Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El pueblo andaluz vuelve a la calle: la sanidad no se vende, se defiende.
EL NEGOCIO DE LA ENFERMEDAD
Más de 56.000 andaluces y andaluzas llenaron las calles de las ocho capitales para gritar lo que la Junta de Andalucía intenta ocultar tras ruedas de prensa y cifras maquilladas: la sanidad pública está siendo desangrada a propósito.
Málaga fue el epicentro, con 20.000 manifestantes, seguida de Sevilla con más de 12.000 y Granada con 11.000. No fueron números, fueron gritos. Mujeres, enfermeros y enfermeras, médicos y médicas, familias enteras. Todos clamando contra lo que ya no es una “mala gestión”, sino un plan meticuloso de privatización.
El detonante fue el escándalo de los cribados de cáncer de mama, una negligencia institucional que dejó a miles de mujeres sin recibir sus resultados desde abril de 2021. El silencio administrativo se convirtió en una sentencia de muerte para muchas. Las mareas blancas lo llaman “la punta del iceberg”, y no exageran: listas de espera eternas, hospitales colapsados, atención primaria desbordada y contratos temporales que duran menos que una consulta.
Los sindicatos CCOO, UGT y Mareas Blancas no hablan ya de deterioro, sino de desmantelamiento planificado. Lo hacen con pruebas: el gasto sanitario público por habitante en Andalucía sigue siendo de los más bajos del Estado, mientras el presupuesto destinado a conciertos con empresas privadas no deja de crecer. En 2024 superó los 1.000 millones de euros, según datos del propio presupuesto andaluz.
Y mientras tanto, Juan Manuel Moreno Bonilla se autoproclama líder ejemplar con un 99,5 % de apoyo interno. Un dato que da más miedo que orgullo. En su discurso habló de “errores”, pero no pronunció una sola vez la palabra “mamografía”. Dijo que la sanidad “funciona” y que “salva vidas”. Pero los datos lo desmienten: los recortes en atención primaria, la externalización de servicios y la huida del personal sanitario hacia otras comunidades son la radiografía de un modelo que no cura, sino que factura.
EL GRITO DE QUIENES YA NO CONFÍAN
Las calles andaluzas hablaron con una voz que la Junta no puede silenciar: “Nuestras vidas no pueden esperar”.
Una mujer lo resumió ante los micrófonos: “Queremos morir de viejas, no de cáncer”. No es una metáfora, es una denuncia. Las consecuencias del fallo en los cribados son concretas, con nombres y apellidos, con familias que no supieron que tenían un tumor hasta que fue demasiado tarde.
El movimiento sanitario andaluz se ha convertido en el corazón moral de la resistencia social. Frente a un gobierno que privatiza con lenguaje de eficiencia, la ciudadanía defiende con pancartas lo que es de todos. Porque la salud no es un servicio, es un derecho.
Y ese derecho está siendo vendido pieza a pieza: desde los hospitales que externalizan diagnósticos hasta los centros de salud convertidos en máquinas de derivar pacientes al sector privado.
Mientras Satse y CSIF se desmarcan por “desacuerdos organizativos”, las mareas blancas saben que el verdadero desacuerdo está en la calle: el pueblo frente al negocio. La lógica neoliberal que gobierna Andalucía considera que la salud debe generar beneficios, no bienestar. Y eso lo cambia todo.
Lo que antes era un sistema sanitario público, universal y garantista, se está transformando en una red de contratos para empresas privadas, donde las urgencias se colapsan y las citas médicas se programan con meses de espera. El deterioro es tan evidente que ni siquiera la propaganda institucional consigue ocultarlo.
Andalucía, la tierra que parió médicos rurales que atendían con lo que tenían y enfermeras que se jugaban la vida en pandemia, ahora ve cómo sus profesionales se marchan a otras comunidades porque aquí la precariedad se paga con vocación.
Moreno Bonilla promete más medios y más inversión, pero los hechos lo contradicen: la ratio de profesionales sanitarios por habitante sigue por debajo de la media estatal, y el presupuesto real en atención primaria apenas creció un 3 % en 2025, muy lejos del 25 % recomendado por la OMS para reforzar el sistema público.
