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¿Qué justificación puede existir para un bloqueo que condena a casi dos millones de personas a vivir en condiciones inhumanas? ¿Cómo es posible que, en pleno siglo XXI, sigamos presenciando masacres bajo el pretexto de la «seguridad»?
Desde que comenzaran los ataques israelíes en Gaza el 7 de octubre de 2023, las cifras de víctimas son escalofriantes: casi 41.600 palestinas y palestinos han perdido la vida en un baño de sangre que parece no tener fin. Mientras, en Líbano, los bombardeos israelíes se han cobrado ya la vida de 1.640 personas, muchas de ellas niños y niñas. La brutalidad y la desproporción de la respuesta militar israelí han superado cualquier límite ético o moral.
LA CRISIS HUMANITARIA EN GAZA ES UNA VERGÜENZA INTERNACIONAL
El bloqueo impuesto por Israel en Gaza no solo ha traído consigo la muerte directa por los bombardeos, sino que ha condenado a la población a vivir en condiciones que cualquier ser humano calificaría de inhumanas. Gaza es un infierno sobre la Tierra. Montañas de basura, aguas residuales filtrándose en las calles, infraestructuras colapsadas. La Organización de Naciones Unidas (ONU) lo ha denunciado una y otra vez, pero las cifras hablan por sí solas: 41.600 personas asesinadas, casi 100.000 heridas. Todo ello con un millón de niños y niñas viviendo entre ratas y aguas contaminadas.
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) advirtió que Gaza es un lugar que horroriza incluso a los trabajadores de ayuda humanitaria más experimentados. Las familias palestinas no solo enfrentan los bombardeos, sino la falta de acceso a comida, agua y atención médica. No hay tregua ni respiro. Los hospitales están desbordados y la ayuda humanitaria no llega. El bloqueo no solo destruye infraestructuras, destruye vidas. No se trata de una guerra; es un exterminio sistemático bajo el pretexto de la seguridad nacional.
El bloqueo a Gaza no es solo un ataque a Hamas, es un ataque a la vida misma de casi dos millones de personas. El discurso de la seguridad no puede seguir siendo una justificación para la limpieza étnica que Israel está perpetrando con total impunidad. Naciones Unidas ha documentado cómo las aguas residuales se filtran en las calles, mientras la población está expuesta a enfermedades como la polio. Gaza, en pleno 2024, se ha convertido en una trampa mortal para su gente.
LÍBANO, OTRA VÍCTIMA DE LA AMBICIÓN ISRAELÍ
Mientras la atención internacional se centra en Gaza, la ofensiva israelí ha comenzado a extenderse a Líbano. Miles de personas han sido asesinadas en tan solo un año. Hezbolá ha sido el blanco principal de los ataques, pero, como siempre, la población civil es la que más sufre. Entre las víctimas mortales hay 104 niños y niñas, un número que debería helar la sangre a cualquiera con un mínimo de humanidad.
El reciente asesinato del líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, y del comandante del frente sur, Alí Karaki, ha sido la última excusa para intensificar los bombardeos. La respuesta militar israelí no distingue entre combatientes y civiles. Líbano se desangra, y la comunidad internacional, de nuevo, guarda silencio. Según la ONU, más de 211.000 personas han sido desplazadas desde octubre de 2023. La gente huye del horror, pero no hay lugar seguro para quienes son considerados enemigos del Estado de Israel.
Los crímenes de guerra cometidos por Israel en Líbano no son nuevos, pero la magnitud de los ataques ha aumentado exponencialmente. La población libanesa no solo enfrenta los bombardeos, sino la destrucción total de sus hogares, escuelas y hospitales. La excusa es la misma: la lucha contra el terrorismo. Pero, ¿puede considerarse terrorismo vivir en tu propia tierra? ¿Es terrorismo defender tu hogar de una ocupación que lleva décadas sometiendo y desplazando a millones de personas?
CONCLUSIÓN IMPOSIBLE
El asesinato de civiles palestinos y libaneses no puede seguir justificándose bajo el pretexto de la «defensa». Israel está cometiendo crímenes de guerra, y la comunidad internacional lo sabe. Las cifras de muertes hablan por sí solas, y la impunidad de la que goza el gobierno israelí es una vergüenza para el derecho internacional. Pero lo peor de todo es que las y los palestinos y libaneses que sobreviven a estos ataques están condenados a vivir en la miseria y el sufrimiento más absoluto.
No hay justificación posible para tanta muerte.
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