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La periodista Julia Otero recupera un antiguo tuit publicada por ella misma hace dos años que encaja perfectamente con la actualidad de nuestro país
La reputada periodista gallega, Julia Otero, presentadora de ‘Julia en la Onda‘ ha querido rescatar un tuit que publicó en 2018 y encaja perfectamente en la actualidad que nos rodea, con la extrema derecha polarizando cada decisión e intentando incluir en la ley de la Eutanasia a la religión o la ética.
«No al divorcio. No al aborto. No al matrimonio gay. No a la ley antitabaco. No a la paridad. No al carnet por puntos. No a la educación sexual. No a restringir el tráfico en las grandes ciudades. De entrada, No a todo. Hasta que la realidad les alcanza, 10,20 o 40 años después», escribió Julia Otero el 1 de diciembre de 2018.
Al citar el tuit, la periodista indicó: 2 años tiene este tweet. Suma y sigue. No a la eutanasia.
2 años tiene este tweet ? Suma y sigue. No a la eutanasia. https://t.co/IvpsVLVrUN
— Julia Otero (@julia_otero) December 17, 2020
Eutanasia: política por encima de la libertad individual
El criterio médico, el entorno del paciente, los planteamientos de tipo religioso, la distribución de recursos, la salvaguarda de intereses de terceras partes… La posibilidad de prolongar la vida, meramente biológica, suscita conflictos sobre cómo proceder. Hay personas que manifiestan claramente su deseo de morir de forma rápida e indolora, pero los médicos que les atienden dudan frecuentemente de cuál es la conducta correcta desde el punto de vista ético o jurídico.
A la hora de realizar una valoración moral de la eutanasia y su regulación legal, la mayor dificultad estriba en compatibilizar el derecho a una muerte digna –lo que significa a no recibir tratos inhumanos o degradantes, al rechazo de tratamiento, a la autodeterminación y libre disposición corporal, a disponer libremente de la propia vida, a la misma intimidad–, con ciertas concepciones del derecho a la vida que, en la práctica, implican el deber de vivir contra la propia voluntad.
La enorme carga ideológica que ha arrastrado este debate motiva que ciertas posiciones se parapeten en actitudes maximalistas y, en muchos casos, intolerantes. Entre los detractores de la eutanasia se aprecia con frecuencia un planteamiento que lleva a un enfrentamiento de absolutos que enarbola la sacralidad de la vida en cualquier circunstancia, mientras que por parte de los defensores del derecho a morir en libertad se enfoca una cuestión de respeto.
La valoración que cabe hacer de esta proposición de Ley para la eutanasia es eminentemente positiva, porque abarca prácticamente todas las situaciones posibles, incluidas las más difíciles de regular, que son aquellas en las que el sujeto no ha manifestado ni puede manifestar su voluntad. También cabe calificar como amplia la situación descrita como “contexto eutanásico”, sobre todo porque no se limita a reconocer como tal la grave enfermedad física inhabilitante sino también la enfermedad psíquica, tan grave como aquélla aunque no se manifieste de igual modo.
Por todo ello, la proposición de Ley se sitúa en la vanguardia de la regulación sobre eutanasia en la Unión Europea, junto a países como Holanda y Bélgica, que la adoptaron hace casi veinte años, configurando un modelo de respeto a la libre decisión de la persona sobre su propia muerte y también a someter a la legislación civil a criterios puramente civiles, lejos de las prescripciones dictadas por las confesiones religiosas que confieren a la vida un naturaleza de “santidad” que resulta más bien un eufemismo que sirve para expropiar al ciudadano de su derecho a decidir sobre su propia muerte.
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