En un país donde los hospitales ya se gestionan como empresas, las manifestaciones del domingo no fueron solo una protesta: fueron una advertencia colectiva.
Porque cuando las y los trabajadores de la salud se plantan, no lo hacen por ideología, sino por supervivencia.
La Junta puede seguir repitiendo que “todo funciona”.
Pero las calles, una vez más, demostraron lo contrario.
Y cuando la gente sale por su salud, lo que se está defendiendo es la vida misma.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
González Amador y el negocio privado junto al poder público que Ayuso no podrá justificar jamás
Entre 2021 y 2023, Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, ganó una media de casi 1,5 millones de euros al año. No está mal para un “ciudadano cualquiera”. Tampoco está mal que esos fueran, precisamente, los primeros años de su relación con la presidenta de la Comunidad de Madrid. Casualidades. Siempre casualidades. En Madrid parece que la suerte empresarial cae del cielo, pero solo en ciertos áticos, ciertos despachos y ciertas sociedades con nombres pulidos.
González Amador había creado su consultora en 2016. Al año siguiente empezó a hacer auditorías para Quirónprevención. Entonces sus facturaciones estaban por debajo de los 400.000 euros. Después vino el salto. Y no un salto pequeño. Un salto de esos que en cualquier democracia mínimamente higiénica obligaría a abrir ventanas, expedientes y preguntas públicas. Porque Quirón recibe cada año alrededor de 1.000 millones de euros por su cooperación hospitalaria en la Comunidad de Madrid. Ahí está la línea de puntos. No hace falta ser detective. Basta con no querer mirar hacia otro lado.
¿Ha cruzado Peinado la última línea?
El juez Juan Carlos Peinado ha vuelto a hacer lo que mejor define esta instrucción: estirar el caso hasta convertirlo en un espectáculo político con toga. El 20 de junio, el magistrado envió a juicio a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y le impuso medidas cautelares: retirada del pasaporte, prohibición de salir del territorio nacional y comparecencia quincenal en el juzgado. Hasta ahí, el repertorio habitual de una causa que lleva demasiado tiempo oliendo más a obsesión que a justicia.
Pero esta vez Peinado fue más lejos. Mucho más lejos. En su auto llegó a sugerir que los agentes encargados de escoltar a Begoña Gómez podrían, “bien por iniciativa propia o siguiendo órdenes de sus superiores jerárquicos”, colaborar en una hipotética fuga. Es decir, el juez no solo dibuja a la investigada como alguien que podría escapar. Dibuja también a policías nacionales como posibles cómplices. Sin una prueba concreta encima de la mesa. Sin individualizar conductas. Sin indicios determinados. Una sombra lanzada sobre servidores públicos porque sí. Porque encaja en el relato.
Israel mata al cámara Ahmed Wishah y vuelve a llamar “terrorista” al periodista muerto
El cámara de Al Jazeera Ahmed Wishah fue asesinado el 20 de junio en un ataque aéreo israelí contra una vivienda del campo de refugiados de Bureij, en el centro de Gaza. No murió en una abstracción bélica. No cayó en “daños colaterales”. Fue alcanzado por un bombardeo en una casa de un campo de refugiados, uno de esos lugares donde la palabra refugio ya suena a burla cruel cuando la maquinaria militar israelí decide que no hay techo, calle, hospital, escuela, convoy, tienda de campaña ni cámara que merezca seguir en pie.
Según Al Jazeera, en el ataque murieron dos personas y al menos otra persona palestina resultó herida. La cadena fue directa: condenó el “asesinato deliberado” de Ahmed Wishah, trabajador de Al Jazeera Mubasher, y recordó que es el 12º trabajador de la red asesinado en Gaza desde que comenzó la guerra genocida de Israel en octubre de 2023. Doce trabajadores de un mismo medio muertos. Doce. Luego vendrán los portavoces con su jerga de expediente, sus frases prefabricadas y sus acusaciones sin pruebas. Pero el dato queda ahí, como una losa sobre la conciencia de un mundo que mira demasiado y actúa demasiado poco.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir