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Todo indica que serán los grandes proyectos de las grandes empresas e inversores los que se queden casi todo el pastel de los fondos europeos
Artículo original de Eulixe
El pasado 28 de enero el Congreso votó la convalidación del Real Decreto Ley 36/2020 sobre cómo se gestionarán los billonarios fondos europeos, conocidos con el nombre Next Generation EU, y que movilizarán en total 750.000 millones de euros en los próximos tres años para reactivar la sociedad tras la concatenación de crisis que estamos viviendo.
La pregunta clave es: ¿acabarán esos fondos en el bolsillo de los mismos que nos han traído hasta aquí? ¿o se utilizarán realmente para iniciar una verdadera transición ecosocial y una promoción de la economía social, solidaria, feminista y sostenible?
Sin duda nos encontramos en el momento clave en que todos los grandes buitres de la economía europea están ejerciendo presiones para quedarse con todo el pastel. Es lo que advierten diversas organizaciones y asociaciones que están denunciando que tras la falta de transparencia en el proceso esté la intención de que el grueso de los fondos vaya a parar a grandes corporaciones a través de colaboraciones público-privadas.

Fondos para recuperación
El objetivo teórico de los fondos Next Generation EU es la transformación de las economías de los Estados miembros y la recuperación económica tras la pandemia de la COVID-19. La idea de la Comisión Europea es financiar una transformación y modernización de las industrias y economías basándose en lo ‘verde y digital’: el 37% de los fondos deberán ir la transición verde y el 20% a la digitalización.
El gobierno español debe presentar en las próximas semanas el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia “España Puede”, mediante el cual opta a 140.000 millones de euros, y que deberá ser aprobado por la Comisión Europea. La duda ahora es saber si serán las grandes empresas las que se queden con la mayor parte del pastel, en detrimento del sector público, las PYMEs, las trabajadoras autónomas y la economía social y solidaria.
Hasta ahora, todo indica que serán los grandes proyectos de las grandes empresas e inversores los que se queden casi todo el pastel: proyectos de infraestructuras y reformas de enormes dimensiones, donde empresas como Endesa o Repsol se llevarán miles de millones de dinero público para malgastarlo una vez más en obras infladas y de escasa utilidad real, y cuya finalidad última sería la de seguir engrosando las cuentas bancarias de las mayores fortunas del país, mientras la sociedad se enfrenta sola al vacío.
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