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Facebook destroza a CrowTangle «por exponer que es una empresa que sirve de altavoz a la ultraderecha» 

CrowdTangle es una herramienta de análisis de datos, que desde 2016 era propiedad de Facebook.

Facebook en 2016 adquirió una empresa llamada CrowdTangle, que en definitiva, es «una herramienta de análisis de redes sociales que la prensa ha utilizado para monitorear las tendencias de los temas en Facebook, especialmente en el período previo a las elecciones de 2020″, tal y como resume el periodista Cory Doctorow.

Crowdtangle había operado como una unidad semiautónoma dentro de Facebook, «utilizada principalmente por las empresas de medios para rastrear el desempeño de sus historias en las redes sociales», reitera el periodista.

No obstante, explica Doctorow, que cuando el New York Times descubrió «cómo clasificar las publicaciones que incluían enlaces a la web real», «llegó un punto de inflexión».

Desde Facebook, con los directivos Silverman y Brian Bolanda la cabeza, ya que son quienes se encargan de la estrategia de colaboraciones, argumentaban que «la empresa debe compartir públicamente toda la información posible sobre lo que ocurre en su plataforma, ya sea bueno, malo o feo».

En el otro bando, estaban los ejecutivos, entre ellos el director de mercadotecnia y vicepresidente de análisis de la empresa, Alex Schultz, a quienes les preocupaba que Facebook estuviera revelando demasiada información.

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Según estos, «comentaristas de derecha como Ben Shapiro y Dan Bongino obtenían mucha más interacción en sus páginas de Facebook que los medios de comunicación convencionales», lo que acarrea un crecimiento de un discurso escorado y parcializado.

Tras esta batalla por los datos Facebook ha ganado la partida y ha eliminado a sus rivales. «se ha cargado Crowdtangle, una startup que compró en 2016, porque les dejaba en evidencia exponiendo lo que son: una red social que sirve principalmente para ser el altavoz de la extrema derecha», tuiteaba Shine McShine.

Esta «historia de CrowdTangle es importante porque ilustra la forma en que la obsesión de Facebook por gestionar su reputación a menudo obstaculiza sus intentos de limpiar la plataforma. Y llega al núcleo de una de las tensiones centrales que enfrenta Facebook en la era posterior a Donald Trump. La compañía, a la que se le culpa de todo, desde la interferencia en las elecciones hasta las dudas sobre las vacunas, quiere reconstruir la confianza con un público escéptico. No obstante, cuanto más comparte sobre lo que ocurre en su plataforma, más se arriesga a exponer verdades incómodas que podrían dañar aún más su imagen», sentencia el periodista Kevin Roose.