Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El adoctrinamiento religioso en las escuelas no es libertad de conciencia, es imposición estatal con sotana.
La cruz en la pizarra, la ley del más fuerte en el pupitre
Hay quien confunde laicidad con persecución. Quien cree que exigir que las escuelas públicas estén libres de dogmas es un ataque a la fe. No lo es. Lo que sí es un ataque —a la inteligencia, al derecho a la educación libre y a la autonomía infantil— es que, en pleno 2025, el Estado siga financiando clases de religión católica con dinero público. Religión evaluable. Con nota. Con temario. Con profesoras y profesores designados por los obispos, no por los claustros.
No es neutralidad, es subordinación institucional.
Porque cuando se permite que un credo entre al aula como asignatura, lo que se está haciendo es colocar una sotana sobre la Constitución. Se está cediendo a los acuerdos con el Vaticano —herencia directa del franquismo y aún vigentes— la soberanía sobre los contenidos educativos. En un país donde miles de niñas y niños estudian en barracones, donde se recortan becas comedor y donde falta profesorado, es ofensivo que el dinero se desvíe a sostener catequesis escolares. Pero el adoctrinamiento, ya sea con crucifijo o con Excel, siempre encuentra presupuesto.
En el curso 2023-2024, más del 60% del alumnado en Primaria y más del 50% en ESO cursó Religión católica, según datos del propio Ministerio de Educación. Y no porque haya un fervor místico desatado, sino porque en muchos centros no se ofrece una alternativa real. Porque no se garantiza que quien no quiera rezar, no se quede mirando la pared.
CONCORDATOS, FONDOS DE INVERSIÓN Y EDUCACIÓN COMO BOTÍN
La clave no está solo en la presencia de la Iglesia. Está también en su alianza estratégica con el capital. El adoctrinamiento religioso en las escuelas es solo una pata de un modelo educativo privatizado y colonizado ideológicamente por los mismos actores que rezan y facturan. Las grandes organizaciones católicas —desde el Opus Dei hasta los Legionarios de Cristo, pasando por la Asociación Católica de Propagandistas— no solo imparten doctrina: poseen redes enteras de colegios concertados y universidades privadas que operan como corporaciones. Algunas de ellas, como la Universidad San Pablo CEU, facturan más que muchas empresas tecnológicas.
Y lo hacen con fondos públicos.
Conciertos educativos firmados a largo plazo, con cláusulas blindadas, con subsidios por cada alumno y sin inspección rigurosa del contenido que se imparte. Todo esto mientras se perpetúan discursos contrarios a los derechos sexuales y reproductivos, al feminismo, a la diversidad LGTBI y a la memoria democrática. ¿Quién vigila si en esas aulas se niega el cambio climático o se presenta el aborto como un asesinato? Nadie. Porque en nombre de la «libertad de elección», se ha creado un sistema donde el Estado paga y calla.
La paradoja es grotesca: el neoliberalismo predica la competencia, pero a la Iglesia no se le exige competir. Se le subvenciona. Se le premia. Se le protege. Y cuando alguien lo cuestiona, se agita la bandera de la libertad religiosa, como si cuestionar la financiación del dogma fuera atacar la fe. No lo es. Es exigir que la fe no tenga privilegios sobre la razón.
Mientras tanto, en la misma escuela pública donde se enseña ciencia por la mañana, se predica el Génesis por la tarde. ¿A qué jugamos? ¿A formar ciudadanía crítica o a perpetuar súbditos obedientes?
¿Qué libertad de conciencia puede tener una niña de siete años que no sabe aún qué significa ‘pecado’ pero ya se le habla del infierno? ¿Qué neutralidad puede haber cuando se usa el aula para convertir la duda en culpa, y la autonomía en sumisión?
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir