta años solicitó acogerse a la Ley de Eutanasia el pasado 7 de julio en el Hospital Gómez Ulla de Madrid. La última respuesta de la Administración la obtuvo el 8 de septiembre. Le dijeron que debía seguir esperando. Pero ella no quería seguir sufriendo, por lo que el pasado domingo reservó una habitación de hotel y se quitó la vida.
El pasado 3 de septiembre la mujer explicaba en una entrevista a El País que su vida se limitaba a luchar contra un dolor insoportable y que la única esperanza que aún la separaba del suicidio era la posibilidad de que se le practicara la eutanasia, cuya ley reguladora había entrado en vigor en España el 25 de junio.
El 7 de julio acudió a la consulta de su médica en el hospital y le pidió que la ayudara a morir. La doctora accedió, pero dos días después la telefoneó para comunicarle que se había declarado objetora de conciencia. Parece que Madrid tiene un serio problema con la objeción de conciencia de sus médicos.
La mujer padecía una patología crónica osteomuscular incurable, agravada por su intolerancia a los opioides, y a la que se había añadido hace poco un cáncer de vejiga “invasivo y de alto grado”.
«La decisión está tomada»
«La decisión está tomada. No creo que vaya a llegar a tiempo de que me puedan aplicar la ley. Siempre he dicho que no quiero vivir si no puedo tener decisión sobre mi vida. Y ya no puedo coser, no puedo leer. No hay nada que me ilusione. Nada. No se trata de un capricho, es que mi vida consiste en sufrir lo menos posible, y aun así mi sufrimiento es intolerable. Por eso digo que a lo mejor aguanto hasta octubre o a lo mejor no», explicó a El País.
Ante la pregunta de si se acogería a otra solución si no lograba conseguir la eutanasia, la mujer contestó que tenía alternativas, aunque «no son agradables. Pero psicológicamente es muy violento. Es violento pensar: ‘Me estoy suicidando’. Yo no quiero eso. No quiero suicidarme. Solo quiero que me ayuden a dejar de sufrir. Nada más. Para mí es inconcebible que haya una ley y que no se pueda aplicar·.
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