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Los correos filtrados del caso Epstein vuelven a señalar a las élites políticas que operan fuera del foco democrático y conectan el aznarismo con la derecha radical transatlántica
La nueva desclasificación de correos vinculados a Jeffrey Epstein no ha traído revelaciones espectaculares en forma de titulares fáciles, pero sí algo mucho más incómodo: una fotografía nítida del ecosistema de poder que se mueve en paralelo a la política formal. Entre esos mensajes aparece una referencia directa a Friends of Israel Initiative, el lobby internacional fundado por José María Aznar, citado en un correo fechado en 2015 que describe una reunión de su consejo celebrada en Dallas y menciona a varios de sus integrantes.
El mensaje, dirigido al propio Epstein, no prueba una relación orgánica entre el financiero y la organización. Pero sí coloca a Friends of Israel dentro del mismo circuito de relaciones personales, económicas e ideológicas que rodearon durante años a Epstein. Y eso no es un detalle menor. Porque Epstein no era un actor aislado, sino un nodo en una red de élites que combinaba dinero, influencia política y acceso privilegiado a dirigentes de primer nivel.
El correo, cuyo remitente no ha sido identificado en la documentación pública, describe con naturalidad el funcionamiento de ese lobby. “Acabamos de celebrar una reunión del consejo de directores para una organización llamada Friends of Israel aquí en Dallas. Con sede en Europa. El ex presidente español José Aznar la fundó”, señala el texto. A continuación, remite a la web de la entidad y subraya la presencia de Robert Agostinelli, empresario estadounidense y uno de sus principales financiadores.
La mención explícita a que parte de las y los asistentes no eran judíos y al alojamiento gestionado por el entorno organizador refuerza la idea de un espacio de poder no confesional, diseñado para influir en la agenda internacional. Un lugar donde lo relevante no es la identidad religiosa, sino la afinidad ideológica y la capacidad de intervención política.
FRIENDS OF ISRAEL: UN LOBBY POLÍTICO SIN CONTROL DEMOCRÁTICO
Fundada en 2010, Friends of Israel Initiative nació tras la salida de Aznar de la primera línea institucional. Su objetivo declarado era defender la “legitimidad” del Estado de Israel frente a las críticas internacionales y blindar su derecho a la autodefensa. En la práctica, funcionó desde el inicio como un lobby político clásico, no como una ONG ni como una plataforma ciudadana.
La organización se dotó de un consejo compuesto por exdirigentes políticos, analistas de seguridad y grandes financiadores privados. Su actividad se articuló a través de reuniones a puerta cerrada, declaraciones conjuntas y un trabajo constante de interlocución con responsables políticos y diplomáticos, lejos del escrutinio público. Todo ello con una transparencia mínima y sin rendición de cuentas ante la ciudadanía.
Aunque su origen está vinculado al Estado español, su perfil dentro del debate político interno ha sido deliberadamente bajo. Friends of Israel no busca convencer a la opinión pública, sino influir directamente en quienes toman decisiones. Su lógica no es la del debate democrático, sino la del consenso entre élites.
La reunión celebrada en Dallas en 2015, ahora mencionada en los correos de Epstein, encaja perfectamente en ese patrón. Un encuentro fuera de Europa, con logística privada y con la presencia de figuras clave del lobby. Una forma de operar habitual en estos espacios, donde la política se prepara sin actas públicas ni control institucional.
RAFAEL BARDAJÍ, EL HILO QUE UNE AZNAR Y VOX
Entre los nombres asociados a Friends of Israel destaca el de Rafael Bardají, una figura central para entender la continuidad ideológica entre el aznarismo, el neoconservadurismo estadounidense y Vox. Bardají fue asesor de Aznar en materia de defensa y política exterior y dirigió la política internacional de la Fundación FAES entre 2004 y 2016.
Desde ese espacio contribuyó a difundir una visión del mundo basada en el atlantismo sin fisuras, la llamada “guerra contra el terror” y la defensa incondicional de Israel. Ese marco ideológico es el que vertebra Friends of Israel y el que posteriormente reaparece, casi sin cambios, en el discurso internacional de Vox.
Tras su salida del PP, Bardají se convirtió en uno de los principales referentes ideológicos de Vox, fue candidato al Congreso y responsable de su discurso en materia de seguridad y política exterior. Ha mantenido vínculos con figuras como Steve Bannon, uno de los arquitectos de las redes transnacionales de la extrema derecha.
Su presencia en el consejo de Friends of Israel y su mención en la reunión de Dallas no responden a una casualidad, sino a una función estructural: actuar como intermediario entre distintas derechas, distintas siglas y distintos países. El proyecto político cambia de nombre, pero la red permanece.
EL PODER QUE NO SE VOTA
Los correos de Epstein no hablan solo del pasado. Hablan de estructuras que siguen activas en 2026. Aznar continúa siendo un actor influyente en la derecha internacional. Bardají sigue marcando discurso. Friends of Israel mantiene su papel como plataforma de interlocución política. Nada de lo que aparece en esos mensajes pertenece a una etapa cerrada.
Think tanks, fundaciones privadas y lobbies internacionales siguen reuniéndose fuera del foco público, definiendo marcos ideológicos que luego se trasladan a parlamentos, gobiernos y medios de comunicación. No son espacios marginales, sino laboratorios de consenso donde se decide qué es aceptable y qué no en política internacional.
Porque el poder real no siempre se ejerce desde las urnas. A menudo circula por canales paralelos, en despachos privados, hoteles de lujo y reuniones sin actas, donde las alianzas no se anuncian, pero se consolidan. Y solo cuando una filtración rompe el silencio, podemos ver durante un instante cómo se organiza ese poder que nunca pidió permiso para existir.
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