Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Otra vez el poder político jugando con las instituciones como si fueran su cortijo privado.
La historia tiene algo obsceno. No solo por la filtración de datos personales del novio de Isabel Díaz Ayuso. También por la imagen que deja una vez más: instituciones públicas convertidas en campos de batalla partidista, organismos funcionando con agujeros enormes de seguridad y responsables políticos incapaces de asumir nada mientras la ciudadanía contempla el espectáculo desde fuera. Como siempre. Pagando la fiesta.
La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha sancionado al Ayuntamiento de Madrid por la “revelación, transmisión y difusión” de información sensible relacionada con Alberto González Amador, pareja de la presidenta madrileña. Los datos acabaron publicados en medios de comunicación y procedían de expedientes urbanísticos abiertos en 2022 por las obras realizadas en el piso de Chamberí donde convive con Ayuso.
No hablamos de una filtración menor. Según la resolución, entre los datos difundidos figuraban el nombre completo, DNI, dirección postal, teléfono, correo electrónico personal y detalles internos del inmueble: distribución, entradas y salidas, superficie y presupuesto de la reforma. Información privada. Información sensible. Información que solo manejaba el Ayuntamiento.
Y aun así, nadie parece escandalizarse demasiado ya. Porque España lleva años acostumbrándose a que las instituciones fallen siempre hacia el mismo lado.
UN AYUNTAMIENTO QUE FILTRA Y UNA ADMINISTRACIÓN QUE SE AUTOABSUELVE
El origen del conflicto se remonta a julio de 2022, cuando González Amador compró el inmueble por 850.000 euros. Pagó 350.000 euros de entrada y financió el resto mediante una hipoteca de 500.000 euros. Poco después comenzaron unas reformas que provocaron problemas vecinales, vertidos de aguas fecales al restaurante del bajo, ocupación de vía pública y derribos internos.
En mayo de 2024 trascendió que el Ayuntamiento analizaba la legalidad de las obras. Un mes después, González Amador denunció al consistorio ante la AEPD. Ayuso respaldó públicamente la ofensiva asegurando que “un ciudadano tiene derecho a defenderse si una institución revela datos personales”.
Curioso concepto de ciudadanía selectiva. Porque cuando las filtraciones afectan a determinadas personas, el aparato político-mediático habla de derechos fundamentales. Cuando afectan a activistas, sindicalistas, manifestantes o personas migrantes, el discurso cambia rápidamente y aparece la palabra “seguridad”.
La investigación de la Agencia detectó hasta doce noticias publicadas con información procedente de dos aplicaciones municipales distintas. Una era de acceso público para consultar expedientes urbanísticos. La otra estaba reservada a personal autorizado del Ayuntamiento.
El problema no era pequeño. Era estructural.
La propia resolución describe cómo el Ayuntamiento trató de esquivar responsabilidades alegando que no existía una “brecha de seguridad” porque no tenían constancia de accesos ilegítimos. Una defensa burocrática bastante miserable: si el agua entra por todas partes pero nadie vio romperse la tubería, entonces la casa no se inunda. Ese nivel.
Mientras tanto, las medidas adoptadas fueron improvisadas y tardías: desconectar temporalmente la aplicación pública, anonimizar parcialmente datos sensibles y bloquear el acceso a la persona que había consultado repetidamente la base interna.
La AEPD acabó concluyendo que el Ayuntamiento había vulnerado hasta tres artículos del Reglamento General de Protección de Datos. Pero aquí llega otra de esas maravillas del sistema español: cuando quien incumple es una administración pública, la sanción queda prácticamente en un apercibimiento. Nada de multas millonarias. Nada de responsabilidades políticas reales. Solo recomendaciones y plazos.
Porque el poder rara vez se castiga a sí mismo.
EL PISO, EL ÁTICO Y LA IMPUNIDAD COMO PAISAJE
Hay otro detalle demoledor. La sanción de la AEPD fue dictada el 19 de noviembre de 2025, apenas un día antes de hacerse pública la sentencia del Tribunal Supremo contra el ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz por revelación de secretos en otra causa relacionada precisamente con González Amador y su fraude fiscal.
El empresario sigue acusado de dos delitos de fraude fiscal por 350.951 euros y otro de falsificación documental. La Fiscalía solicita para él tres años y nueve meses de cárcel.
Pero la maquinaria mediática lleva meses funcionando a pleno rendimiento para convertirle poco menos que en víctima institucional.
Mientras tanto, la pareja Ayuso-Amador continúa disfrutando no solo del piso reformado, sino también del ático de lujo del mismo edificio, adquirido por 950.000 euros a través de la sociedad Babia Capital SL. Según declaró el propio González Amador, pagaba 5.000 euros mensuales por el alquiler con opción a compra hasta ejecutar finalmente la operación.
Todo dentro de la normalidad madrileña. Esa donde los escándalos inmobiliarios conviven perfectamente con discursos sobre “libertad”, “mérito” y “esfuerzo”.
La resolución de la Agencia deja además una frase importante. Recuerda que el acceso a información urbanística debe respetar el principio de transparencia, sí, pero que esa transparencia “no es ilimitada” y debe armonizarse con el derecho fundamental a la protección de datos personales. Porque publicar indiscriminadamente cualquier información privada no es fiscalización democrática. Es otra cosa.
El problema es que en Madrid hace tiempo que las instituciones parecen funcionar bajo una lógica distinta. Una donde los organismos públicos se cruzan filtraciones, guerras internas y operaciones políticas mientras los servicios básicos se deterioran y las responsabilidades desaparecen bajo capas infinitas de propaganda.
Y otra vez aparece la misma sensación incómoda: en España las leyes parecen mucho más duras para quien protesta que para quien tiene áticos, sociedades y teléfonos directos al poder.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir