Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Más de 12.300 niños han perdido la vida en solo 120 días debido a la operación militar en Gaza
En un mundo donde la infancia debería ser sinónimo de inocencia y juegos, la realidad para muchos niños en la Franja de Gaza es un cruel contraste marcado por el horror y la muerte. Philippe Lazzarini, al frente de la UNRWA, organismo de la ONU dedicado a los refugiados palestinos, ha sacado a la luz una estadística escalofriante: en apenas cuatro meses, las fuerzas israelíes han segado más vidas infantiles en Gaza que todas las guerras en el mundo en los últimos cuatro años. Esta aterradora revelación no solo desafía nuestra percepción de la humanidad, sino que subraya una verdad incómoda sobre la desigualdad y la brutalidad en conflictos armados.
Las cifras hablan por sí solas, y su lenguaje es el de una tragedia incomprensible. Más de 12.300 niños han perdido la vida en solo 120 días debido a la operación militar en Gaza, superando los 12.193 fallecidos en conflictos globales desde 2019. Sin embargo, la magnitud de la tragedia se amplía con el paso del tiempo, revelando un escenario aún más desolador: más de 31.200 palestinos han sido asesinados, con mujeres y niños constituyendo el 72% de las víctimas. La muerte de más de 13.500 niños es un testimonio mudo de una atrocidad inadmisible, nos recuerda la urgencia de enfrentar esta realidad con los ojos abiertos.
UN BLOQUEO CONTRA LA VIDA
El cerco impuesto por el gobierno ultra de Netanyahu no solo perpetúa el conflicto, sino que además ahoga cualquier intento por aliviar el sufrimiento de los habitantes de Gaza. La retención de un camión de ayuda humanitaria por portar tijeras médicas es solo un ejemplo del absurdo y cruel bloqueo que clasifica necesidades básicas como amenazas. Prohibir artículos esenciales para la supervivencia es una táctica de guerra contra la inocencia, subraya la inhumanidad de las restricciones impuestas.
La ONU y sus agencias enfrentan obstáculos insuperables para llevar alivio a los afectados, con la reducción drástica en el envío de ayuda humanitaria. De más de 500 camiones diarios a una cifra que apenas supera los cien, el bloqueo se cierne como una sentencia de muerte para muchos, especialmente para los niños, víctimas de hambruna y deshidratación.
Ante esta situación desesperada, iniciativas como la del Open Arms, que busca romper el bloqueo marítimo con envíos de alimentos y ayuda, representan un rayo de esperanza. Sin embargo, la incertidumbre sobre su éxito frente a las políticas israelíes recuerda episodios pasados de violencia y represión contra esfuerzos similares. Desafiar el bloqueo es desafiar a la injusticia misma, simbolizando una lucha mayor por la humanidad y la dignidad.
UN LLAMADO A LA CONCIENCIA MUNDIAL
Este escenario no es solo un reflejo de la situación en Gaza, sino un espejo de nuestras propias fallas como comunidad internacional. La desproporcionada pérdida de vidas infantiles en este conflicto, la obstrucción de la ayuda humanitaria, y la persistente deshumanización de un pueblo entero bajo el pretexto de seguridad nacional son indicativos de una crisis moral profunda.
El silencio y la inacción frente a esta barbarie son cómplices de la misma, y nos desafían a reflexionar sobre el valor que le asignamos a la vida humana. La denuncia de Philippe Lazzarini es un recordatorio doloroso de que la guerra contra los niños de Gaza es una guerra contra el futuro mismo, una que debemos rechazar con todas nuestras fuerzas.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir