Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Un retraso regulatorio de seis años convierte la “prudencia” del sistema eléctrico en un cheque en blanco para las grandes compañías
UNA NORMA ATASCADA DESDE 2019
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) arrastra desde 2019 un proyecto pendiente: actualizar el obsoleto servicio de control de tensión, en vigor desde el año 2000, cuando las renovables eran casi irrelevantes. Durante todo este tiempo el regulador ha preferido encadenar proyectos piloto y excusas burocráticas mientras las eléctricas convertían ese vacío legal en negocio.
El resultado es demoledor: 2.493 millones de euros en pagos por “restricciones técnicas” entre enero y agosto de 2025, un récord histórico que en unos días superará el gasto de todo 2024, que ya había marcado el máximo anterior. Si en 2019 el coste total de estas restricciones fue de 247 millones, este año puede rozar los 3.000 millones.
Estas “restricciones” no son más que un sistema de pagos extraordinarios para asegurar la estabilidad de la red, donde los grandes beneficiados son los ciclos combinados de gas. Hay plantas que obtienen más del 80% de sus ingresos gracias a este mecanismo. La CNMC, consciente de esta anomalía, reconoció “problemas continuos de control de tensión” en 2022. Aun así, prefirió no actuar hasta que la tormenta perfecta del apagón del 28 de abril de 2025 convirtió la negligencia en un pozo sin fondo de dinero público.
UN APAGÓN CONVERTIDO EN NEGOCIO
El “modo de operación reforzada” decretado tras el apagón disparó el gasto. Solo entre mayo y agosto, el coste de las restricciones técnicas ascendió a 1.311 millones, de los cuales unos 940 millones se aplicaron en el mercado diario. Según el propio secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, al menos un tercio de ese importe —más de 300 millones— responde directamente al colchón extra de seguridad que se activó para calmar los nervios de un sistema eléctrico mal diseñado.
La paradoja es grotesca. En lugar de reforzar las renovables, se priorizó meter más gas, bloquear en momentos puntuales la entrada de eólica o fotovoltaica y mantener a las centrales térmicas como salvavidas. El mismo modelo fósil que nos empuja a la crisis climática es el que cobra peajes millonarios por garantizar una supuesta estabilidad.
El Ministerio para la Transición Ecológica insiste en que quienes tienen contrato fijo anual no verán incrementos en su factura, pero admite que los consumidores con tarifa indexada —como la tarifa regulada PVPC— sí pagan este seguro camuflado. El riesgo se socializa, el beneficio se privatiza.
Mientras tanto, la CNMC anunció en junio la aprobación del nuevo servicio de control de tensión, que por fin permitirá que las renovables participen y se impongan sanciones a las grandes centrales que incumplan. Pero no entrará en vigor hasta 2026. Es decir, cuando se aplique habrán pasado siete años desde que el regulador advirtió la necesidad de reformar el sistema.
El informe del Gobierno tras el apagón repartió responsabilidades en todo el sector, pero Red Eléctrica culpó directamente a instalaciones de las grandes eléctricas que no hicieron bien su trabajo. Aun así, el regulador y el ministerio han blindado un sistema donde el gas sigue siendo imprescindible. Lo llaman seguridad, pero es un atraco programado.
Síguenos en Telegram y apóyanos en Donorbox para seguir denunciando cómo convierten cada crisis en un negocio.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Taty Almeida no muere: deja una acusación eterna contra los verdugos y sus herederos
Taty Almeida murió el 14 de junio, a los 95 años, pero la noticia no puede escribirse como una necrológica amable. Sería casi una falta de respeto. Taty no fue una señora buena que “buscó a su hijo”. Fue una acusación viviente. Una mujer que convirtió el dolor en expediente político, la ausencia en pancarta y la maternidad en una forma de resistencia contra el Estado asesino, sus cómplices civiles y sus herederos ideológicos.
Su hijo, Alejandro Almeida, fue secuestrado y desaparecido el 17 de junio de 1975 por la Triple A, antes incluso del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Tenía 20 años. Era estudiante de Medicina, militante, poeta. Un joven al que le arrebataron la vida, el cuerpo, la historia y hasta el derecho elemental de tener una tumba. Ese fue el método. No bastaba con matar. Había que borrar. Borrar nombres, borrar pruebas, borrar vínculos, borrar madres. Y ahí fallaron.
Porque aparecieron ellas.
Begoña Gómez y el jurado popular: cuando la justicia se entrega a nueve ciudadanos sin herramientas suficientes
La causa contra Begoña Gómez ha dejado de ser solo una causa judicial. Hace tiempo que es otra cosa. Una pieza más en esa trituradora política, mediática y judicial donde la presunción de inocencia se convierte en estorbo, el procedimiento en espectáculo y la toga en decorado. El 15 de junio, la esposa del presidente del Gobierno compareció ante el juez Juan Carlos Peinado en una audiencia previa de carácter protocolario. Sobre la mesa, el posible juicio contra ella, contra su asesora Cristina Álvarez y contra el empresario Juan Carlos Barrabés por presuntos delitos de corrupción en los negocios, malversación, tráfico de influencias y apropiación indebida.
La fase de instrucción queda ya encaminada hacia la Audiencia Provincial de Madrid. Y ahí aparece la bomba procesal: un juicio con jurado popular. Es decir, nueve personas elegidas entre la ciudadanía podrían acabar decidiendo sobre un asunto contaminado desde hace meses por tertulias, titulares, filtraciones, bronca parlamentaria y esa mezcla tan española de ruido judicial y cálculo partidista. Qué podía salir mal.
Netanyahu sabotea el acuerdo mientras Israel sigue bombardeando Líbano
El acuerdo anunciado entre Estados Unidos e Irán tenía que abrir una rendija. No una paz justa, no una solución profunda, no el fin de la maquinaria de guerra que lleva décadas triturando Oriente Medio, pero al menos una pausa. Un freno. Algo parecido a respirar. Sin embargo, Benjamin Netanyahu ha decidido recordar al mundo quién manda cuando el militarismo se siente impune: Israel ha seguido atacando Líbano incluso después del anuncio del pacto.
Vídeo | Estrenamos reportaje contra la guerra cultural de la ultraderecha
Spanish Revolution estrena la primera parte del reportaje “¿Puede la ULTRADERECHA ganar la BATALLA CULTURAL?”, presentado por Patricia Salvador. Y la pregunta no es menor. Tampoco es una provocación para redes. Es una advertencia política en mitad de una época en la que la extrema derecha ya no necesita presentarse siempre con el uniforme completo. A veces le basta con hablar de “libertad”, “familia”, “patria”, “seguridad” o “sentido común” mientras va vaciando esas palabras de contenido democrático.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir