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El president quiso reescribir la DANA. La jueza le recuerda que hay muertes, documentos y llamadas rechazadas.
LA VERDAD JUDICIAL CONTRA LA PROPAGANDA
La DANA dejó rastros de agua y también rastros de responsabilidad política. Un año después, la jueza Ruiz Tobarra acaba de señalar algo que ya sabían las familias de las víctimas: Carlos Mazón ha construido un relato falso para protegerse, pero la realidad judicial no acepta maquillaje. Sobre todo cuando hay personas muertas, avisos ignorados y decisiones fallidas que se tomaron —o se evitaron— desde la presidencia de la Generalitat.
La magistrada ha pedido las grabaciones de la comparecencia de Mazón del 18 de noviembre de 2025 en el Congreso, no por capricho sino por necesidad probatoria. Quiere comprobar punto por punto las falsedades que el president dijo a cámara, contradiciendo hechos acreditados en la instrucción. Lo hace tras la petición de una asociación de víctimas y tras constatar un choque frontal entre la versión política y la verdad judicial.
El choque tiene hora exacta. Entre las 19:00 y las 19:36 de esa tarde crítica, cuando el agua ya desbordaba cauces y los equipos de emergencia reclamaban decisiones inmediatas, Mazón afirmó que no atendió dos llamadas de la entonces consellera por tener el teléfono “en la mochila”. La jueza desmonta la excusa: no fueron llamadas perdidas, sino canceladas. Es decir, Mazón las rechazó. Y esas dos llamadas eran decisivas antes del envío del Es-Alert de las 20:11, el mensaje que la instructora ha calificado como “erróneo y tardío”.
La jueza no se queda ahí. Recuerda que en el propio terminal de la principal acusada constan llamadas canceladas también a las 16:29, 19:10 y 19:36, en un momento en el que el desastre ya estaba anunciando su magnitud. Mientras tanto, el 112 recibía avisos desesperados, como el de Francisca, cuyo hijo llamó para alertar de que su familia se estaba ahogando. Murieron el padre y dos hermanos. En esa misma franja horaria, el president rechazaba llamadas.
Una democracia se mide por cómo reacciona quien tiene el poder cuando todo se hunde. Mazón decidió esconderse detrás de su mochila.
EL RELATO DEL PRESIDENT SE DESMORONA
La jueza Ruiz Tobarra también desmonta otra mentira repetida en la comparecencia: que Mazón no supo que había personas fallecidas hasta la madrugada del 30 de octubre. Basta revisar la hemeroteca. A las 00:35, él mismo compareció ante los medios en el Centro de Emergencias para confirmar muertes. Lo hizo en directo, ante las cámaras de À Punt. Que ahora pretenda no recordar sus propias palabras solo subraya el abismo entre la verdad y su estrategia de supervivencia política.
En su diligencia, la jueza recuerda que el president no quiso declarar voluntariamente ante su juzgado como investigado. De haberlo hecho, no tendría obligación de comparecer en la comisión del Congreso. Eligió el escaparate, no la transparencia. Eligió la propaganda, no la responsabilidad.
Ahora esa elección se le vuelve en contra. La jueza considera que sus palabras sobre el CECOPI, las decisiones adoptadas y el envío del Es-Alert deben incorporarse como prueba. Porque el president no es un espectador: según la Ley 5/1983, tiene funciones directivas y de coordinación, puede impartir instrucciones a su Consell y es la máxima autoridad de la Generalitat. Fingir que pasaba por allí es incompatible con la ley y con los hechos.
Y aquí entra la política. El PSPV-PSOE ya ha anunciado una querella por falso testimonio, mientras Compromís estudia acciones legales. “Ayer no mintió presuntamente, sino que mintió”, dijo Alberto Ibáñez. Podemos reclama que sea la comisión quien eleve el caso a los tribunales.
Cuando tres partidos y una jueza coinciden en que un president ha mentido, el problema ya no es jurídico. Es moral.
Las víctimas llevan más de un año pidiendo verdad mientras escuchan al president hablar de “persecución política”. La jueza no opina sobre eso. Solo enumera hechos: llamadas rechazadas, avisos ignorados, muertes conocidas antes de la madrugada y un relato imposible de sostener.
El agua se llevó vidas. Mazón intenta que no se lleve su carrera. Pero la justicia ya ha abierto la compuerta.
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