Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La derecha que presume de orden se estrelló contra su propio desorden: casi veinte años de cárcel para uno de sus altos cargos en Galiza.
EL CORAZÓN OCULTO DE UNA TRAMA DE 154 MILLONES
Hay condenas que destapan algo más que un delito. La sentencia contra Norberto Uzal, ex director xeral de Administración Local en la Xunta de Feijóo entre 2009 y 2013, revela un ecosistema político que se presenta como garante de la legalidad pero que convive sin problemas con figuras cuya trayectoria se pierde en los márgenes de la ultraderecha y los negocios opacos. Diecinueve años y medio de prisión por blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal no se levantan de la nada. Son la consecuencia de una trama industrial que movía hidrocarburos como si la Hacienda Pública fuese un obstáculo prescindible.
Entre 2016 y 2019, el fraude por IVA sumó 154.729.899,59 euros, una cifra que no necesita adjetivos. Basta leerla. La Audiencia Nacional desmontó el entramado: una red de empresas creadas para comprar, distribuir y vender carburante a precios imposibles porque no pagaban el impuesto que cualquier persona trabajadora abona sin rechistar cuando llena el depósito. La mercantil Hafesa Energía, donde Uzal ocupó puestos directivos, aparece en la sentencia como engranaje central. Ofrecían precios más bajos porque el fraude no era un accidente, sino un modelo de negocio.
Lo relevante no es solo el delito, sino el contexto político que lo rodea. Uzal llegó a la Xunta de la mano de Alfonso Rueda, entonces número dos de Feijóo y hoy presidente autonómico. Y su nombramiento generó polémica desde el comienzo: en 1994, Uzal fue candidato de Falange en las elecciones europeas. Es decir, un representante explícito de la ultraderecha ocupó un puesto clave en la administración gallega encargado (paréntesis que define toda la ironía) de coordinar programas financiados por la Unión Europea, conceder subvenciones públicas y colaborar con los ayuntamientos.
El círculo se cierra con precisión histórica: parte del fraude se canalizó mediante empresas instrumentales que dependían directamente de Hafesa. Y mientras la organización criminal amasaba beneficios, el Estado perdía decenas de millones. A cualquier autónoma o autónomo que se retrasa un día en el pago del IVA se le cae encima todo el peso de la ley. Aquí, en cambio, la trama operó durante años con un descaro que solo puede explicarse por una mezcla de impunidad económica y legitimidad política prestada.
La sentencia afecta a 14 personas y suma multas de más de 100 millones de euros, sin contar las penas de cárcel. La compañía se apresuró a anunciar recurso. Afirma que todo fue una relación comercial inocente, que no hubo colusión ni dirección para defraudar. El guion habitual. El capitalismo español, sobre todo el que orbita alrededor de los partidos conservadores, ha convertido la palabra transparencia en un envoltorio vacío que no resiste el primer golpe de luz.
Mientras tanto, la derecha institucional seguirá hablando de orden, de meritocracia, de esfuerzo individual. Es la retórica que exige sacrificios a las clases trabajadoras pero que se desentiende cuando el problema nace de sus propias redes de poder. La misma derecha que criminaliza a las y los activistas por defender la sanidad pública, la vivienda o los derechos laborales convive con ex altos cargos que terminan condenados por delitos gravísimos.
ULTRADERECHA, ADMINISTRACIÓN Y NEGOCIO: UN VIEJO PATRÓN GALLEGO
La historia de Uzal deja claro algo que la política dominante prefiere ignorar: la ultraderecha no es un fenómeno marginal en el Estado español. Se integra, se diluye, se normaliza y llega a las instituciones sin necesidad de brazaletes ni marchas. El paso de un candidato falangista a un puesto directivo en la Xunta de Feijóo no fue un accidente. Fue una decisión consciente. Y esa decisión ha terminado vinculada a un fraude monumental, a coches de lujo, a criptomonedas, a chalés adquiridos con dinero que no debía existir.
La economía española lleva décadas construida sobre una premisa silenciosa: quien tiene relaciones con el poder puede operar en un régimen paralelo, ajeno a las obligaciones que sí recaen sobre enfermeras y enfermeros, maestras y maestros, trabajadoras de hotel, personal de limpieza o quienes sostienen la vida cotidiana de este país. La trama de hidrocarburos no es una excepción. Es una muestra de cómo funciona un capitalismo que aplaude la austeridad para las mayorías y la opacidad para sus aliados.
La propia sentencia enfatiza que desde Hafesa se ideó el plan completo: estructura, funcionamiento, reparto de beneficios. Todo se construyó para maximizar ganancias con dinero que debía haber financiado escuelas infantiles, transporte público, refuerzo sanitario, políticas de igualdad y ayudas para combatir la pobreza energética. Cada euro defraudado terminó convertido en privilegio privado a costa de derechos colectivos.
Pero el aspecto más inquietante es la facilidad con la que se reciclan ciertos perfiles. La transición constante entre administración pública y empresa privada no es una puerta giratoria. Es un pasillo alfombrado que permite a quienes gestionan lo público explotar ese conocimiento a favor de intereses privados. Y cuando ese pasillo lo recorren personas con pasado falangista y presente empresarial vinculado a fraudes millonarios, el problema deja de ser individual. Es estructural.
Feijóo intenta construirse una imagen de moderación. Pero su biografía política está llena de silencios. Como este. Como la presencia de Uzal. Como los vínculos que el Partido Popular suele olvidar cuando habla de honradez, orden y seriedad institucional. El ruido mediático sobre otros escándalos nunca llega a tapar el olor rancio de lo que hoy vuelve a salir a la superficie.
Todo esto ocurre mientras los mismos sectores que auparon a Uzal denuncian supuestas persecuciones judiciales contra la derecha. La realidad es otra. La justicia ha dictado una condena contundente porque la corrupción no fue puntual. Fue una manera de estar en el mundo. Una forma de entender el poder. Una cultura política.
Y esa cultura política sigue ahí, respirando bajo la alfombra.
Quien roba al Estado roba al futuro.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir