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El PP asume el discurso xenófobo de la extrema derecha mientras blanquea la explotación migrante para beneficio empresarial
EL PP ABANDONA EL CENTRO Y COMPRA EL RELATO ULTRADERECHISTA
El supuesto “partido de centro” que prometía Alberto Núñez Feijóo ya no existe. Lo ha enterrado él mismo, desde Barcelona, al presentar un plan migratorio calcado del argumentario de Vox. Diez puntos de propaganda identitaria, castigo y control, envueltos en lenguaje tecnocrático para disimular su raíz racista. El PP abandona toda pretensión de moderación y se lanza a competir con Abascal en el lodazal de la ultraderecha, allí donde el miedo se convierte en política pública.
Feijóo escogió Barcelona no por casualidad. La sombra de Aliança Catalana, partido abiertamente xenófobo, planea sobre Catalunya, y Génova busca pescar votos entre quienes confunden multiculturalidad con amenaza. El discurso es tan antiguo como peligroso: usar el racismo para ganar elecciones mientras se sigue dependiendo del trabajo migrante para mantener el sistema económico. La patronal no renunciará a su mano de obra barata, y Feijóo lo sabe. Por eso su plan distingue entre migrantes “útiles” y “prescindibles”, exactamente igual que hace Vox.
“La nacionalidad española no se regala, se merece”, declaró, repitiendo palabra por palabra la retórica excluyente que lleva una década inoculando la ultraderecha europea. El PP, que antes exigía regularizar, ahora promete “orden” a costa de derechos. Y ese orden se traduce en “cuotas por países”, “niveles de exigencia cultural” y “visados por puntos”, es decir: una jerarquía racial disimulada entre tecnicismos administrativos.
Feijóo quiere seleccionar a las personas según su procedencia, pero no tocará la migración millonaria que llega a España a través de los programas Golden Visa. Ni una palabra sobre los ricos que compran su residencia especulando con la vivienda o escondiendo capital en paraísos fiscales bendecidos por Madrid. El enemigo no es quien huye del hambre, sino quien la causa. Pero el PP prefiere mirar hacia arriba con reverencia y hacia abajo con desprecio.
DE LAS DEVOLUCIONES EN CALIENTE AL RACISMO ADMINISTRATIVO
El plan de Feijóo propone concentrar todo el poder migratorio en una única autoridad estatal, una fórmula para endurecer controles y reducir el margen de actuación humanitaria de las ONG. También exige “cumplir con las solicitudes de Frontex”, la misma agencia europea acusada de devoluciones ilegales y responsable de miles de desapariciones en el Mediterráneo. El PP quiere blindar un modelo que ya ha sido condenado por vulnerar derechos humanos, pero que ahora se maquilla con palabras como “seguridad” o “eficiencia”.
Propone, además, retirar automáticamente la residencia a quien cometa “delitos graves” y establecer sistemas de cuotas de entrada por países y sectores, una especie de mercado laboral global en el que las personas se clasifican como si fueran mercancía. El mensaje es claro: trabajar sí, vivir no. Las y los migrantes pueden limpiar nuestras casas, recoger nuestra fruta y cuidar a nuestras mayores, pero no deben aspirar a los mismos derechos.
Ni una referencia a las muertes de jornaleros abandonados por sus empleadores, ni a los pisos sin ventilación donde se hacinan las familias que sostienen el campo, la hostelería o la logística. Feijóo dice que “no perpetuará un modelo que premia la infracción”, pero evita hablar del fraude patronal que se lucra explotando a quienes luego criminaliza.
Su propuesta de visados por puntos es una reedición del viejo sueño liberal: un ejército laboral sin derechos, desechable y disciplinado por el miedo a la deportación. Tres formatos, tres castas. El visado para quienes ya tienen contrato (sumisos y agradecidos), para quienes buscan trabajo en “sectores tensionados” (los peores pagados) y para quienes están en situación irregular (a quienes se les concede una prórroga antes de expulsarles).
Feijóo promete residencia “según el esfuerzo”. No especifica cómo se mide el esfuerzo de quien cruza el Mediterráneo jugándose la vida o trabaja 14 horas en el campo sin contrato. Quizá se refiera al esfuerzo de quienes invierten millones para comprar un ático en Madrid y financiar campañas conservadoras. El PP nunca ha escondido su doble moral: regular para el pobre, barra libre para el rico.
Incluso el padrón municipal se convierte en un instrumento de control. “Solo con fines estadísticos”, aclara el texto, reduciendo el registro vecinal a un censo para vigilar, no para garantizar derechos. La mayoría de ayudas ya exigen residencia legal, pero Feijóo insiste en alimentar la mentira de que los migrantes se aprovechan del sistema. El dato lo desmiente: el 82,5% de las personas que cobran el Ingreso Mínimo Vital son españolas. La realidad no importa cuando la estrategia es fabricar enemigos.
El PP se ha quitado la máscara: ya no finge ser el partido del centro, sino la cara amable del odio. No combate la desigualdad, la gestiona. No discute con Vox, lo imita. No ofrece soluciones, ofrece culpables. En su modelo, las y los migrantes seguirán limpiando los platos que la derecha ensucia con sus discursos.
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