El fuego arrasa 400.000 hectáreas y el partido ultra responde con propaganda mientras oculta que tuvo responsabilidad en esta materia en gobiernos autonómicos.
El negacionismo no apaga incendios, pero sí alimenta las llamas políticas. Esa es la estrategia de Vox: utilizar la peor oleada de fuegos forestales de la historia reciente, que ya ha devorado unas 400.000 hectáreas en solo tres semanas, para reforzar su cruzada contra la ciencia, la Unión Europea y cualquier mínima política de prevención ambiental.
EL INCENDIO COMO EXCUSA PARA LA PROPAGANDA
Mientras técnicos y científicas alertan de los llamados incendios de sexta generación (tan intensos que a veces resultan imposibles de sofocar), Vox decide burlarse de la emergencia climática y reducir el desastre a una batalla cultural. Sus portavoces niegan el papel del cambio climático, ridiculizan el Pacto Verde europeo y culpan a Bruselas de “criminalizar” las tareas agrícolas. Un discurso vacío que se sostiene en medias verdades y mentiras abiertas: no hay ninguna normativa que impida desbrozar o segar terrenos rurales.
No se trata solo de ruido en el Congreso. Vox fue parte del Gobierno de Castilla y León hasta 2024, donde controló la Consejería de Agricultura y se dedicó a combatir lo que llamaron “psicosis ambientalista”. Allí votaron junto al PP contra una ley que reconocía a las y los bomberos forestales como personal protegido. En Andalucía, la primera legislatura de Juan Manuel Moreno dependió de sus votos. En Madrid, Isabel Díaz Ayuso tampoco habría gobernado sin su apoyo hasta lograr mayoría en 2023. Quienes hoy señalan al Estado como culpable, ayer recortaban brigadas y llamaban despilfarro al mantenimiento de operativos en invierno.
La hipocresía se multiplica cuando su portavoz, Pepa Millán, acusa al Gobierno de “culpar al cambio climático” y desprecia la creación de una comisión interministerial. Lo hace al mismo tiempo que ignora un hecho incontestable: España ha dejado de invertir en prevención durante más de una década, con gobiernos del PP y del PSOE, y Vox fue pieza clave en sostener esa desidia.
NEGACIONISMO COMO PROGRAMA POLÍTICO
El negacionismo climático de Vox no es un error de cálculo, sino un proyecto consciente. Cuando los fuegos devastan comunidades enteras y obligan a evacuar a miles de personas, los ultras prefieren hablar de lobos que asedian a ganaderos o de la “crisis migratoria”. El objetivo no es solucionar nada, sino mezclar tragedias con prejuicios para mantener viva la máquina del odio.
En el Congreso, Figaredo llegó a afirmar que los incendios podrían haberse evitado si se dejara a agricultores y ganaderos “limpiar” el campo. Una falacia que niega la complejidad de los ecosistemas y busca convertir cada hectárea arrasada en un argumento contra la Agenda 2030. No es casual: Vox ya exige la retirada del Pacto Verde europeo como receta mágica para frenar el fuego, una propuesta tan absurda como pedir que se derritan los glaciares para evitar inundaciones.
Al mismo tiempo, culpan al sistema autonómico, al que llaman “elefantiásico” y “evasor de responsabilidades”. Es el manual clásico de la extrema derecha: aprovechar cualquier crisis para atacar la descentralización política, cuestionar el Estado de las Autonomías y reavivar su nostalgia centralista. Pero lo hacen después de haber sido parte del engranaje autonómico y municipal en media España.
Mientras tanto, las cifras hablan por sí solas: 400.000 hectáreas calcinadas, miles de personas evacuadas y una crisis ecológica que se repite verano tras verano. El PP intenta desviar el foco hacia Moncloa, y Vox aprovecha para presentarse como alternativa a todos, aunque comparta con el PP la responsabilidad directa en recortes, inacción y desprecio hacia el medio ambiente.
La ultraderecha convierte el humo en narrativa política. No para salvar vidas ni bosques, sino para seguir construyendo un país a su medida: hostil con la ciencia, con el ecologismo, con las comunidades autónomas y con cualquier avance social. Y mientras tanto, España arde.
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